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El presidente de la Denominación de Origen La Mancha, Carlos David Bonilla, ha atendido a Socuéllamos Al Día para analizar el presente y el futuro del vino manchego, en un momento complejo para el sector, marcado por la caída del consumo, los cambios en los mercados internacionales y la necesidad de reforzar el valor añadido de una de las mayores zonas vitivinícolas del mundo.

La Denominación de Origen La Mancha atraviesa una etapa decisiva. Tras la reelección el pasado mes de enero de Carlos David Bonilla como presidente del Consejo Regulador, el sector mira al futuro con retos importantes: mantener mercados, reforzar la promoción, conectar con nuevos consumidores, defender las variedades autóctonas y seguir avanzando en calidad, innovación y sostenibilidad.

Bonilla, procedente del mundo agrícola y cooperativo, defiende el papel de La Mancha como territorio vitivinícola con identidad propia, capaz de combinar volumen, calidad, tradición e innovación. En esta entrevista con Socuéllamos Al Día, el presidente de la DO aborda la situación actual del vino manchego, el papel de la variedad Airén, el impacto de la exportación, la importancia del enoturismo y el futuro de un sector clave para muchos municipios de Castilla-La Mancha.

Actualidad y situación de la DO La Mancha

La DO La Mancha es la denominación de origen vitivinícola más grande de España. ¿Qué supone hoy liderar una estructura de estas dimensiones?

Es evidente que el tamaño sí importa cuando nos referimos a una zona de producción vinícola. Hablar y representar a La Mancha en sus vinos implica una gran responsabilidad por toda su tradición e historia. También por su propia naturaleza. En el Consejo Regulador existe una gran heterogeneidad, ya que no solo están representados sus agricultores y municipios, sino que también las bodegas y cooperativas forman parte de este proyecto, al que es voluntario acogerse. El hacerlo implica someterse a controles de calidad rigurosos.

Tras su reelección al frente del Consejo Regulador, ¿cuáles son los principales objetivos para esta nueva etapa?

La situación ha cambiado bastante y está claro que la realidad del sector es muy distinta de 2022 a la actual, en 2026. Es importante mitigar o amortiguar el impacto en la caída del consumo a nivel mundial, donde las exportaciones se han visto resentidas.

Algo que pasa por consolidar, o al menos mantener, las ventas en nacional, una asignatura cada vez más complicada en los últimos años porque la competencia aumenta. Se trata de vender dentro lo que es más complicado vender fuera.

La promoción sigue siendo vital, más aún ahora, cuando el vino en general no atraviesa su mejor momento. Puede ser el momento de convertir los retos en oportunidades con el cambio de tendencias. Aquí, La Mancha tiene mucho que decir y aportar con sus blancos Airén, variedad autóctona en nuestros viñedos de un potencial increíble por su enorme versatilidad.

¿En qué momento considera que se encuentra actualmente el vino manchego?

Teniendo en cuenta las circunstancias coyunturales del sector a nivel mundial, la realidad es complicada, pero soy optimista y estoy seguro de que podemos afrontar el reto, porque aquí ya hemos vivido muchas épocas difíciles.

Es cierto que ha bajado la comercialización, pero estamos ante un cambio estructural en el propio sector. Los vinos de La Mancha han demostrado una gran resiliencia y también es cierto que ese mensaje de promoción doméstica en los propios manchegos ha ido calando poco a poco.

Ahora se aprecia más la calidad y el consumidor, que ya no es tan fiel a ideas preconcebidas, ha descubierto vinos muy interesantes en La Mancha.

Durante años, La Mancha estuvo vinculada principalmente a grandes volúmenes de producción. ¿Cree que esa percepción está cambiando hacia una mayor identificación con calidad y valor añadido?

Son nichos y mercados diferentes, pero complementarios y compatibles. Castilla-La Mancha, en su conjunto, no puede renunciar a las ventas con embotellado en destino. Suponen un volumen de negocio muy sustancial para el conjunto de la economía de muchos municipios manchegos.

No obstante, eso también ha permitido a algunas bodegas y cooperativas ganar mayor músculo inversor para afrontar otros proyectos embotellados.

Lo importante es cambiar la visión que tienen de nosotros, que se conozca la gran calidad de los vinos envasados en nuestra Denominación de Origen para que dentro de una o dos décadas tengan mucho más peso en la economía de la región y vayamos reformulando el modelo de forma progresiva, apostando por la generación de valor añadido en nuestra propia tierra y mostrando con orgullo nuestro origen, La Mancha, porque solo lo esconden los que tienen algo negativo que ocultar.

Y no es nuestro caso. Podemos presumir de nuestra tierra, de nuestra diversidad, de nuestra gran calidad y de haber creado un modelo de negocio sostenible desde el punto de vista medioambiental y social que permite que hoy nuestra comarca retenga población y genere riqueza. Creo que el consumidor cada vez sabe distinguir una oferta de otra y aprecia nuestra calidad.

¿Qué aspectos cree que diferencian hoy a los vinos de La Mancha dentro del panorama nacional e internacional?

La Mancha no puede renunciar a su ADN, y eso pasa por identificarnos siempre con la figura del Quijote. Es nuestro embajador más universal, el que nos sitúa en un mapa reconocible gracias a la novela de Cervantes. Somos una comarca con una identidad propia muy marcada y mucho más antigua, no solo que las comunidades autónomas, sino que la mayor parte de los países que hoy existen en el mundo.

En cuanto a los vinos, en tintos jóvenes o crianza corta, La Mancha tiene un posicionamiento muy bueno, por lo que el reto es incrementar el valor económico. Hay mercados que aprecian su fruta y aroma, muy bien equilibrada cuando tienen un paso moderado por madera.

En blancos, hay bodegas que llevan años apostando por variedades foráneas que se han adaptado muy bien al terruño manchego, como sucede con el Sauvignon Blanc o el Chardonnay. Incluso ahora es frecuente ver excelentes vinos de esta última variedad con un elegante toque de barrica.

No obstante, sin lugar a dudas, la oportunidad que nos viene de cara con el cambio de tendencias hacia vinos blancos, ligeros y sencillos de consumo está en el Airén. Le debemos mucho en nuestra historia. Ahora se están haciendo elaboraciones muy interesantes y Socuéllamos ha sido uno de los abanderados.

Exportación y mercados internacionales

El contexto internacional está siendo especialmente complejo para el sector vitivinícola. ¿Cómo está afectando esta situación a la DO La Mancha?

A pesar de lo duro que es, imaginamos que como al resto o incluso menos que a otros. Obviamente, la situación no ayuda, ya que el sector lleva encadenando inconvenientes que no dejan reactivar la demanda.

Cuando parecía que el sector había conseguido sobrepasar las consecuencias de la COVID llegó la guerra de Ucrania en 2022, con consecuencias todavía latentes en la subida de costes e inflación añadida. En este 2026, la guerra de Irán supone una vuelta de tuerca. Confiamos en que pronto se encuentre una solución y el comercio mundial se vaya estabilizando.

La posibilidad de nuevos aranceles en mercados estratégicos como Estados Unidos genera preocupación en el sector. ¿Qué impacto podría tener para las bodegas manchegas?

Es, en efecto, otro aspecto que no ayuda. Por fortuna, Estados Unidos no es el mercado exterior mayoritario para los vinos de La Mancha. Allí la competencia es feroz y cuesta entrar.

Apenas un 4% en 2025 de las ventas de vino con DO La Mancha fueron para el mercado estadounidense. Así, los aranceles de la administración Trump no han trastocado demasiado el rumbo, aunque si afecta a otros, estos acabarán buscando otros mercados en los que estamos más consolidados.

La DO está reforzando su presencia en países como Japón, India o Brasil. ¿Dónde cree que están las mayores oportunidades de crecimiento para el vino manchego?

Cada mercado es distinto y cada consumidor, por su propia naturaleza y contexto, conlleva una demanda diferente. La Mancha tiene una capacidad camaleónica, con gran diversidad de oferta para adaptarse a cada mercado.

Japón viene siendo un país muy interesante en este sentido. Conoce y admira el Quijote, lo que significa que La Mancha no necesita allí presentación. Además, su dieta encabeza el ranking en el consumo de pescado, lo que posiciona muy bien a los vinos Airén y espumosos.

India y Brasil son opciones que no podemos despreciar. Tras los acercamientos de la propia Unión Europea, pueden abrirse interesantes oportunidades, aunque la tradición del consumo de vino allí sigue siendo testimonial.

¿Qué importancia tiene actualmente la exportación dentro de la estrategia de la denominación?

Las ventas en 2025 se cerraron a la baja, con 9.013.250 litros exportados, un 22%. Durante años, para el sector del vino en general a nivel nacional, las ventas al exterior fueron la tabla de salvación.

Ahora tenemos que aprender a convivir con la realidad cambiante y hay mercados, por ejemplo China, donde la demanda después de la pandemia ya no ha vuelto a ser la misma.

¿Considera que el vino español sigue teniendo margen para mejorar su posicionamiento internacional en términos de valor y prestigio?

Por supuesto. Venimos de una imagen muy buena en tintos, donde la variedad mayoritaria, la Tempranillo o Cencibel, es sinónimo de calidad para muchos compradores a nivel internacional. En precios puede competir con los vinos franceses.

Sin embargo, el vino español todavía se encuentra lejos de la imagen promocional de otros países con mayor tradición comercial como Italia.

Consumo y nuevas generaciones

Uno de los grandes debates del sector es la caída del consumo de vino entre los jóvenes. ¿Cómo interpreta esta situación?

El vino es alcohol y, como tal, también ha acusado su descenso en el colectivo de los jóvenes de entre 18 y 24 años, según estudios recientes.

Hay que saber acercarse a este segmento de la población desde su propio lenguaje, huir de tecnicismos, sofisticaciones y mostrar el vino desde el relato de un producto sostenible, cercano y fácil de consumir en los entornos más informales, como festivales o tardeo.

¿Qué retos tiene actualmente el sector a la hora de conectar con nuevos consumidores?

Se trata de buscar un lenguaje más acorde y directo a sus gustos. Las nuevas generaciones son reflejo de lo inmediato. Son nativos digitales que a golpe de click tienen toda la información a su alcance.

Con la IA, el joven necesita, además, honestidad y transparencia en el mensaje, pero el vino tiene un relato fascinante e inigualable por parte de cualquier otra bebida en la historia, a excepción del agua, por lo que hay margen para llegar a los nuevos perfiles pese a este aparente distanciamiento generacional.

¿Está cambiando también la forma de comunicar el vino?

Ha cambiado el perfil y la manera de acercarse al vino, y con ello el lenguaje. La irrupción de las redes sociales permitió al productor romper esa dependencia de los grandes gurús y medios de comunicación.

El consumidor busca un relato, una historia detrás del vino, que no aprecia tanto por sus cualidades técnicas, sino por los momentos asociados como experiencias: enoturismo, festivales, viajes, encuentros familiares o amigos.

¿Qué papel juegan actualmente las redes sociales y las nuevas tendencias de consumo en la promoción del vino?

Por supuesto, como lo hacen nuestros canales de información, nuestras redes sociales. Aquí los vinos de La Mancha supieron llegar a tiempo y ahora adaptan su lenguaje, muy gráfico, a diferentes grupos de edad.

No es lo mismo comunicar en los medios convencionales, que siguen siendo fundamentales en nuestra sociedad, que en las redes sociales, donde una u otra se consumen a ritmo vertiginoso. Facebook parece que fue desplazado por Instagram y ahora los más jóvenes navegan en el universo TikTok, donde no cabe la idea de comunicarte por más de 60 segundos.

La variedad Airén y la identidad de La Mancha

En varias ocasiones ha destacado el potencial de la variedad Airén. ¿Cree que estamos ante un momento clave para su revalorización?

Por supuesto. Estamos ante una oportunidad histórica. La tendencia le viene de cara a La Mancha ante la demanda de vinos blancos y la Airén, como ya en su momento, hace más de medio siglo, cuando era el motor del sector en la región por su polifacética versión, volverá a tener la oportunidad de ser el referente.

Pero ahora necesitamos que sea conocido en todo el país y en todo el mundo. Por ello, nos pareció muy acertado otorgarle un reconocimiento, con su día específico, cada 30 de noviembre, pero necesitamos un esfuerzo conjunto del sector y de la administración para mejorar su conocimiento y su posicionamiento.

¿Qué características hacen diferente a esta variedad?

Muchas y desde diferentes aspectos. Es cierto que no tiene “el glamour” en la mesa y la intensidad aromática de otras variedades más afamadas, pero su capacidad de resistencia en el viñedo, adaptada a los rigores del verano manchego, sus opciones productoras en el mercado y la posibilidad de probar blancos Airén, ligeros, con frescura y acidez moderada, afrutados y agradables al paladar, especialmente de los que se inician en el mundo del vino, convierte a esta variedad en una opción muy popular.

Es un tipo de vino ideal para el tapeo y, al ser muy agradable y fácil de beber, ayuda a que se consuma más que otros vinos.

Obviamente, su versatilidad la hace compatible para coupages y la elaboración de otros productos de origen vitivinícola también muy importantes en nuestra región.

¿Puede convertirse la Airén en uno de los grandes símbolos del vino manchego en el exterior?

Ya lo es históricamente si nos referimos al contexto de los mercados del granel. Pero puede tener un recorrido mucho más interesante y con un valor añadido mucho mayor si conseguimos que las bodegas manchegas perciban su potencial como embotellados de gran calidad.

Todo esto también pasa porque el propio manchego la perciba con orgullo y presuma de ella, que se convierta en un profeta de este vino, o como se diría ahora, en un prescriptor o un influencer. El boca a oído y las redes sociales es algo que debemos trabajar con nuestra propia gente.

¿Existe actualmente una mayor apuesta por las variedades autóctonas frente a las internacionales?

Las variedades foráneas tuvieron su contexto y su oportunidad cuando La Mancha se abría precisamente a los mercados exteriores. Algunas como la Sauvignon Blanc, la Chardonnay, la Moscatel o la Cabernet Sauvignon en tintas se han adaptado muy bien.

Han sido y siguen siendo claves para los mercados internacionales, porque son las que más se conocen. Además, La Mancha tiene capacidad de sobra para seleccionar distintas variedades y distintos tipos de elaboración para los diferentes mercados.

Sin embargo, ahora, cuando el consumidor se gira hacia producciones y proyectos con relato propio, las variedades autóctonas tienen su oportunidad y La Mancha también tiene mucho que decir en este terreno. Son nuestras uvas de siempre, las que plantaron nuestros abuelos y bisabuelos y las que constituyen la esencia de nuestra tradición vitivinícola.

Calidad, innovación y futuro

¿Cómo se trabaja desde la DO para seguir avanzando en calidad e innovación?

Recientemente hemos asistido a la solicitud de modificación del nuevo pliego de condiciones, reflejo de las respuestas a nuestras bodegas por adaptarse a los nuevos tiempos. Se ha optado por la inclusión de vinos de menor contenido alcohólico, vinos de baja graduación, además de una solicitud de ampliación de zona de producción.

En los últimos años también se ha ampliado el universo varietal, con dos nuevas uvas acogidas en el viñedo manchego: Moscatel de Alejandría y Garnacha Tintorera.

Es cierto que después los cambios legislativos son lentos, sobre todo los que necesitan pasar por Europa, pero creo que somos una de las denominaciones de origen más abiertas a escuchar las novedades y las demandas de los productores en función de la evolución del mercado.

¿Es compatible mantener el volumen productivo de La Mancha con una estrategia orientada a vinos premium?

Siempre que se actúe de forma honesta, sí. Lo que no puedes pretender es decir una cosa y hacer otra.

El contexto no es fácil en general, pero los productores que por su historia, su tipo de elaboración, su innovación o su viñedo sean capaces de obtener mayor valor añadido por su vino son compatibles con aquellos que pretenden vivir dignamente y tener una explotación rentable, con un producto orientado a la franja mayoritaria de consumidores, permitiendo que el vino sea accesible a todos los bolsillos.

¿Qué importancia tiene actualmente la sostenibilidad dentro del sector vitivinícola?

Refleja la relación del agricultor con su entorno, algo que, por otra parte, ya tenemos naturalizado en la propia Mancha. Los veranos cada vez son más secos y calurosos. Por ello, la única manera de relacionarse con el medio que nos sostiene solo puede venir desde la coherencia y el respeto.

Históricamente, La Mancha ha aprendido a visualizar el agua como algo escaso y su viticultura ha sido capaz de adaptarse, sacando adelante explotaciones y parcelas con escasos riegos de apoyo y haciendo uno de los usos más eficientes que hay en todo el mundo.

Haciendo una pequeña broma, pero que es una realidad, lo que nuestros viticultores son capaces de hacer en muchos de los viñedos manchegos sí que se puede definir como viticultura heroica.

¿Está afectando ya el cambio climático a la viticultura manchega?

La sequía viene por ciclos, aunque sí puede afirmarse, quizás, que llega con precipitaciones cada vez más concentradas. También puede ser cierto que los inviernos se han ido suavizando y, sobre todo, nos afectan las olas de calor, que da la impresión de que ya no se concentran por días, sino que son más continuas durante el verano.

¿Cómo imagina la DO La Mancha dentro de diez años?

Es impredecible, como el sector en general. Nuestros ancestros no habrían imaginado a sus bodegas y comerciales viajando hasta cualquier rincón del mundo para vender sus vinos.

Espero que sigamos saliendo al campo y nuestros viñedos sigan estando ahí, lo que significaría que muchos pueblos no se han despoblado del todo y que hay un reparto social de la riqueza.

Enoturismo y territorio

El enoturismo está creciendo de manera importante en Castilla-La Mancha. ¿Qué papel puede desempeñar en el desarrollo del medio rural?

Es una opción muy importante porque genera una vinculación con el territorio clave para el visitante. El consumidor quiere un relato detrás del vino, una historia, una experiencia que poder adherir al vino que toma.

Si lo puede vivir visitando un pueblo, una bodega, un restaurante, una ruta determinada, le enriquece y, si además la experiencia termina siendo positiva, estará ligado durante mucho tiempo a ese territorio.

¿Cree que La Mancha está consiguiendo proyectar también su potencial turístico y cultural a través del vino?

Creo que estamos lejos, aunque al menos se está trabajando bien, cada vez mejor y de forma más coordinada entre bodegas, administración y hosteleros, pero falta mucho.

En datos, como destino de interior, Castilla-La Mancha sigue siendo un destino muy interesante. La opción está muy consolidada en ciudades históricas como Cuenca o Toledo y cada vez más se ha conseguido que los pueblos manchegos se conviertan en lugar no solo de paso sino también destino.

Los pueblos siguen haciendo sus esfuerzos y ahora, por ejemplo, la vendimia comienza a convertirse en un reclamo también para el visitante.

¿Qué experiencia puede encontrar un visitante que recorra hoy las rutas del vino manchegas?

Los atractivos son variados. El Quijote está ahí y su legado es eterno, sobre todo porque el lector o visitante que pisa La Mancha no recorre un escenario fantástico, literario o imaginado, sino real, con pueblos que además ofrecen una historia, una tradición, una gastronomía, una riqueza ambiental y una cultura con el vino como nexo de unión.

Hay cuevas impresionantes en las que antes se hacía vino, bodegas equipadas con la última tecnología junto a otras centenarias y con todo el sabor de la tradición, paisajes de viñedo infinito. En fin, múltiples atractivos y, lo que es mejor, diferenciales con respecto a otras regiones.

Plano personal

Usted procede del mundo agrícola y cooperativo. ¿Qué le ha aportado esa experiencia a su forma de gestionar?

Es fundamental conocer el sector desde el trabajo del agricultor hasta la problemática de la bodega para poder tomar las decisiones oportunas en la Interprofesión, ya que de no ser así se pueden tomar decisiones de espaldas al sector.

Más de 25 años como agricultor y casi 20 años en el mundo del cooperativismo hacen que se tenga una visión amplia de cómo mejorar el sector y, sobre todo, hacia dónde queremos llevarlo para que siga siendo el motor de la economía de nuestros municipios.

¿Qué ha aprendido durante estos años al frente de la DO La Mancha?

Sobre todo a escuchar al sector. Son seis organizaciones las que lo conforman, para tomar las decisiones más acertadas, siempre buscando que la Interprofesión se adapte a las tendencias de consumo para poder seguir avanzando hacia la calidad y el prestigio de sus vinos, además de fomentar la promoción y el posicionamiento en mercados internacionales.

¿Qué le gustaría que representase la DO La Mancha dentro y fuera de España?

Que la DO La Mancha sea reconocida no solo como un emblema de tradición y excelencia enológica, que ya lo es, sino como un referente de sostenibilidad e innovación en un territorio con muchas posibilidades económicas.

Para finalizar, ¿qué mensaje le gustaría trasladar a quienes todavía no conocen el potencial de los vinos manchegos?

Se sorprenderán cuando tomen nuestros vinos, primero por el abanico de vinos de las distintas variedades: tintos, blancos, rosados, espumosos… Y segundo por ser vinos con mucha fruta y sabrosos en boca, como se refleja en las distintas catas que se hacen a lo largo de nuestra geografía.

La relación calidad-precio nos hace únicos en un mercado cada vez más exigente, donde el futuro está en la capacidad de adaptación, y esta Denominación es claro ejemplo de ello.