Manchavino 2026 ha reconocido la trayectoria del histórico grupo folk socuellamino, activo entre 1981 y 1988. Algunos de sus componentes han vuelto a reunirse y hasta han tenido que regresar a los ensayos para preparar las tres canciones interpretadas durante un homenaje cargado de recuerdos y ausencias
Hay homenajes que sirven para recordar y otros que, además, consiguen recuperar por unos minutos algo que parecía pertenecer definitivamente al pasado. Tierra Mojada ha vuelto a sonar en Socuéllamos.

Manchavino 2026 ha reservado este domingo uno de sus momentos más emotivos para rendir homenaje a la histórica formación folk socuellamina, un grupo que durante buena parte de la década de los ochenta llevó las canciones, las raíces y el nombre de Socuéllamos por numerosos escenarios.
El reconocimiento ha permitido reencontrarse a algunos de aquellos jóvenes que, en la primavera de 1981, decidieron poner en marcha una aventura musical que terminaría prolongándose durante más de siete años. Ángel Laguía, Yolanda Salamanca, Pepe Peñarrubia, José Medina ‘Vega’, Caridad García Alcolado y Maxi Alcolea, entre otros, han estado presentes en una jornada especialmente significativa para quienes formaron parte del grupo, sus familiares y todos aquellos socuellaminos que todavía recuerdan sus actuaciones.
No todos han podido volver a tocar. El paso de los años también se ha dejado sentir y la edad ha impedido a alguno de los integrantes participar musicalmente, pero estar allí, juntos de nuevo y recibiendo el cariño de Socuéllamos, era probablemente lo verdaderamente importante.
Y tampoco han podido estar todos. Varios de aquellos componentes de Tierra Mojada ya han fallecido, convirtiendo inevitablemente el homenaje en un recuerdo también para quienes formaron parte de aquella historia y hoy ya no pueden compartir este reencuentro.
Quizá uno de los detalles que mejor refleja lo especial de este homenaje es todo lo que ha sucedido antes de subir al escenario.
La posibilidad de interpretar tres canciones en Manchavino ha obligado a los antiguos componentes a volver a ensayar. Después de tantos años, había que desempolvar canciones, recordar acordes, recuperar voces y volver a encontrarse alrededor de una música que durante siete años fue una parte fundamental de sus vidas.
Lo que comenzó como un homenaje municipal ha terminado provocando algo que probablemente pocos podían imaginar hace apenas unos meses: Tierra Mojada ha vuelto a reunirse alrededor de sus canciones.
Ensayar después de prácticamente cuatro décadas supone mucho más que preparar una actuación. Significa regresar por unas horas a aquellos años ochenta, recordar escenarios, viajes, compañeros y anécdotas y recuperar un repertorio que permanece estrechamente ligado a la memoria musical de Socuéllamos.
Y este domingo ese trabajo previo ha tenido su recompensa con la interpretación de tres canciones ante el público de Manchavino.
La historia de Tierra Mojada comenzó en la primavera de 1981 de la mano de músicos como Pepe Peñarrubia y Ángel Laguía, junto a Manolo Bosquet y Pepi Alarcón, algunos procedentes de experiencias musicales anteriores como Cenizas Ardientes y la Tuna San Fernando.
A aquella primera formación se fueron incorporando músicos como Félix Cuevas, Luis Salmerón, José Medina ‘Vega’, Maxi Giménez, Yolanda Salamanca, Emi Navarrón y Caridad García, además de otros nombres que pasarían posteriormente por el grupo, como Esther Rubio, José Antonio Romero y Félix Sánchez.
Sus primeros ensayos tuvieron lugar en los Salones Municipales. Después pasarían por el taller de carpintería del hermano de Maxi y posteriormente por un almacén situado en la calle Ruidera.
Poco podían imaginar entonces hasta dónde llegaría aquella aventura.
Tierra Mojada tampoco pretendía limitarse a reproducir literalmente las canciones tradicionales. Una de las características que identificaron al grupo fue precisamente su intención de dar un aire más joven y moderno al folklore manchego.
Rondeñas, jotas, seguidillas y malagueñas pasaban por las manos de aquellos músicos para adquirir una personalidad propia.
Entre las composiciones especialmente vinculadas a la formación quedaron piezas como la Rondeña de Socuéllamos o la Jota Rabiosa, dentro de un repertorio con el que contribuyeron a mantener vivas canciones populares entre una generación que comenzaba a escuchar otros estilos musicales.
Aquella inquietud llegó también a los medios técnicos. Los integrantes construyeron parte de su propio material de sonido y fueron mejorando progresivamente sus equipos hasta adquirir una mesa de mezclas y material que había sido utilizado por José Luis Perales.
La actividad de Tierra Mojada quedó además plasmada en dos trabajos discográficos.
Uno de ellos estuvo patrocinado por Caja de Cuenca y Ciudad Real, mientras que posteriormente llegaría Tierra Mojada canta a Socuéllamos, dejando grabada una parte de aquel patrimonio musical.
Canciones como Eres Alta y Delgada, Yo me levantara, madre, Los Mayos, Los Quintos, La Primera Coplilla, Ahí te va, Que sí, que no, El Arrodea o Rondeña Malagueña forman parte del legado que dejó la agrupación.
La aventura terminó oficialmente el 12 de septiembre de 1988, con una última actuación en Villanueva de la Fuente.
Habían pasado algo más de siete años desde aquellos primeros ensayos de 1981.
Un homenaje que llega 38 años después
Desde entonces han transcurrido 38 años.
Toda una vida.
Por eso, el reconocimiento celebrado dentro de Manchavino adquiere una dimensión especial. El Ayuntamiento de Socuéllamos ha querido recuperar la memoria de una formación que representó una época y que contribuyó a conservar y renovar el folklore manchego desde una perspectiva diferente.
Ángel Laguía, Pepe Peñarrubia, José Medina ‘Vega’, Maxi Alcolea y el resto de antiguos componentes presentes han recibido el reconocimiento de su pueblo, pero el homenaje inevitablemente se ha extendido a todos cuantos pasaron por Tierra Mojada.
A los que han podido estar.
A quienes la edad ya no permite volver a coger un instrumento como entonces.
Y, especialmente, a aquellos integrantes que ya han fallecido y cuya ausencia se ha hecho inevitablemente presente en una jornada como esta.
Porque si algo ha demostrado el homenaje de Manchavino es que Tierra Mojada no desapareció completamente aquel 12 de septiembre de 1988.
Quedaron sus grabaciones, las fotografías, las actuaciones que todavía recuerdan muchos vecinos y las canciones que acompañaron a toda una generación.
Y este domingo, casi cuatro décadas después, ha ocurrido algo todavía más difícil de conseguir: aquellos músicos han vuelto a ensayar, han vuelto a reunirse y tres canciones de Tierra Mojada han vuelto a escucharse en Socuéllamos.
Esta vez no había una gira esperando al día siguiente ni nuevos escenarios por recorrer.
Había algo probablemente más importante: el aplauso y el reconocimiento de su pueblo.






















