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El XI Patio del Vino reunirá los días 28, 29 y 30 de agosto el mayor número de bodegas de su historia, una fotografía excepcional de la evolución del sector vitivinícola socuellamino

Hablar de Socuéllamos es hablar de vino. De viñas que han pasado de abuelos a nietos, de familias enteras que han vivido mirando al cielo y a la tierra, de cooperativas que cambiaron para siempre la forma de elaborar y comercializar las cosechas y, más recientemente, de una nueva generación de jóvenes viticultores y elaboradores que ha decidido volver a mirar a las cepas viejas para construir proyectos propios.

Toda esa historia estará concentrada durante tres noches en el Museo Torre del Vino. El XI Patio del Vino, que se celebrará los días 28, 29 y 30 de agosto, llegará en 2026 con un dato que habla por sí solo: 17 bodegas y firmas vitivinícolas participantes, la cifra más alta alcanzada hasta ahora por este encuentro.

El récord supera además el establecido apenas un año antes. En 2025, coincidiendo con el décimo aniversario del Patio del Vino, participaron 15 bodegas, una cantidad que ya fue presentada entonces como histórica. La evolución ha sido notable: desde las nueve bodegas de ediciones anteriores se pasó a 13, después a 14, a 15 en 2025 y ahora a 17 participantes en 2026.

Alvisa, Bodegas Bastida, Bodegas Cautela, Bodegas Crisve, Bodega Delgado Collado, Bodegas Explotaciones Hermanos Delgado, Bodega EntreLindes, Bodega Finca El Refugio, Bodegas Inn Wine, Bodegas Jiménez, Bodegas Juan Pablo II, Bodegas Loreto, Bodega Los Ángeles, Bodega Tinedo, Vinos Indar, Vinos y Bodegas y Vin d’Álvarez forman el cartel de una edición que probablemente permita contemplar mejor que nunca la enorme diversidad del vino de Socuéllamos.

Gonzalo y Roberto Álvarez, CEO de Vin D’Alvarez

Porque detrás de esos 17 nombres hay casi dos siglos de historia, grandes cooperativas, bodegas familiares, pequeñas producciones artesanales, vinos ecológicos, proyectos de autor, viñas centenarias, variedades recuperadas, empresas con presencia internacional y jóvenes bodegueros que apenas han comenzado su camino.

El crecimiento del Patio del Vino ha sido especialmente visible durante los últimos años. En la edición de 2024 participaron 14 bodegas, mientras que el X Patio del Vino de 2025 elevó la participación hasta 15, entonces la totalidad de las bodegas que podían tomar parte en el evento.

Doce meses después, el listón vuelve a subir.

La incorporación de nuevos proyectos vitivinícolas permite alcanzar ahora las 17 firmas, convirtiendo la undécima edición en la más numerosa de la historia del Patio del Vino.

La cifra cobra todavía más importancia si se observa lo que está ocurriendo en el sector local. Mientras muchas localidades han visto desaparecer bodegas familiares durante las últimas décadas, Socuéllamos está asistiendo también al nacimiento de pequeños proyectos que vuelven a elaborar vino con uvas propias y recuperan una forma de entender el viñedo que parecía condenada a desaparecer.

El resultado podrá verse en el Patio: junto a empresas con décadas de historia aparecerán bodegas que nacieron hace apenas dos o tres años.

180 años separan a la más antigua de las más jóvenes

El mejor ejemplo de esa convivencia entre historia y renovación se encuentra en los extremos.

Bodega Tinedo hunde sus raíces en 1846, cuando Dionisio Angulo adquirió Finca Tinedo. Hacia 1895, su hija Esperanza levantó la quintería y la bodega cuyos gruesos muros de tapial todavía forman parte del conjunto.

Cinco generaciones después, la familia continúa elaborando vino en la finca.

En este 2026 se cumplen, por tanto, 180 años desde la adquisición de Tinedo, convirtiéndose en uno de los proyectos familiares históricos del vino manchego. En la actualidad apuesta por una viticultura sostenible y ecológica, los vinos de finca y las elaboraciones capaces de mostrar las diferencias entre parcelas.

En el extremo opuesto aparece Vin d’Álvarez, uno de los proyectos más recientes de Socuéllamos. Nacido en 2025, llega al Patio del Vino cuando apenas ha transcurrido un año desde el comienzo de su trayectoria. Sus primeras referencias, entre ellas La Abuela Bárbara, vuelven a utilizar algo que se repite constantemente entre los nuevos elaboradores: la memoria familiar como punto de partida para construir algo nuevo.

Entre una y otra hay prácticamente 180 años de evolución vitivinícola.

Crisve, siete décadas de cooperativismo

Si existe un fenómeno que transformó profundamente el campo manchego durante el siglo XX fue el cooperativismo.

En Socuéllamos uno de sus grandes exponentes es Bodegas Cristo de la Vega, conocida popularmente por generaciones de vecinos como Crisve.

Su historia comienza en 1955, cuando un pequeño grupo de agricultores decidió unir sus cosechas y elaborar conjuntamente. Aquella iniciativa acabaría convirtiéndose en una de las bodegas más conocidas de la localidad y en responsable de marcas tan vinculadas a Socuéllamos como Yugo, Marqués de Castilla, Siglo XVI, Cosan o Cerro Mesones.

La cooperativa superó en 2025 sus siete décadas de existencia y sus vinos continúan sumando reconocimientos. Marqués de Castilla Airén consiguió el Gran Oro en Airén por el Mundo 2023, un certamen en el que la propia marca Yugo ya había obtenido anteriormente el máximo reconocimiento.

La historia de Crisve es también la historia de cientos de agricultores que encontraron en la unión una forma de transformar, almacenar y comercializar unas producciones que hasta entonces dependían en gran medida de pequeñas bodegas particulares.

Loreto: alrededor de cien familias alrededor del vino

Otra de las grandes estructuras colectivas que estará presente es Bodegas Loreto.

Nacida en 1980 bajo la fórmula de Sociedad Agraria de Transformación, está formada actualmente por alrededor de un centenar de familias, una dimensión que convierte sus vinos en el resultado del trabajo de muchas explotaciones agrícolas de Socuéllamos.

Monteño y Casa Leandro son sus dos enseñas más reconocibles.

El nombre Casa Leandro conserva además una pequeña parte de la historia local al proceder de una antigua casa situada en los terrenos donde hoy se encuentran las instalaciones de la bodega.

Su presencia en concursos continúa dejando reconocimientos. Este mismo 2026, Casa Leandro Tempranillo 2020 consiguió medalla de oro en la categoría de tintos de crianza del Concurso a la Calidad de los Vinos Embotellados de la Denominación de Origen La Mancha.

Juan Pablo II cumple 40 años

También tiene motivos especiales para celebrar Bodegas Juan Pablo II.

La bodega nació en 1986, por lo que alcanza en 2026 sus 40 años de historia. Surgió igualmente de la unión de viticultores socuellaminos que buscaban mejorar la elaboración y la comercialización de sus cosechas.

Su gama Paulus II ha ido acumulando reconocimientos durante los últimos años. El Moscatel ha obtenido premios en certámenes como España Selección, Vinespaña o Zarcillo, mientras otras referencias de la bodega han sido distinguidas en concursos nacionales e internacionales.

La firma ha desarrollado además una importante línea de producción ecológica, una tendencia que hoy está presente en buena parte de las bodegas que participarán en el Patio.

Alvisa, otra cara del vino

No todas las empresas presentes cuentan la misma historia.

Alvisa, fundada en Socuéllamos en 1969 por Adolfo Fernández, permite mostrar una faceta distinta de la industria vitivinícola: la destilación.

La empresa apostó desde sus comienzos por sistemas industriales que en aquel momento resultaban innovadores y en 1984 pasó a formar parte del grupo japonés Suntory.

Sus instalaciones socuellaminas cuentan con alambiques tipo Charentais, alquitaras y miles de barricas destinadas al envejecimiento de destilados y brandies.

Su presencia recuerda que cuando se habla de la enorme producción de uva de Socuéllamos no todo termina en una botella de vino. Alcoholes, destilados y derivados han desempeñado históricamente también un papel fundamental en la economía local.

De una pequeña bodega a vender en medio mundo

La historia de Bodegas Bastida comienza en los años cincuenta con Antonio Bastida y continuó a partir de 1977 con Juan Bastida Juliá.

Tras sucesivas ampliaciones, el grupo acabó desarrollando una considerable presencia nacional e internacional y comenzó su actividad de embotellado en Socuéllamos en 2015.

Actualmente sus vinos se comercializan en más de 50 países.

Entre sus referencias destacan Alceo Tempranillo y Paraje de Titos Garnacha, vinos que han conseguido diferentes reconocimientos internacionales y que este mismo año volvieron a destacar en el concurso de la D.O. La Mancha.

Es la demostración de cómo un proyecto inicialmente familiar puede evolucionar hasta convertirse en una empresa exportadora sin perder su relación con el territorio.

Cautela, seis generaciones y un rosado que llama la atención

La historia familiar es todavía más larga en Bodegas Cautela, que recoge una tradición de más de seis generaciones ligadas al viñedo, pese a que la bodega fue abierta en 2015 en el Polígono Industrial.

Frente a unas raíces que se pierden en el tiempo, una de sus elaboraciones más recientes está consiguiendo llamar especialmente la atención.

El Cautela Rosé 2025, elaborado con Syrah, fue incluido entre los cien vinos imprescindibles de Castilla-La Mancha seleccionados en 2026 y recibió una valoración superior a los 91 puntos en Wine Up.

Una muestra de que tradición y modernidad no tienen por qué recorrer caminos diferentes.

Delgado Collado, crecer desde 2.000 botellas

Otro modelo completamente distinto es el de Bodega Delgado Collado.

El proyecto familiar comenzó en 2005 con una producción de apenas unas 2.000 botellas. Una década después adoptó la denominación actual y fue aumentando progresivamente su producción.

Marcas como De César o Viñas del Cerro son hoy fácilmente reconocibles dentro del panorama local.

El crecimiento de Delgado Collado constituye una de esas pequeñas historias que explican cómo, junto a las grandes estructuras bodegueras, han conseguido mantenerse proyectos familiares que controlan directamente buena parte de su producción.

Explotaciones Hermanos Delgado y las posibilidades del Airén

Explotaciones Hermanos Delgado, desde Finca Macatela, ha hecho de la producción ecológica uno de los pilares de su proyecto.

Trabaja variedades tintas y blancas como Tempranillo, Garnacha, Cabernet Sauvignon, Syrah, Merlot, Airén, Sauvignon Blanc, Chardonnay o Moscatel.

Una de sus elaboraciones más singulares es Vega Lucía Espumoso Airén Extra Seco, premiado con una medalla de plata en Airén por el Mundo.

Su caso sirve además para desmontar una idea que durante décadas acompañó al Airén: que se trataba únicamente de una variedad destinada a grandes producciones de blancos sencillos.

Hoy el Airén se utiliza en Socuéllamos para elaborar vinos jóvenes, fermentados o criados en barrica, espumosos e incluso vinos de producciones muy reducidas.

Finca El Refugio, pequeña producción y grandes reconocimientos

Finca El Refugio representa el modelo de bodega de producción más limitada y orientada a vinos muy cuidados.

Trabaja alrededor de 50 hectáreas de viñedo ecológico y controla directamente el proceso desde el cultivo hasta la elaboración.

Entre sus referencias históricamente mejor valoradas se encuentra Quorum Private Collection, que ha obtenido reconocimientos como la medalla de oro en Tempranillos al Mundo y puntuaciones superiores a los 90 puntos en diferentes guías.

Junto a ella aparecen nuevas elaboraciones que muestran la progresiva diversificación del catálogo de la bodega.

Los Ángeles: ecológicos cuando casi nadie hablaba de ello

La agricultura ecológica es ahora habitual en el discurso del vino, pero Bodegas y Viñedos Los Ángeles comenzó a trabajar sus viñas de esta manera en el año 2000 y con una bodega nacida en 2017.

Detrás del proyecto están varias generaciones familiares vinculadas al campo. Algunas de las cepas que continúan cultivando superan los 70 años.

Airén, Cencibel, Viognier, Garnacha Blanca, Tinto Velasco o Garnacha Tintorera forman parte de un viñedo en el que también existe interés por recuperar variedades antiguas y minoritarias.

Sus vinos en rama son probablemente una de sus señas de identidad más particulares y muestran otra de las tendencias que está llegando con fuerza al vino manchego: elaborar con menos intervención para intentar trasladar a la copa la personalidad del viñedo.

EntreLindes, el territorio convertido en nombre

El propio nombre de Bodega EntreLindes resume su filosofía.

El proyecto de David Tórtola nació después de años realizando pequeñas elaboraciones con las uvas del viñedo familiar. Sus parcelas se encuentran en una zona próxima a los límites territoriales entre provincias, circunstancia que terminó dando nombre a la bodega.

Sus viñedos se encuentran a una altitud cercana a los 700 metros y el proyecto apuesta por la agricultura ecológica y por elaboraciones vinculadas a parcelas concretas.

EntreLindes Tinto y La Cuesta Blanca Airén son dos ejemplos de una manera diferente de interpretar el vino: menos volumen y más atención a la personalidad de cada terreno.

INN Wine: cinco generaciones detrás de una bodega nacida en 2023

Quizá uno de los fenómenos más interesantes que está viviendo Socuéllamos sea el regreso de jóvenes al mundo de la elaboración.

INN Wine nació oficialmente en 2023, impulsada por Jesús David Alcolea.

La juventud del proyecto, sin embargo, puede engañar. Detrás existen cinco generaciones de viticultores vinculados al mismo entorno de La Dehesa.

La firma trabaja bajo una filosofía de mínima intervención y ha convertido al Airén en una de sus principales señas de identidad a través de la gama Malaño.

Su trabajo demuestra algo especialmente significativo: jóvenes que podrían haberse limitado a continuar cultivando y vendiendo uva han decidido dar un paso más y embotellar su propia interpretación del viñedo familiar.

Bodegas Jiménez, unas 4.000 botellas y toda una familia detrás

Todavía más reducido es el proyecto de Bodegas Jiménez, nacido también en 2023.

La familia Jiménez-Mateo trabaja aproximadamente diez hectáreas y mantiene una producción que ronda las 4.000 botellas anuales.

La uva se selecciona directamente en la parcela, la vendimia se realiza en cajas y buena parte del trabajo tiene un marcado carácter familiar.

Vides, Don Joaquín, Doña Vicenta y Los Pernales forman parte de un catálogo que empieza a abrirse camino fuera de Socuéllamos.

Don Joaquín y Rosado Vides ya han recibido reconocimientos de la Guía Wine Up.

Hace no demasiados años habría resultado difícil imaginar una nueva bodega socuellamina apostando por apenas unos miles de botellas. Hoy es precisamente esa escala reducida la que permite buscar diferenciación.

Indar y unas viñas familiares que se remontan a 1935

La historia de Vinos Indar parece escrita para explicar el regreso a los orígenes.

Detrás están Manu Requena y Cris, que trabajan aproximadamente siete hectáreas de viñedo en Socuéllamos, incluyendo cepas de considerable edad.

La historia familiar se remonta al menos hasta 1935, cuando la tatarabuela de Manu plantó uno de los primeros viñedos de la familia.

Durante años aquellas uvas siguieron formando parte de la economía familiar. Generaciones después, el círculo se ha cerrado: vuelven a convertirse en vinos embotellados bajo una marca propia.

Indar mezcla viñas viejas, nuevas plantaciones ecológicas y elaboraciones poco intervencionistas dentro de un proyecto en el que agricultura y vino vuelven a caminar juntos.

Vinos y Bodegas, Socuéllamos mirando al exterior

Vinos y Bodegas aporta al Patio otra pieza del engranaje.

La empresa fue creada en 1997 por Román y Santiago Cantarero y ha desarrollado una importante orientación hacia el comercio internacional.

Porque producir vino es solamente una parte de la industria. Después hay que venderlo, construir mercados y conseguir que una botella elaborada en La Mancha llegue a consumidores situados a miles de kilómetros.

El desarrollo exportador experimentado por numerosas bodegas durante las últimas décadas explica en buena medida cómo los vinos manchegos han dejado de depender únicamente del consumo nacional.

El vino de Socuéllamos ya no tiene una sola cara

Miradas en conjunto, las 17 bodegas explican algo mucho más interesante que cualquier cifra de participación.

El vino de Socuéllamos se ha diversificado.

Continúan las grandes cooperativas que reúnen a decenas o cientos de viticultores, pero junto a ellas han nacido bodegas familiares capaces de elaborar apenas unos miles de botellas.

Hay vinos destinados a grandes mercados internacionales y otros procedentes de una parcela concreta.

Hay depósitos de gran capacidad y pequeñas barricas.

Hay bodegas que superan el siglo de historia y otras que apenas han celebrado su primer cumpleaños.

Y existe un punto de unión especialmente importante: el viñedo.

Socuéllamos continúa siendo uno de los grandes municipios vitivinícolas de la Denominación de Origen La Mancha. Ya en 2024 contabilizaba 13.155 hectáreas inscritas en la D.O., lo que lo situaba como el municipio con mayor superficie inscrita de la provincia de Ciudad Real y el segundo del conjunto de la denominación.

No es una relación reciente. A mediados del siglo XX, con unos 15.000 habitantes, Socuéllamos llegó a contabilizar centenares de centros relacionados con la transformación de vino y alcohol, una fotografía que permite comprender hasta qué punto la viticultura ha condicionado históricamente su economía y su desarrollo.

Tres noches para conocer 17 formas de hacer vino

El XI Patio del Vino abrirá el viernes 28 de agosto a las 20:30 horas, con la inauguración oficial y la actuación de Retro Versions.

El sábado 29 permanecerá abierto desde las 20:00 hasta la 1:30 horas, con la música de Guateque Club Band.

La última jornada llegará el domingo 30, de 20:00 a 00:30 horas, con Roberto Carrión DJ.

La oferta de vinos estará acompañada además por foodtrucks y tapas, reforzando la vertiente gastronómica de un evento que en apenas once ediciones ha ido ganando protagonismo dentro de Manchavino.

Pero probablemente este año el principal atractivo no esté únicamente en probar un vino determinado.

Está en poder pasar en unos pocos metros de una empresa fundada en el siglo XIX a otra creada en 2025; de una cooperativa formada por numerosas familias a una bodega que produce unos pocos miles de botellas; de un espumoso elaborado con Airén a un vino de parcela; de las variedades tradicionales a otras menos frecuentes; de la elaboración ecológica a los destilados y de las bodegas históricas a una generación que está empezando ahora a escribir su propia historia.

Diecisiete bodegas. Diecisiete maneras de entender el mismo territorio.

El récord de participación del XI Patio del Vino no es únicamente una cuestión numérica. Es posiblemente una de las fotografías más completas que se pueden obtener actualmente del sector vitivinícola de Socuéllamos.

Y precisamente ahí reside su importancia.

Durante tres noches, el patio de la Torre del Vino no reunirá solamente botellas y copas. Reunirá familias, generaciones, viñedos, historias empresariales, cooperativismo, innovación, tradición y miles de hectáreas de una tierra que continúa teniendo en la vid una de sus principales señas de identidad.

De 1846 a 2026, casi dos siglos de historia del vino de Socuéllamos cabrán este año en un mismo patio.