Socuéllamos al Día ha tenido el privilegio de acompañar esta mañana a la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad en uno de los momentos más íntimos y especiales del Sábado Santo: la vestimenta de la Virgen. Entre telas, alfileres y silencio, la iglesia se convierte en un espacio de recogimiento donde cada gesto está cargado de significado y emoción.
El presidente de la cofradía, Francisco Izquierdo Barba, explica que la hermandad cuenta con alrededor de 370 hermanos y fue fundada en 1948, aunque la historia de la imagen se remonta aún más atrás: “Se sabe que la imagen la compró mi bisabuelo, Andrés Izquierdo Alcolea, y la donó al pueblo. Por eso la imagen es del pueblo y está en su altar en la iglesia”.
Aunque su familia ha estado muy vinculada a la cofradía, insiste en que la continuidad en la presidencia de la cofradía dentro de su familia no responde a una herencia, sino a una decisión personal: “No es algo que se herede, es una decisión personal”, subraya, destacando también la confianza de la Junta Directiva y de los hermanos.
Para la cofradía, el Sábado Santo es el día clave. Aunque en el pasado la procesión se celebraba en la noche del Viernes Santo, un cambio provocado por la lluvia terminó por consolidar esta jornada: “Se dieron cuenta de que acudía mucha más gente y que además los hermanos se quedaban a la Vigilia Pascual. La verdad es que su día es el sábado”.
La jornada se vive con intensidad desde primera hora. La tensión acumulada durante los preparativos da paso a la emoción en el momento decisivo: “Es un día de mucha responsabilidad, de mucha tensión… pero toda esa tensión se disipa en el momento en que la Virgen sale a la calle”.
Una salida que resume todo el esfuerzo del año: “Procesionar con la Soledad es algo indescriptible. La Virgen no es solo la procesión, está presente todo el año, pero verla en la calle siempre emociona”.
La cofradía mantiene una identidad muy definida, basada en la tradición y el recogimiento: “Nos consideramos una cofradía muy sobria y tradicional. Queremos mantener esa línea”.
El objetivo es conservar el espíritu propio del Sábado Santo, donde la devoción es la verdadera protagonista. En ese sentido, el acompañamiento popular es también fundamental: “Es muy bonito saber que hay mucha gente que le tiene esa devoción a la Virgen, que no eres tú solo, que es algo compartido con todo el pueblo”.
El arte de vestir a la Virgen
Uno de los momentos más delicados de la jornada es la vestimenta de la imagen. Isabel Izquierdo Barba, camarera de la Virgen, describe este proceso como una mezcla de responsabilidad y emoción: “Para nosotras es una responsabilidad muy grande… pero también un privilegio. Me emociono”. El trabajo comienza por la mañana y se prolonga durante horas: “Venimos desde las 10 hasta las 2. Pero esto no es solo un día, es todo el año. El vestido tiene que estar bien planchado, todo en su sitio”.
Cada detalle cuenta. El vestido y el manto son fundamentales, pero hay elementos especialmente complejos, como la mantilla: “Lo más complicado es la mantilla, porque tiene que quedar igual por los dos lados y además no se ve igual desde arriba que desde abajo”. Incluso lo que no se ve requiere máxima precisión: “Lo más difícil es lo que no se ve, lo que tapa la estructura. Eso tiene que quedar perfecto”.
La cofradía se sostiene también sobre una fuerte implicación familiar. Isabel recuerda sus comienzos desde muy pequeña: “Llevo vistiendo a la Virgen desde los tres años. He pasado por todas las etapas… hasta arriba”. Durante la preparación, la emoción se mezcla con la espiritualidad: “Cuando me subo a la Virgen, estoy rezando. Rezo por las personas que no están”.
La mirada está puesta en el futuro, con la incorporación de jóvenes a la estructura de la cofradía: “Hace poco renovamos la Junta con gente joven que ya vivía todo esto. Son el futuro”. El principal reto es mantener la esencia: “Mantener lo que somos. Que siga saliendo mucha gente, muchos nazarenos… y seguir trabajando con esa sobriedad”.
Una noche esperada durante todo el año
Tras una intensa jornada de preparativos, la Virgen de la Soledad quedará lista para recorrer esta noche las calles de Socuéllamos. Una procesión marcada por el silencio, la emoción y la devoción.
Una cita que, como coinciden en señalar, va mucho más allá de la tradición: “Aunque estés malo, tienes que venir. Porque cuando llega este día… comprendes que todo merece la pena”.



































