Hoy, 18 de abril de 1936 nació un genio; José Lara Moreno. Quienes tuvimos de alguna la oportunidad de tratarlo, saben de lo que hablo. Cualquier adjetivo puede quedarse corto para definir a Josete, como le conocían sus más allegados, tanto en lo humano como en lo artístico.

José como hombre era la bondad personificada, amaba a su familia por encima de todas las cosas, quería su trabajo de pintor y estaba muy orgulloso de los trabajos realizados a lo largo de su vida. Y como artista, cuya inquietud le vino ya mayor, nos regalos obras genuinas y muy interesantes: el libro de los apodos; Socuéllamos, sus últimos gañanes; Socuéllamos, sus dichos y hechos; Memorias de un niño de la guerra; Palabrero socuellamino en un lugar de la Mancha.

La infancia de nuestro protagonista no fue nada fácil. Perdió a su padre cuando apenas contaba un años, víctima de una guerra fratricida y vivió esos años de posguerra de extrema dureza, criándose con sus abuelos mientras que su madre, Concha tuvo que ganarse la vida para poder sacar a él y su hermano Matías, que no conoció a su padre adelante. Pese a ello, y gracias al esfuerzo de su familia tuvo la oportunidad de ir a la escuela.

Pronto tuvo que trabajar, la necesidad acuciaba y era imperioso ganarse el sustento y así aportar en casa lo necesario para poder sobrevivir. Y así es como José comenzó a trabajar en un ofició al que amó: pintor. Él me contó lo orgulloso que estaba de haber podido trabajar a familias de todo tipo, desde la Casa Real hasta la casa más humilde, ganándose los elogios y la admiración de sus clientes.

JOSÉ LARA Y SU FACETA DE ESCRITOR

Yo tuve la suerte de disfrutar de su faceta de escritor, tanto en su obra publicada como en sus escritos en Socuéllamos 30 días. Josete nos acercó con su creación literaria la sociedad socuellamina. Con su libro de los apodos, donde fue recopilando casa por casa y ponerlos en contexto y así pudimos conocer el origen y el porqué de ellos. Con el de los Gañanes, nos trajo a personas trabajadoras que día a día trabajó la dureza del campo y a la vez bonita labor, donde la mula era la protagonista de las eternas horas que sus gañanes les dedicaba. Con sus Memorias, nos relató su yo más íntimo, más personal y con el de los Refranes nos regaló la excelente labor de recuperar muchos dichos que por el paso del tiempo corrían el riesgo de extinguirse.

José Lara nos dejó el 23 de enero de 2019, pero solo la parte física, porque su alma siempre estará con nosotros. Su legado, tanto vital como artístico será eterna. Gracias por todo, Josete.

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