El 8 de octubre de 1977, el agente socuellamino fue asesinado junto a otro guardia civil y el presidente de la Diputación de Vizcaya. Su localidad natal le rindió homenaje años después dedicándole una calle.
Este jueves, 8 de octubre, se cumplen 49 años de uno de los episodios más trágicos que vinculan la historia reciente de Socuéllamos con el terrorismo de ETA. El 8 de octubre de 1977, el guardia civil socuellamino Ángel Antonio Rivera Navarrón fue asesinado en la localidad vizcaína de Guernica mientras desempeñaba labores de escolta del entonces presidente de la Diputación Provincial de Vizcaya, Augusto Guillermo Unceta Barrenechea.

Aquel atentado, perpetrado en plena Transición española, acabó con la vida de tres personas y dejó una profunda huella en Socuéllamos, donde días después se celebró el entierro del joven agente.
El atentado del 8 de octubre de 1977
Los hechos ocurrieron un sábado en las inmediaciones del frontón Jai Alai de Guernica, al que Augusto Unceta acudía habitualmente para practicar deporte.
El presidente de la Diputación de Vizcaya llegó acompañado por sus dos escoltas, los guardias civiles Ángel Antonio Rivera Navarrón y Antonio Hernández Fernández-Segura.
Cuando Unceta se disponía a recoger su bolsa de deporte del maletero del vehículo, los terroristas abrieron fuego contra él. El dirigente provincial recibió numerosos disparos que le provocaron la muerte.
Los dos agentes encargados de su protección también fueron alcanzados por los disparos. Según las crónicas que reconstruyen el atentado, los escoltas trataron de alejarse del lugar, pero su vehículo colisionó con otro turismo y fueron tiroteados por los terroristas.
Ángel Rivera recibió 17 impactos de bala, según la información histórica publicada sobre el suceso.
El atentado fue reivindicado por ETA militar y tuvo una importante repercusión en la España de 1977, que atravesaba un periodo decisivo de transformación política tras la muerte de Francisco Franco y la celebración, apenas unos meses antes, de las primeras elecciones generales democráticas desde la Segunda República.
Un guardia civil natural de Socuéllamos
Ángel Antonio Rivera Navarrón había nacido en Socuéllamos y estaba soltero cuando fue asesinado.
Su trayectoria profesional en la Guardia Civil había comenzado poco tiempo antes de su muerte. Las fuentes históricas sitúan su incorporación al cuerpo en 1976, aunque existen diferencias documentales respecto a la fecha exacta de ingreso.
En el momento del atentado prestaba servicio como escolta del presidente de la Diputación de Vizcaya, una responsabilidad especialmente delicada en aquellos años de creciente actividad terrorista.
Su nombre figura actualmente en los registros de víctimas del terrorismo, junto al de sus dos compañeros de infortunio, Augusto Unceta Barrenechea y Antonio Hernández Fernández-Segura.
Socuéllamos despidió a su vecino el 11 de octubre
Tres días después del asesinato, el 11 de octubre de 1977, Socuéllamos acogió el entierro de Ángel Rivera.
Según la información municipal recogida años después por Europa Press, la ceremonia contó con una multitudinaria asistencia de vecinos, autoridades civiles y militares y compañeros de la Guardia Civil.
La localidad despedía así a uno de sus hijos, cuya muerte se sumaba a la larga relación de víctimas de la violencia terrorista que marcaría varias décadas de la historia española.
El asesinato también provocó una reacción institucional. El Gobierno de España condenó públicamente el atentado y trasladó sus condolencias a los familiares de las víctimas.
Los dos guardias civiles fallecidos recibieron, a título póstumo, la Cruz al Mérito Policial con distintivo rojo, mediante una orden de 8 de octubre de 1977 publicada en el Boletín Oficial del Estado el día 18 de ese mismo mes.
Una calle de Socuéllamos mantiene vivo su recuerdo
Más de tres décadas después de su muerte, el Ayuntamiento de Socuéllamos decidió rendir homenaje al agente dedicándole una calle del municipio.
En agosto de 2008, la Corporación Municipal aprobó una propuesta presentada por el Grupo Municipal Popular para que la hasta entonces denominada Travesía de El Greco pasara a llevar el nombre de Ángel Rivera.
La iniciativa contó con el consenso de los dos grupos municipales, según la información difundida entonces por el Ayuntamiento.
El alcalde de aquella época, Sebastián García, destacó que el reconocimiento pretendía recordar tanto al guardia civil socuellamino como al conjunto de las víctimas del terrorismo.
La calle Ángel Rivera, situada en el barrio de San José, constituye desde entonces un recuerdo permanente de su figura y de los acontecimientos que acabaron con su vida.
Su asesinato recuerda también el sufrimiento que el terrorismo de ETA provocó en numerosas familias españolas, incluidas aquellas de municipios alejados geográficamente de los principales escenarios de sus atentados.
La efeméride de este 8 de octubre de 2026 permite recuperar su nombre, recordar las circunstancias de su muerte y mantener presente la memoria de un vecino de Socuéllamos que perdió la vida mientras desempeñaba su servicio como guardia civil.














