Hablar de Cástor Zarco García obliga necesariamente a situar su biografía en uno de los periodos más complejos, polarizados y dolorosos de la historia contemporánea de España: la Guerra Civil (1936-1939). Cualquier aproximación rigurosa a su figura debe huir tanto del silencio como del simplismo, y atender a los hechos documentados, al contexto político y social del momento y al significado posterior que su muerte ha adquirido en el ámbito religioso.
Cástor Zarco nació en Socuéllamos (Ciudad Real) el 20 de febrero de 1913, en una España marcada aún por profundas desigualdades sociales y por una fuerte presencia de la Iglesia católica en la vida pública. Como otros muchos jóvenes de su generación, optó por la vía del seminario, iniciando su formación eclesiástica en el Seminario Conciliar de Madrid, donde cursó estudios durante aproximadamente una década.
El 6 de junio de 1936 fue ordenado subdiácono, un grado previo al sacerdocio que lo situaba ya formalmente dentro de la estructura clerical. Apenas unas semanas después, el estallido de la Guerra Civil alteró radicalmente el curso de su vida.
Uno de los aspectos más debatidos del conflicto español es el de la persecución religiosa que se produjo, especialmente durante los primeros meses de la guerra, en la zona controlada por el bando republicano. Numerosas fuentes históricas coinciden en que, junto a la violencia política generalizada, se desarrolló una violencia específica contra clérigos, religiosos y personas identificadas como tales, especialmente en núcleos urbanos como Madrid.
En ese contexto, seminaristas y sacerdotes fueron obligados a ocultar su condición, y muchos fueron detenidos, encarcelados o ejecutados sin proceso judicial. Cástor Zarco, según consta en la documentación del proceso eclesiástico y en testimonios recogidos posteriormente, fue movilizado forzosamente y destinado a unidades del ejército republicano, entre ellas la conocida brigada de Valentín González “El Campesino”, extremo que no resulta excepcional para jóvenes en edad militar en ese momento histórico.
Detención y muerte
Los datos disponibles indican que, en septiembre de 1937, cuando se encontraba en Alcalá de Henares, Cástor Zarco fue identificado como seminarista, circunstancia que, en el clima político y social del momento, podía suponer una condena inmediata. Las fuentes eclesiásticas hablan de delación y de una ejecución motivada directamente por su condición religiosa y que pudo haber sido obligado a cavar su propia tumba (dato atribuido a testimonios).
Su fallecimiento está fechado el 18 de septiembre de 1937, y figura inscrito como muerte violenta. No se conoce con certeza el lugar exacto de su enterramiento, una circunstancia común en muchas víctimas de la represión y la violencia descontrolada de aquellos años.
Desde el punto de vista histórico, conviene subrayar que no existen indicios documentados de participación armada ni política activa por parte de Cástor Zarco más allá de su movilización obligatoria. Tampoco hay constancia de que hubiera renunciado a su condición religiosa, lo que constituye uno de los elementos centrales en la valoración posterior que hace la Iglesia católica.
Décadas después del conflicto, la figura de Cástor Zarco fue incorporada a la causa de beatificación de los llamados mártires del siglo XX en España, impulsada por la Archidiócesis de Madrid. Desde el punto de vista canónico, la Iglesia no juzga el contexto político en su conjunto, sino si la muerte se produjo por odio a la fe (odium fidei), un criterio estrictamente religioso.
La fase diocesana del proceso se abrió en 2010 y se cerró en 2014, dando paso a su estudio en Roma. La eventual beatificación no implica una lectura global del conflicto ni una absolución moral de ninguna de las partes, sino el reconocimiento, desde la óptica católica, de una muerte considerada martirial.
Para la historiografía contemporánea, Cástor Zarco representa uno de los miles de casos individuales en los que la violencia de la Guerra Civil se manifestó de forma extrema, afectando a personas cuya principal “culpa” fue su identidad religiosa en un contexto de radicalización política.
Su nombre, hoy presente en el callejero de Socuéllamos, forma parte de una memoria local que convive con otras memorias del mismo periodo, a menudo contrapuestas. Abordar su figura exige reconocer el sufrimiento causado por la persecución religiosa, sin olvidar que esta se produjo en un marco general de violencia, represión y guerra que afectó a amplios sectores de la sociedad española.
Desde una perspectiva histórica, Cástor Zarco no puede entenderse como un símbolo aislado, sino como una biografía concreta atravesada por un conflicto colectivo, cuya comprensión exige rigor, contextualización y respeto a la complejidad del pasado.
Fuentes consultadas
- Archidiócesis de Madrid – Causa de los Mártires del siglo XX: biografía y documentación del proceso de Cástor Zarco García.
- MiCiudadReal.es: información sobre la apertura y cierre de la fase diocesana del proceso de beatificación.
- Seminario Conciliar de Madrid: referencias históricas y académicas a la formación de seminaristas durante el periodo 1920-1936.
- Historiografía sobre la persecución religiosa durante la Guerra Civil española (Julián Casanova, Santos Juliá, Paul Preston, entre otros), para contextualización general del periodo.













