La peña Los Mismos, considerada una de las comparsas más veteranas y emblemáticas del Carnaval de Socuéllamos, ha comunicado que este año dejan de salir de manera definitiva, cerrando así una etapa de más de tres décadas ligada a la fiesta. Una despedida que pone punto final a años de trabajo colectivo, de disfraces hechos en casa, de carrozas levantadas a base de oficio y paciencia, y de generaciones que crecieron entre telas, imperdibles y risas.

Socuéllamos Al Día ha hablado con Juli, María José, Sonia, Ceci, Dolores y Mari Carmen, algunas de las mujeres que han sostenido la peña durante tantos años y que han sido, especialmente, el corazón de su día a día. En una entrevista sencilla y emotiva, recuerdan con orgullo y cariño una trayectoria en la que el Carnaval fue mucho más que un desfile: fue convivencia, creatividad, familia y barrio.

Nació en 1990, fue un grupo de amigos”, explican. En aquel primer año salieron de piratas y se juntaron “40 o 50”. Desde el inicio, su forma de vivir el Carnaval fue distinta a la actual: “antes no era bailar, se hacía como una actuación”, rememoran, hablando de aquellos años en los que lo importante era sorprender, interactuar con la gente y montar escenas completas en la calle.

Las protagonistas recuerdan temas y estampas que aún permanecen en la memoria colectiva: el circo, con domadores, elefantes y personajes distintos; los chinos, con un dragón que iba “echando humo por la boca”; y tantos disfraces en los que cada miembro aportaba su toque personal. “No es como ahora, todos iguales”, comentan, al comparar aquellos Carnavales con los actuales, más marcados por el formato de desfile y coreografías.

En Los Mismos, el trabajo era coral. Ellas cosían y organizaban, pero buena parte del peso de las carrozas y estructuras recaía en quienes, noche tras noche, se dejaban tiempo y manos. Electricistas, fontaneros, albañiles, carpinteros o herreros —muchas veces, sus propios maridos— se encargaban de montar carrozas, rematar detalles, buscar materiales y sacar adelante las ideas del año. “Las noches… eso era un sacrificio”, recuerdan, señalando que tras la jornada laboral se quedaban trabajando y cenando juntos, en un ambiente de compañerismo que hoy evocan con emoción.

En estos 35 años, aseguran que “me lo he pasado bien en todos”, y que lo importante no era un tema concreto sino el conjunto de vivencias. Mencionan con especial cariño disfraces como egipcios, Astérix y Obélix, Robin Hood, la Agustina de Aragón con su cañón o aquella carroza que se estropeó a última hora y obligó a improvisar. También recuerdan que el único año en que no salieron, más allá de la pandemia, fue 2018.

Pero si algo se repite en su relato es el carácter familiar: “salíamos familias enteras”, dicen. El Carnaval era una cita esperada durante meses, una reunión de amigos y un modo de estar juntos. “A mí me ha dado la vida”, llega a resumir una de ellas al hablar del significado personal de la peña.

Especial protagonismo tiene también el trabajo invisible: cortes, pruebas, arreglos, maquillaje, peinados, meriendas y bocadillos para los niños, coordinación y nervios hasta el último momento. “Desde noviembre nos juntábamos todos los días… los dolores de cabeza… y luego verlos salir y que van tan bien”, relatan, poniendo en valor el esfuerzo de quienes han tirado del carro año tras año.

Cuando se les pregunta cómo les gustaría que se recordara a Los Mismos, lo tienen claro: “con ese cariño”, como lo están contando. Y recuerdan que, aunque se cierre la etapa carnavalesca, la peña sigue unida y mantiene su contacto durante el año, con encuentros en verano, en feria o en comidas, porque “el roce y organizar cosas es lo que hace que siga funcionando”.

La despedida, reconocen, “nos ha dado mucha pena”. Y lo dicen con una frase que resume el cierre de ciclo: “toda cosa tiene un principio y un final”. Tras 35 años de historia, asumen que “hemos tenido nuestro momento… y han sido muchos años”.

Con su retirada, el Carnaval de Socuéllamos pierde una de sus comparsas más antiguas, una forma de entender la fiesta basada en la creatividad de barrio, en la familia y en el oficio, y una memoria colectiva construida durante décadas. Los Mismos han vestido de color y alegría los Carnavales del pueblo durante generaciones. Y aunque este año ya no salgan, su huella permanece en quienes los vieron, los vivieron y, sobre todo, en quienes los cosieron y los levantaron desde dentro.