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José Estero Navarro, Eloy Sánchez Martínez y Agustín Delgado Sánchez murieron en abril de 1941 en la Prisión Central de Valdenoceda, en Burgos. Los tres estaban vinculados a Socuéllamos y, más de siete décadas después, sus restos pudieron ser identificados gracias al trabajo de las familias, voluntarios, investigadores y pruebas de ADN.

Hay historias que permanecen durante décadas reducidas a un nombre escrito en un registro. Una fecha. Un lugar de nacimiento. Una anotación de defunción.

La de José Estero Navarro, Eloy Sánchez Martínez y Agustín Delgado Sánchez fue durante muchos años una de ellas.

Los tres estaban vinculados a Socuéllamos. Los tres acabaron presos a cientos de kilómetros de sus hogares, en la Prisión Central de Valdenoceda, en el norte de Burgos. Y los tres murieron allí en un intervalo de apenas ocho días durante la primavera de 1941.

José murió el 5 de abril. Eloy, el 8 de abril. Agustín, el 13 de abril.

Ochenta y cinco años después, sus nombres permiten reconstruir un pequeño fragmento de la historia de Socuéllamos y de uno de los episodios más duros del sistema penitenciario español de la primera posguerra.

Valdenoceda

Valdenoceda es una pequeña localidad burgalesa situada en la Merindad de Valdivielso. Allí, en el edificio de una antigua fábrica, funcionó entre 1938 y 1943 la Prisión Central de Valdenoceda.

La Asociación de Familias de Represaliados en Valdenoceda ha documentado 154 fallecimientos vinculados al lugar, 153 de ellos correspondientes a personas cuya defunción figura en el registro como ocurrida en la Prisión Central y un caso anterior a la apertura del penal.

Las condiciones de vida fueron extremadamente duras. El hambre, el frío, el hacinamiento y las enfermedades acompañaron la vida cotidiana de los presos. La Asociación explica que en numerosos certificados de defunción aparece como causa la denominada “colitis epidémica”, detrás de la cual sitúa los efectos del hambre y del frío sobre unos organismos profundamente debilitados.

Muchos de aquellos hombres fueron enterrados junto al cementerio de Valdenoceda.

Y allí permanecieron durante décadas.

José Estero Navarro

José Estero Navarro había nacido en Villanueva de la Fuente, en la provincia de Ciudad Real, pero era vecino de Socuéllamos.

La documentación recopilada por la Fundación Pablo Iglesias permite conocer algo más de su vida anterior a Valdenoceda. Era jornalero, perteneció a UGT y estuvo afiliado a la Agrupación Socialista de Socuéllamos desde 1931. También ejerció como conserje de la Casa del Pueblo.

Terminada la Guerra Civil fue detenido y encarcelado. Un Consejo de Guerra celebrado en mayo de 1940 lo condenó inicialmente a muerte. Posteriormente, aquella pena fue conmutada por treinta años de reclusión.

En noviembre de 1940 fue trasladado a Valdenoceda.

No llegó a cumplir cinco meses en aquella prisión.

José Estero Navarro murió el 5 de abril de 1941.

Estaba casado. Después de su muerte, su mujer y sus hijos terminaron trasladándose a Cataluña.

Décadas más tarde, la búsqueda de sus descendientes permitió localizar a dos de sus hijos. Las muestras genéticas aportadas por la familia hicieron posible comparar su ADN con el de los restos recuperados en Valdenoceda.

La identificación fue positiva.

José Estero había recuperado su nombre.

Eloy Sánchez Martínez

Tres días después de José murió otro vecino de Socuéllamos.

Eloy Sánchez Martínez era natural de Masegoso, Albacete, pero había establecido su vida en Socuéllamos.

Estaba casado con Teodora Fernández y tenía seis hijos, dos varones y cuatro mujeres.

Después de la guerra fue detenido, juzgado y condenado. Finalmente fue trasladado a Valdenoceda.

Murió el 8 de abril de 1941.

Durante décadas sus restos permanecieron allí.

Su identificación constituye uno de los ejemplos de la enorme dificultad que tuvo la búsqueda de las familias tantos años después. Se consiguió localizar el rastro de uno de sus nietos, ya fallecido, y a partir de él se llegó hasta su hija y hasta una hermana del profesor, también nieta de Eloy.

Pero todavía quedaba un problema: era necesario encontrar un familiar adecuado para realizar la comparación genética.

El camino terminó conduciendo hasta Francia.

Allí vivían descendientes de uno de los hijos varones de Eloy, que se había exiliado al país vecino. Una muestra de saliva permitió obtener el ADN necesario.

En 2016 llegó la confirmación.

Los restos pertenecían a Eloy Sánchez Martínez.

El 16 de abril de 2016, 75 años después de su muerte, estaba prevista la recogida de sus restos en Valdenoceda por su nieta Isabel.

Isabel, nieta de Eloy

Agustín Delgado Sánchez

El tercero de los protagonistas de esta historia tiene una vinculación todavía más directa con la localidad.

Agustín Delgado Sánchez, agricultor, era natural y vecino de Socuéllamos.

También estaba casado.

Su nombre aparece en los registros de fallecidos de Valdenoceda con fecha del 13 de abril de 1941.

Habían pasado ocho días desde la muerte de José Estero y cinco desde la de Eloy Sánchez.

También en su caso hubo que esperar más de siete décadas.

La búsqueda de sus descendientes permitió localizar a un nieto, Juan, y posteriormente a otros familiares residentes en Cataluña que podían contribuir al proceso de identificación.

Las pruebas dieron resultado.

El 19 de enero de 2015 se confirmó plenamente la identidad de los restos de Agustín Delgado Sánchez.

El 18 de abril de aquel mismo año, en el homenaje celebrado en Valdenoceda, sus restos fueron entregados a sus descendientes y enterrado en el cementerio de Socuéllamos, junto a su hija, que tanto había llorado junto a su madre de la falta de Agustín.

Habían transcurrido casi exactamente 74 años desde su muerte.

Juan recoge a su abuelo en 2014, dejando sus restos descansar junto a los de su madre en Socuéllamos

Una fosa abierta en 2007

La recuperación de estas historias fue posible gracias a un largo proceso que había comenzado mucho antes.

Familiares de presos fallecidos en Valdenoceda comenzaron a organizarse y a buscar documentación sobre lo ocurrido. De aquellos primeros esfuerzos surgiría la actual Asociación de Familias de Represaliados en Valdenoceda.

Los registros civiles permitieron poner nombres y procedencias a los fallecidos.

Después comenzó otra tarea todavía más complicada: encontrar a sus familias.

En 2007 se realizó una exhumación parcial en los terrenos situados junto al cementerio. La Asociación cifra actualmente en 114 los restos recuperados en aquella intervención, mientras que otros enterramientos no pudieron ser exhumados debido, entre otras circunstancias, a la existencia de sepulturas posteriores sobre parte del terreno.

A partir de ahí comenzó un enorme trabajo de identificación.

Había que localizar descendientes por toda España e incluso fuera del país, reconstruir árboles familiares, obtener muestras de ADN y compararlas con los restos recuperados.

Cada coincidencia genética permitía devolver una identidad a unos restos que habían permanecido anónimos durante décadas.

Entre aquellas identificaciones estuvieron las de Agustín Delgado Sánchez, José Estero Navarro y Eloy Sánchez Martínez.

Ocho días de abril de 1941

Quizá uno de los datos que mejor permite comprender esta historia se encuentre simplemente en el calendario.

5 de abril de 1941: José Estero Navarro.

8 de abril de 1941: Eloy Sánchez Martínez.

13 de abril de 1941: Agustín Delgado Sánchez.

Tres hombres relacionados con un mismo pueblo manchego murieron, lejos de sus familias, en el mismo penal burgalés en apenas ocho días.

Sus nombres permanecieron después durante décadas ligados a Valdenoceda.

Hasta que comenzó el camino inverso.

Primero aparecieron los documentos. Después las familias. Llegaron las muestras de saliva, los análisis genéticos y, finalmente, las identificaciones.

En el caso de Agustín, los restos fueron entregados a sus descendientes en 2015. En el de Eloy, su identificación permitió que su familia acudiera a recogerlos en 2016. José también fue identificado; debido a la avanzada edad de sus hijos, que no podían desplazarse hasta Burgos, la familia dispuso que sus restos quedaran depositados en el panteón construido por la Asociación en el cementerio de Valdenoceda.

Por ello, conviene evitar una afirmación que, aunque resulte atractiva desde el punto de vista narrativo, no sería exacta: los tres no regresaron físicamente a Socuéllamos.

Lo verdaderamente documentado es quizá más importante.

Después de más de setenta años, los tres dejaron de ser únicamente tres nombres en una relación de fallecidos.

José Estero Navarro.

Eloy Sánchez Martínez.

Agustín Delgado Sánchez.

Tres vidas diferentes unidas por Socuéllamos, por Valdenoceda y por ocho días de abril de 1941.

Y tres identidades que, muchas décadas después, pudieron finalmente ser recuperadas.

Fuentes: Asociación de Familias de Represaliados en Valdenoceda; registros y relación de fallecidos e identificados recopilados por la Asociación; Fundación Pablo Iglesias; documentación y notas sobre las entregas de restos de 2015 y 2016.