Bienvenidos a Sucesos en La Mancha.
Este mes vamos a profundizar en uno de los casos más inquietantes, dolorosos y persistentes de nuestra tierra. Una desaparición que marcó a una familia, a un pueblo y a toda la región. Una historia de silencio, de preguntas sin respuesta y de un vacío que aún hoy, casi dos décadas después, sigue sin llenarse.
Esta es la historia de la desaparición de Mari Cielo Cañavate, una mujer de 36 años, madre de dos hijos, cuyo rastro se perdió para siempre el 10 de octubre de 2007 en la localidad de Hellín, en la provincia de Albacete.
Aquel día empezó como cualquier otro. Mari Cielo llevó a uno de sus hijos al colegio, como tantas otras mañanas, y después se dirigió hacia una finca agrícola situada en la pedanía de Pozohondo. Allí trabajaba y allí vivía su pareja sentimental. Sin embargo, nunca llegó a recoger a sus hijos. No volvió a casa. No llamó. No dejó rastro. Y para quienes la conocían, ese detalle fue el primero y más brutal indicio de que algo terrible había sucedido: Mari Cielo jamás habría abandonado a sus hijos.
Las primeras horas estuvieron marcadas por la confusión y la preocupación creciente. Muy pronto comenzaron las búsquedas, peinando caminos rurales, pozos, zonas de monte, barrancos y hectáreas enteras de terreno. Participaron vecinos, voluntarios, guardias civiles, perros adiestrados, helicópteros… pero no apareció nada. Ni una pista, ni un objeto, ni una huella. Nada. Y cuando una desaparición no deja rastro, comienzan las sospechas.
La policía centró su atención en la persona que, según todas las versiones, fue la última en ver a Mari Cielo con vida: su pareja. Días después de la desaparición fue detenido, y la investigación avanzó bajo la hipótesis de que ella habría muerto de manera violenta y que su cuerpo habría sido ocultado. Pero se trataba de una hipótesis sin cuerpo, sin pruebas materiales, sin restos.Aun así, el procedimiento judicial siguió adelante. Cuatro años después, en 2011, un jurado popular declaró culpable a este hombre por un delito de homicidio y se le impuso una condena de 15 años de prisión. Fue un momento de alivio para la familia, un pequeño rayo de esperanza en medio de tanta oscuridad.
Sin embargo, aquel rayo se apagó pronto. En 2012, el Tribunal Superior de Justicia de Castilla-La Mancha anuló la sentencia. El motivo fue demoledor: la condena carecía de pruebas concluyentes. No había un cuerpo. No había restos. No había elementos firmes que sustentaran la culpabilidad. Un año después, en 2013, el Tribunal Supremo confirmó de forma definitiva la absolución. Y así, el caso quedó suspendido en un limbo judicial del que jamás ha salido.
Ese vacío —el legal, el emocional, el familiar— es quizá la parte más dura de esta historia. Para la familia de Mari Cielo, la absolución no significó cierre. Significó desamparo. Significó sentir que el sistema les había dejado solos en la búsqueda de la verdad. Con los años, el caso dejó de ocupar titulares, pero nunca dejó de doler.
Han pasado ya 18 años de aquella mañana. Su hermana lo expresó recientemente en una entrevista, con una mezcla de tristeza y rabia que atraviesa cualquier micrófono. Dijo que teme que su hermana se pierda en el olvido, que teme que Mari Cielo quede reducida a un nombre en un cartel gastado por el sol. “No se ha hecho justicia”, afirmó. “Nos sentimos abandonados. Solo queremos poder enterrarla”.
Sus padres, envejecidos por el dolor, siguen pidiendo lo mismo que pedían el primer día: saber dónde está su hija. Darle una despedida. Llevar flores a un lugar real. Sus hijos, hoy adultos, crecieron con una ausencia que es al mismo tiempo una presencia constante. La presencia del no saber. La presencia de una herida que nunca cierra.
La desaparición de Mari Cielo se ha convertido en un símbolo de los errores, carencias y límites del sistema cuando no existe un cuerpo. Sin restos no hay escenario del crimen, no hay autopsia, no hay huellas, no hay arma. Solo conjeturas. Solo hipótesis. Solo dolor.
Muchos expertos coinciden en que si este caso ocurriera hoy, probablemente se investigaría desde un primer momento bajo el enfoque de la violencia de género. En 2007, este marco apenas empezaba a consolidarse. Hoy, una desaparición en un contexto de pareja se abordaría con herramientas distintas, con más recursos, con otro nivel de intensidad. Puede que eso no hubiera cambiado el final. Pero sí habría cambiado la forma de llegar a él.
Lo que queda, dieciocho años después, es una familia que se niega a rendirse. Un nombre que resiste al olvido. Y una pregunta que sigue sin respuesta, la misma que se formuló aquel primer día y que se repite, silenciosa y persistente, cada 10 de octubre:
¿Dónde está Mari Cielo?
Esto es Sucesos en La Mancha. Y este mes, te hemos contado la historia de la desaparición de Mari Cielo Cañavate.
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