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El extremeño ha protagonizado en poco más de un mes tres episodios relacionados con el perdón de un toro en Castilla-La Mancha: consiguió el polémico indulto de ‘Hervidor’ en Socuéllamos, días después el público volvió a pedirlo en Villarrobledo y este lunes logró salvar a ‘Mimoso’, de Alcurrucén, en Piedrabuena

Antonio Ferrera parece haber convertido el indulto en uno de los argumentos de su temporada manchega. En apenas cinco semanas, el nombre del torero extremeño ha quedado ligado en tres ocasiones a la petición de perdonar la vida de un toro en plazas de Castilla-La Mancha. Y todo comenzó en Socuéllamos.

El pasado 11 de agosto, durante la corrida de Feria y coincidiendo con el 40 aniversario de la plaza Lorenzo Manuel Villalta, Ferrera se encontró con Hervidor, número 36 de la ganadería de Buenavista. El toro mostró recorrido, codicia y transmisión y la faena fue creciendo hasta que una buena parte del público comenzó a pedir el indulto.

Ahí empezó una situación que acabaría trascendiendo lo puramente artístico.

El palco no parecía dispuesto inicialmente a concederlo. Ferrera prolongó la faena —llegó incluso a recibir un aviso— mientras la petición aumentaba desde los tendidos. Finalmente apareció el pañuelo naranja y Hervidor regresó vivo a los corrales. Ferrera paseó las dos orejas y el rabo simbólicos. Fuentes: Socuéllamos Al Día, Aplausos y Lanza.

Una plaza de tercera y un problema reglamentario

Pero lo sucedido tenía una particularidad decisiva: Socuéllamos es una plaza de tercera categoría.

Y ahí se encuentra el origen de buena parte de la polémica.

Castilla-La Mancha continúa aplicando para estos espectáculos la normativa estatal recogida fundamentalmente en la Ley 10/1991 y en el Reglamento de Espectáculos Taurinos aprobado por el Real Decreto 145/1996, según recoge la propia Junta de Comunidades.

El artículo 83 del Reglamento establece el supuesto del indulto para las plazas de primera y segunda categoría. Para concederlo, además del excepcional comportamiento del animal durante todas las fases de la lidia, deben concurrir la petición mayoritaria del público, la solicitud expresa del torero y la conformidad del ganadero o mayoral.

La tercera categoría no aparece incluida en ese artículo.

Por tanto, la discusión de Socuéllamos no consistía únicamente en determinar si Hervidor había sido suficientemente bravo para merecer el indulto. Había una cuestión anterior: si reglamentariamente podía concederse ese indulto en aquella plaza.

Y quien tuvo que tomar la decisión estaba arriba, en el palco.

La presidenta, entre el reglamento, Ferrera y la presión del público

La presidenta del festejo fue Salomé Carrión, concejala de Cultura y Festejos del Ayuntamiento de Socuéllamos.

Posteriormente explicó en una entrevista concedida a Socuéllamos Al Día hasta qué punto la situación llegó a complicarse. Carrión aseguró que aquel había sido «uno de los momentos más difíciles» que había vivido debido a la presión existente en la plaza.

Según su relato, terminó mostrando el pañuelo naranja siguiendo el criterio de sus asesores, los veterinarios y el delegado gubernativo ante el riesgo de que la situación derivara en un problema de orden público.

Pero dejó otra reflexión especialmente significativa: reconoció que desde el ruedo hubo actuaciones que no ayudaron a rebajar la tensión y que alentaron la continuidad de las protestas del público.

Es decir, la presidenta terminó atrapada entre tres elementos: la presión creciente de los tendidos, la situación generada desde el ruedo y un reglamento cuyo artículo dedicado al indulto contempla expresamente las plazas de primera y segunda categoría, pero no las de tercera. Fuente: entrevista de Socuéllamos Al Día a Salomé Carrión.

El indulto que no pudo salvar al toro

La paradoja llegó después.

Hervidor había abandonado vivo el ruedo. Había recibido el pañuelo naranja. Ferrera había paseado los máximos trofeos simbólicos y el público había celebrado que el toro regresara a los corrales.

Pero Hervidor no regresó a la finca de Buenavista.

Fue sacrificado posteriormente.

La propia presidenta confirmó que el animal tuvo que ser sacrificado en los corrales y defendió que debía cumplir la legislación independientemente de los deseos que pudieran existir por parte del ganadero o de otras personas.

Aquello convirtió el indulto en una enorme contradicción: se había producido toda la liturgia destinada precisamente a salvar al toro y conservarlo como semental, pero finalmente el animal murió.

El propio Reglamento explica cuál es la finalidad del indulto: permitir la utilización del ejemplar como semental y preservar las cualidades de raza y casta de las reses.

El caso de Hervidor terminó así alimentando el debate sobre los indultos en las plazas menores y sobre la responsabilidad que se deposita sobre quien ocupa el palco cuando una petición masiva convierte una decisión reglamentaria en un problema de enorme presión ambiental.

Seis días después, otra vez: Villarrobledo

Lo llamativo es que apenas seis días después, el 17 de agosto, Antonio Ferrera volvió a encontrarse en una situación muy parecida.

Fue en Villarrobledo.

Se lidiaba una corrida de Peñajara con Antonio Ferrera, Manuel Escribano y Javier Cortés. Ferrera cortó una oreja a su primero y se encontró después con un cuarto toro que hizo crecer nuevamente la temperatura de la plaza.

Y otra vez apareció la palabra indulto.

Las crónicas del festejo recogen expresamente que al cuarto toro se le pidió el indulto. En esta ocasión no hubo pañuelo naranja. Ferrera terminó matando al animal, cortó las dos orejas y hubo incluso petición de rabo. Fuente: El Estoconazo y Tendido Digital.

Socuéllamos había sucedido el día 11.

Villarrobledo, el 17.

Dos plazas manchegas y dos peticiones de indulto en toros lidiados por Antonio Ferrera en menos de una semana.

Pero con dos finales muy diferentes.

Y ahora, Piedrabuena

La historia ha vuelto a repetirse.

Este 15 de septiembre, poco más de un mes después de lo ocurrido en Socuéllamos, Antonio Ferrera ha vuelto a conseguir un indulto en Castilla-La Mancha.

Ha sucedido en Piedrabuena, durante una corrida de Alcurrucén en la que compartía cartel con Diego Ventura y Sebastián Castella.

El quinto toro, ‘Mimoso’, fue indultado después de la faena de Ferrera. El extremeño obtuvo las dos orejas y el rabo simbólicos y terminó saliendo a hombros junto a Ventura y Castella. La plaza registró casi lleno. Fuentes: Aplausos, Tendido Digital y La Tierra del Toro.

De esta manera se completa una llamativa secuencia:

11 de agosto. Socuéllamos. Ferrera consigue el indulto de Hervidor, de Buenavista, después de una fuerte petición del público y de una situación de enorme presión sobre la presidencia. El toro termina siendo sacrificado.

17 de agosto. Villarrobledo. Se solicita nuevamente el indulto para el cuarto toro de Peñajara lidiado por Ferrera. Esta vez no se concede. El extremeño lo estoquea y obtiene las dos orejas.

15 de septiembre. Piedrabuena. Ferrera vuelve a conseguir el pañuelo naranja. Mimoso, de Alcurrucén, es indultado y el torero obtiene los máximos trofeos simbólicos.

¿Se está abusando del indulto?

La sucesión vuelve a colocar sobre la mesa un viejo debate del mundo taurino: qué debe significar realmente un indulto y hasta qué punto debe convertirse en objetivo de una faena.

Porque el indulto no nació como un premio al torero. Ni siquiera como un simple reconocimiento al toro.

Su finalidad reglamentaria es ganadera.

El Reglamento habla de un animal cuyo trapío y comportamiento hayan sido excelentes durante todas las fases de la lidia, sin excepción, y vincula expresamente su perdón a su utilización como semental y a la preservación de la raza y la casta.

Precisamente por eso el caso de Socuéllamos resulta especialmente significativo.

Puede discutirse —y así lo hicieron aficionados y profesionales— si Hervidor reunía cualidades extraordinarias. De hecho, posteriormente fue elegido mejor toro de la corrida por el jurado de los Premios Taurinos de Socuéllamos y Ferrera fue designado triunfador del festejo.

Pero el problema reglamentario era otro.

La plaza era de tercera.

El palco inicialmente se resistió.

La presión del público aumentó.

La presidenta terminó concediendo el indulto siguiendo el consejo de quienes la asesoraban ante la situación creada.

Y el toro, finalmente, tuvo que ser sacrificado.

El pañuelo naranja y la responsabilidad del palco

Lo sucedido en Socuéllamos demuestra además algo que a veces queda oculto detrás del triunfo: el indulto no lo concede el torero ni el público. Lo concede la presidencia.

El público puede pedirlo. El matador puede solicitarlo. El ganadero puede mostrar su conformidad.

Pero la decisión final pertenece al palco.

Por eso la actuación del torero también adquiere importancia. Cuando un matador prolonga la faena ante un toro excepcional mientras una plaza pide el indulto, la presión sobre la presidencia aumenta con cada muletazo.

Y eso fue precisamente lo que convirtió aquellos minutos del 11 de agosto en Socuéllamos en algo mucho más complejo que una gran faena.

Salomé Carrión terminó teniendo que decidir, en cuestión de minutos y ante miles de personas, entre la literalidad de un reglamento que reserva el supuesto ordinario del indulto a las plazas de primera y segunda categoría y una plaza que reclamaba insistentemente que Hervidor regresara vivo a los corrales.

El pañuelo naranja apareció.

Pero Hervidor no volvió al campo.

Cinco semanas después, Ferrera ha vuelto a levantar la mirada hacia un palco manchego esperando ese mismo pañuelo.

Esta vez ha sido en Piedrabuena.

Y Mimoso, el quinto de Alcurrucén, vuelve a colocar el indulto en el centro del debate taurino.