La Plaza de Toros Lorenzo Manuel Villalta ha acogido esta tarde la segunda edición de la becerrada de Manchavino, con tres cuadrillas locales y un ambiente en el que la diversión volvió a estar por encima del resultado
La Plaza de Toros Lorenzo Manuel Villalta de Socuéllamos ha acogido esta tarde la segunda edición de la Becerrada Local de Manchavino, una cita recuperada el pasado año que ha vuelto a reunir a aficionados y público alrededor de una tarde concebida, ante todo, el compañerismo y la afición taurina.

Tres cuadrillas, Ribereños, Rebuscaos y Recortaos, han sido las protagonistas de un festejo en el que los participantes han podido ponerse delante de los animales y vivir desde dentro una experiencia muy diferente a la que habitualmente contemplan desde los tendidos.
Más allá de cuestiones estrictamente taurinas, la becerrada ha vuelto a demostrar el carácter popular y festivo con el que nació esta iniciativa. Amigos, familiares y aficionados han acompañado a los improvisados toreros, dejando momentos de humor, emoción y también alguna faena que ha llamado especialmente la atención del público.
El sueño cumplido de Benito Cuevas
Entre todas ellas ha destacado especialmente la protagonizada por Benito Cuevas, integrante de la cuadrilla de los Recortaos.
Su presencia en el ruedo escondía una historia mucho más importante que el resultado de una faena. Cuevas había tenido desde joven el deseo de ser torero, una ilusión que, por diferentes circunstancias, nunca había podido hacer realidad.
Han tenido que pasar alrededor de seis décadas para que aquella vieja aspiración encontrara finalmente su oportunidad. Con la complicidad y el impulso de varios amigos, Benito Cuevas ha podido vestirse para la ocasión y ponerse delante de un becerro en la plaza de su pueblo.
No era una alternativa ni pretendía serlo. Tampoco una competición. Era simplemente la posibilidad de cumplir, aunque fuera por una tarde, aquel sueño de torear que había permanecido guardado durante tantos años.
Y lo hizo además dejando una de las actuaciones más destacadas de la tarde, convirtiéndose en uno de los nombres propios de esta segunda becerrada local.
Una historia curiosa y entrañable que merece ser contada con mayor profundidad y que Socuéllamos Al Día abordará próximamente.
El resto del festejo mantuvo precisamente ese espíritu. Las tres cuadrillas afrontaron sus respectivas actuaciones entre los ánimos del público y de sus propios compañeros, en una tarde en la que la rivalidad quedó en un segundo plano frente a la convivencia y las ganas de disfrutar.
La cita consolida así una iniciativa que regresó a la programación el pasado año y que en este Manchavino 2026 ha celebrado su segunda edición consecutiva.
Tras la becerrada, la actividad taurina continuó en el coso socuellamino con la suelta de vacas, completando una tarde que volvió a convertir la Plaza de Toros Lorenzo Manuel Villalta en uno de los principales puntos de encuentro de la jornada.
Una becerrada popular, tres cuadrillas, muchos amigos y aficionados y, entre todos ellos, un hombre que tuvo que esperar sesenta años para poder ponerse delante de un becerro y cumplir uno de aquellos sueños que nunca terminó de olvidar.




















































































