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El socuellamino Cástor Zarco García será beatificado el próximo sábado 28 de noviembre en la Catedral de Santa María la Real de la Almudena de Madrid, dentro de la causa de Ignacio Aláez Vaquero y compañeros seminaristas, según recoge la web oficial de la Causa de los Mártires de la Archidiócesis de Madrid.

Cástor Zarco García nació en Socuéllamos el 20 de febrero de 1913, en el seno de una familia humilde de jornaleros formada por Timoteo y Carmen. Fue el segundo de los hijos del matrimonio y desde muy joven mostró una clara inclinación hacia la vida religiosa.

Según la biografía publicada por la Causa de los Mártires de la Archidiócesis de Madrid, fue bautizado en la parroquia de Socuéllamos y recibió una profunda formación cristiana en su familia. Su padre, Timoteo, y su maestro, don Pedro José del Amo, pertenecían a la Adoración Nocturna, un ambiente que influyó de manera decisiva en su vocación.

Don Pedro José del Amo preparó a Cástor para su ingreso en el Seminario, tanto en lo espiritual como en lo material, ayudándole a conseguir una beca de media pensión y una benefactora que cubriera el resto de los gastos.

Su expediente se conserva en el Seminario Conciliar de Madrid, donde cursó desde segundo de Latín hasta cuarto de Teología. Durante sus años de formación destacó como un alumno brillante, obteniendo varios premios extraordinarios, entre ellos uno por el estudio del latín y otro por Teología Dogmática.

El 6 de junio de 1936 recibió el subdiaconado en la capilla del Palacio Episcopal. Tenía entonces 23 años y su formación sacerdotal quedó truncada por la Guerra Civil.

La web de la Causa de los Mártires recoge también parte de la correspondencia que Cástor mantuvo con sus padres, en la que relataba el ambiente de tensión que se vivía en Madrid durante aquellos años. En una de sus cartas, escrita en 1934, describía cómo los seminaristas observaban desde las ventanas los enfrentamientos y barricadas en el entorno del Seminario.

Tras el estallido de la Guerra Civil, Cástor regresó a Socuéllamos, donde su condición de seminarista era conocida. Sus padres, temiendo por su vida, lo enviaron a Villaescusa de Haro, en Cuenca, escondido en un carro y acogido por un conocido de la familia.

Sin embargo, en 1937 tuvo que incorporarse a filas, al pertenecer al reemplazo de 1934. Fue destinado a la brigada móvil de choque “El Campesino”, en Madrid, y posteriormente estuvo en un cuartel de Alcalá de Henares.

Según consta en su biografía, durante este periodo continuó escribiendo a sus padres y dejó frases que reflejan su fe y esperanza. En una de ellas afirmaba: “Muchachos, confianza en Dios. Él sobre todo; y cada cual quedará en su puesto, si no en esta vida, en la otra. La esperanza y el optimismo son cristianos”.

Después, las cartas dejaron de llegar. El acta de defunción, inscrita el 6 de septiembre de 1941 en Alcázar de San Juan, certifica que Cástor Zarco García murió en Alcalá de Henares el 18 de septiembre de 1937, a los 23 años.

Sus restos fueron enterrados en una fosa común y posteriormente trasladados a la Basílica de la Santa Cruz del Valle de los Caídos, sin individualizar, según recoge la Causa de los Mártires.

La fama de martirio de Cástor Zarco García se mantuvo viva desde el primer momento entre sus paisanos. La propia biografía destaca que, al conocerse su muerte, en Socuéllamos fue tenido como mártir y se conservaron sus pertenencias. También recoge una frase de su madre durante un homenaje tributado en el pueblo: “El consuelo que tengo es que lo perdí por bueno”.

La beatificación de Cástor Zarco García supondrá un momento de especial significado para Socuéllamos, al reconocer la figura de un joven seminarista nacido en la localidad, cuya vida quedó marcada por la fe, la formación religiosa y el contexto histórico de la Guerra Civil.

Fuente: Causa de los Mártires de la Archidiócesis de Madrid.