La celebración de la Semana Santa en Socuéllamos sigue generando debate semanas después de su finalización, a raíz del cambio en la salida y recogida de la procesión del Viernes Santo, correspondiente al Santo Entierro.
La modificación organizativa, que trasladó la salida de la mayoría de los pasos desde la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción a la Casa de la Encomienda, ha motivado la reacción de un grupo de costaleros, capataces y vecinos, que han hecho público un manifiesto y han puesto en marcha una recogida de firmas para solicitar la vuelta al formato tradicional.
La petición puede firmarse a través de la plataforma digital:
El cambio aplicado este año respondió, según la organización, a criterios logísticos y de seguridad, con el objetivo de evitar aglomeraciones en el interior del templo y facilitar una salida más fluida de las imágenes. En este nuevo esquema, todos los pasos —excepto el Santo Sepulcro— partieron desde el guardapasos de la Casa de la Encomienda.
Sin embargo, los promotores del escrito defienden que la estación de penitencia debe comenzar y finalizar en la iglesia, al considerar que este elemento forma parte esencial del significado religioso, cultural y emocional de la Semana Santa local. También advierten de dificultades prácticas y posibles riesgos derivados del traslado a un espacio distinto.
El documento, suscrito por personas vinculadas directamente a la procesión, plantea además la necesidad de abrir una reflexión colectiva sobre el modelo organizativo de cara a futuras ediciones, haciendo un llamamiento a la unidad de las hermandades.
A continuación, se reproduce íntegramente el texto remitido a este medio:
EN DEFENSA DE LA SALIDA Y ENTRADA DE LA ESTACIÓN DE PENITENCIA DEL VIERNES SANTO
Los abajo firmantes, costaleros, costaleras y cuerpo de capataces de Nuestro Padre Jesús Nazareno, vecinos de Socuéllamos y personas comprometidas con nuestra Semana Santa, manifestamos nuestra preocupación ante la decisión adoptada este año de trasladar la salida y finalización de la estación de penitencia del Viernes Santo desde la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción a la Casa de la Encomienda.
Como es conocido por todos, generación tras generación las procesiones de Semana Santa han tenido como punto de partida y recogida la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, siendo este el corazón espiritual de nuestra celebración. Desde allí han salido nuestros pasos año tras año y allí han regresado tras realizar su estación de penitencia, culminando el acto de fe en el templo.
Este año, sin embargo, se ha propuesto y llevado a cabo que, en la procesión del Viernes Santo, todos los pasos —salvo el Santo Sepulcro— salieran desde la Casa de la Encomienda —edificio cedido por el Ayuntamiento— y que, tras finalizar el recorrido, no entraran en la Iglesia, sino que volvieran a recogerse en dicho inmueble.
Respetamos que puedan existir motivos organizativos o de espacio. Entendemos que la logística de los oficios requiere preparación y que puedan existir dificultades prácticas. Sin embargo, creemos sinceramente que la solución adoptada no responde al sentido profundo de lo que representa nuestra Semana Santa.
Las imágenes procesionan como acto de fe. Realizan estación de penitencia. Y esa estación culmina en el templo, en la Casa de Dios. Trasladar el origen y la finalización de la procesión a un edificio civil, por muy digno que sea, desvirtúa la esencia religiosa que fundamenta todo lo que hacemos. Las salidas y entradas en la Iglesia forman parte del patrimonio espiritual, emocional y cultural de nuestro pueblo: las levantás en la puerta, las entradas de rodillas, el recogimiento del interior del templo, el sonido de las bandas, la formación solemne de los nazarenos, el silencio contenido de quienes esperan el comienzo de la procesión, las miradas emocionadas de familiares y devotos. Son momentos que engrandecen nuestra Semana Santa y que difícilmente pueden sustituirse por la salida o recogida en un espacio que no es la Iglesia.
También existe una cuestión práctica. No todas las hermandades portan sus imágenes del mismo modo. Para aquellas que lo hacen a hombros o a costal, el traslado adicional hasta un edificio distinto supone mayores esfuerzos y posibles riesgos innecesarios. A ello se suman dificultades técnicas evidentes, como el estado del terreno, la presencia de piedras, el acceso por una puerta de menor altura, el polvo o incluso barro y posibles charcos en caso de lluvia, al tratarse de un patio de tierra. Todo ello incrementa la complejidad y los riesgos en momentos especialmente delicados.
Nos preocupa igualmente el mensaje que se transmite. Se habla con orgullo de la Semana Santa de Socuéllamos y de su importancia como seña de identidad del pueblo, pero decisiones como esta restan solemnidad y simbolismo a una tradición que ha sido siempre referencia para vecinos y visitantes.
Queremos dejar claro que este año, pese a nuestra disconformidad, se ha actuado con responsabilidad y respeto, acatando la decisión adoptada para no perjudicar el desarrollo de la Semana Santa ni generar confrontación. Pero el respeto no debe impedir la reflexión.
Queremos también matizar que esta postura no implica un rechazo a todas las iniciativas planteadas. Consideramos positiva la propuesta de que, una vez finalizada la Semana Santa, los pasos puedan permanecer expuestos durante la siguiente semana, permitiendo así que vecinos y visitantes puedan contemplarlos con mayor cercanía.
No obstante, creemos que esta idea debe diferenciarse claramente del desarrollo de la estación de penitencia de Viernes Santo, la cual, a nuestro juicio, debe seguir teniendo su origen y su finalización en la Iglesia, como ha sido siempre.
Por ello, hacemos un llamamiento a la unión de todas las hermandades. Dejemos a un lado rivalidades, diferencias o intereses particulares. No miremos únicamente a quién afecta más o menos cada decisión. Miremos por el conjunto, por el futuro y por el bien de Socuéllamos.
Deseamos que la estación de penitencia del Viernes Santo vuelva a desarrollarse íntegramente desde la Iglesia y a finalizar en ella, como siempre ha sido. No por tradición vacía, sino por coherencia con nuestra fe, con nuestra historia y con la identidad de nuestro pueblo.
Por todo ello, y para aquellas personas que no tuvieran conocimiento de esta situación, hacemos público este escrito para que quede constancia y se abra una reflexión serena y constructiva en el conjunto del pueblo de Socuéllamos.
Este escrito refleja exclusivamente la opinión de quienes lo suscriben.











