Las voluntarias socuellaminas Gema Campos y María Pilar Delgado continúan con su labor misionera en Guinea Ecuatorial, dentro del proyecto impulsado por la Fundación Siempre Adelante. Este lunes, en su tercer día de estancia en Evinayong, han centrado sus esfuerzos en la atención bucodental tanto en el instituto local como en un poblado próximo, comprobando de primera mano la dureza de las condiciones de vida en la región.

La jornada comenzó con la celebración de la Eucaristía, seguida de un desayuno y posterior traslado al instituto, donde habilitaron una clínica improvisada. Allí, colocaron la bandera de Socuéllamos, mostrando con orgullo su procedencia y explicando a los presentes cómo se vive en su localidad y en España.

Durante toda la mañana, atendieron a los primeros pacientes mediante un sistema ordenado de numeración y registro, anotando en un folio las intervenciones realizadas a cada persona. “Aquí, el umbral del dolor es mucho más alto. La queja queda en un segundo plano y se impone la necesidad”, explica Gema Campos tras su experiencia directa con los pacientes africanos.

Por la tarde, se desplazaron a un poblado cercano a Evinayong, tras una hora de camino entre la selva por senderos de tierra, sin asfaltar, por los que cruzaban elefantes y monos. A su llegada, se encontraron con un conjunto de casas dispersas, algunas medio derruidas, y una plaza sin pavimento, sin agua potable ni suministro eléctrico.

En ese entorno, Gema volvió a prestar atención dental en condiciones extremadamente precarias: sentados en sillas de plástico, apoyando la cabeza en una pared, sin instrumental clínico al uso. “Si en Evinayong la queja no existía, en este poblado la tolerancia al dolor es aún más impactante”, destacan.

Las voluntarias coinciden en que esta experiencia está dejando una profunda huella emocional. “Cuando no tienes nada que perder, la capacidad de asombro es mayor y la queja desaparece. Aquí solo existe la voluntad de sobrevivir. Nos impresiona su dignidad y la capacidad de sonreír en condiciones que para nosotros serían impensables”.

“Damos gracias por poder vivir esto en primera persona y por compartirlo con gente que será eternamente agradecida. Guinea no solo nos da la oportunidad de ayudar, también nos está enseñando. Esta misión no va solo de dar, sino también de recibir”, concluyen en su testimonio diario.