Socuéllamos Al Día continúa con su recorrido por las Cruces de mayo que embellecen distintos rincones de la localidad. En esta ocasión, nos detenemos en la Calle Los Molinos, 79, donde la familia Delgado Alarcón vuelve a compartir con el pueblo una de las tradiciones más queridas de su historia familiar: su Cruz.

Hablar de esta Cruz es hablar de memoria, de adaptación y de amor por las costumbres heredadas. Una Cruz que, como tantas otras, se transformó a raíz del fatídico año 2020, marcado por la pandemia del COVID-19. Fue entonces cuando muchas tradiciones se paralizaron o, como en este caso, se reinventaron para poder seguir vivas sin renunciar a su esencia.

Como nos contaba el año pasado José Carlos Delgado, desde siempre, un familiar de su madre era quien se encargaba de vestir la Cruz. Cada mes de mayo, el domicilio se llenaba de familiares, vecinos y amigos que acudían a compartir un momento de convivencia en torno a esta manifestación popular tan enraizada. Con la pandemia, aquello cambió de forma drástica. Sin embargo, José Carlos Delgado decidió que esa llama no podía apagarse.

Desde entonces, y ya van cinco años, la Cruz sigue presente. Con una propuesta diferente, visible desde la ventana de la casa, permite que cualquier persona que pase por la calle pueda detenerse y admirarla. Ya no hay reuniones numerosas, ni celebraciones interiores, pero sí hay una Cruz abierta a todo el pueblo, decorada con sencillez y con cambios sutiles cada año, que mantiene viva la tradición familiar.

Quien la contempla de día aprecia sus detalles. Pero es por la noche cuando cobra un encanto especial, gracias a una cuidada iluminación que realza su presencia.

En la calle Los Molinos, la Cruz de los Delgado Alarcón no solo decora una ventana, sino que recuerda a todos que incluso en los momentos más difíciles, las tradiciones pueden resistir y adaptarse, siempre que haya quien las sostenga con cariño y respeto.