Socuéllamos ha recuperado este Martes Santo una de sus manifestaciones más sobrias, austeras y sobrecogedoras con la salida de la procesión de los Crucíferos de la Caridad, que no había podido celebrarse en los dos últimos años debido a la lluvia.

El regreso de esta procesión ha devuelto a las calles del municipio una tradición profundamente arraigada, marcada por el recogimiento, el silencio y la reflexión, elementos que la convierten en una de las citas más singulares de la Semana Santa socuellamina.

La comitiva partió desde la Parroquia de San José, recorriendo distintas calles de la localidad —Rosario, Gran Capitán, Virgen de las Viñas, Santiago, El Bonillo, Don Bernabé Huertas, Daoiz y Velarde, Concha Espina, Libertad, Don Javier, Ciudad Real, Don Quijote y del Rosario— hasta finalizar en la Capilla María Inmaculada.

Lejos de la espectacularidad de otras procesiones, los Crucíferos de la Caridad destacan por su profunda carga simbólica, donde los participantes avanzan en silencio portando cruces y arrastrando cadenas, en una expresión íntima de fe que invita a la contemplación.