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Las peculiares “batallas de aura” han saltado de TikTok a las calles y comienzan a celebrarse en ciudades españolas: poses, miradas, bailes y mucho aplomo para decidir quién tiene más… aura

Hubo un tiempo en el que para competir hacían falta un balón, una bicicleta, una baraja, unas zapatillas para correr o, como mínimo, saber hacer algo especialmente bien. Después llegaron los videojuegos, los eSports, las batallas de gallos y los retos de internet.

En 2026 hemos alcanzado una nueva frontera.

Ahora también podemos competir para descubrir quién tiene más aura.

Y no, no hablamos de energías, chakras ni campos electromagnéticos. Hablamos de algo mucho más difícil de medir: quién parece más interesante, más seguro, más elegante, más misterioso o, utilizando una palabra que probablemente entenderán bastante mejor los adolescentes que sus padres, más cool.

Se llaman batallas de farmear aura y, aunque su explicación pueda provocar alguna ceja levantada entre quienes superan determinada edad, son completamente reales.

Después de hacerse virales en las redes sociales y extenderse por distintos países latinoamericanos, estas curiosísimas competiciones han comenzado a celebrarse también en España. Durante este mes de agosto se han anunciado encuentros en ciudades como Lugo o A Coruña, mientras Vigo tiene prevista otra convocatoria para el 1 de septiembre.

Internet ha vuelto a conseguirlo: convertir una broma en una expresión, la expresión en una moda y la moda en una reunión de personas en mitad de una plaza.

Primero lo importante: ¿qué narices significa “farmear aura”?

Para comprenderlo hay que conocer dos conceptos.

“Farmear” procede del lenguaje de los videojuegos y se utiliza para describir la acción de repetir determinadas tareas para acumular recursos, experiencia, objetos o puntos.

El “aura”, en la jerga actual de internet, tampoco tiene demasiado que ver con el significado espiritual de la palabra. Es algo parecido al carisma, la presencia, el estilo o esa capacidad inexplicable que tienen algunas personas para llamar la atención sin aparentemente intentarlo.

Unamos ambas cosas.

Farmear + aura.

Es decir: acumular carisma.

Los puntos, evidentemente, no existen. Son imaginarios y forman parte de la propia broma de internet.

Así, alguien puede ganar “+10.000 puntos de aura” por protagonizar una acción espectacular manteniendo una absoluta tranquilidad y perder “−50.000 puntos” después de intentar hacerse el interesante y tropezarse delante de todo el mundo.

Y existe una paradoja maravillosa: cuanto más evidente resulte que alguien está intentando conseguir aura, más posibilidades tiene de perderla.

Porque una de las claves fundamentales del asunto consiste precisamente en aparentar que uno no está haciendo ningún esfuerzo.

Complicado.

La cosa se puso seria: Oxford tomó nota

Lo verdaderamente curioso es que aquello que comenzó como jerga de internet adquirió tal dimensión que terminó llegando incluso a los lingüistas.

“Aura farming” fue una de las tres expresiones finalistas a Palabra del Año 2025 de Oxford, junto a biohack y rage bait.

Oxford University Press define el concepto como el cultivo de una personalidad o imagen pública impresionante, atractiva o carismática mediante comportamientos destinados a transmitir de manera sutil confianza, estilo o cierto aire de misterio.

La expresión había comenzado a detectarse en internet alrededor de 2023, pero experimentó una enorme expansión durante 2025.

Y buena parte de la culpa la tuvo un niño de Indonesia.

Un niño, unas gafas de sol y una embarcación

Uno de los grandes momentos de expansión internacional del concepto llegó gracias a Rayyan Arkan Dikha, un niño indonesio que se convirtió en fenómeno mundial durante 2025.

Las imágenes eran perfectas para internet.

El pequeño aparecía con gafas de sol, realizando tranquilamente unos movimientos de baile mientras mantenía el equilibrio en la parte delantera de una larguísima embarcación en movimiento.

Detrás de él, decenas de hombres remaban desesperadamente.

Él, mientras tanto, parecía tener bajo control el universo.

Internet dictó sentencia: aquello era farmear aura a niveles estratosféricos.

La escena pertenecía en realidad al Pacu Jalur, una tradicional competición de embarcaciones de Indonesia. El niño desempeñaba la función de bailar y animar al equipo desde la proa.

El vídeo se convirtió en uno de los grandes ejemplos del concepto: hacer algo difícil y conseguir que parezca insultantemente fácil.

Y entonces alguien decidió organizar competiciones

Era cuestión de tiempo.

Si podemos decidir quién corre más, quién salta más alto, quién canta mejor o quién improvisa mejores rimas, ¿por qué no decidir también quién tiene más aura?

Así nacieron las batallas de farmear aura.

Dos participantes se sitúan frente a frente y, por turnos, realizan poses, movimientos, gestos, bailes, miradas o recreaciones de memes y tendencias de internet.

No hay que marcar goles.

No hay que derribar al adversario.

Ni siquiera hay necesariamente que hablar.

Hay que… tener presencia.

Habitualmente todo sucede acompañado por música funk o phonk, mientras alrededor se forma un corro de espectadores que contempla el enfrentamiento.

¿Y cómo se decide el vencedor?

Aquí llega posiblemente la mejor parte.

No existe una reglamentación internacional del aura.

Ni federación.

Ni VAR.

Ni árbitro con silbato.

Ni conocemos, por ahora, la existencia de un Comité Olímpico Internacional del Aura.

Gana quien el público —o un jurado cuando lo hay— considera que ha transmitido más carisma, confianza, originalidad o estilo.

En definitiva: gana quien tiene más aura porque los demás deciden que tiene más aura.

No busquen el reglamento en el BOE.

De Latinoamérica a las plazas españolas

Lo que podía parecer una excentricidad aislada se ha extendido rápidamente.

Durante las últimas semanas se han documentado encuentros y competiciones en países como Brasil, Argentina, México, Perú o Bolivia.

Y finalmente llegó España.

En Galicia se han sucedido las primeras convocatorias. Lugo acogió este fin de semana una de estas peculiares batallas y para el sábado 22 de agosto estaba convocada otra concentración en los Jardines de Méndez Núñez de A Coruña. Vigo aparece también en el mapa de esta nueva moda, con una convocatoria anunciada para el próximo 1 de septiembre.

La fórmula suele ser extremadamente sencilla: redes sociales, una convocatoria, un espacio público y jóvenes dispuestos a participar o simplemente acudir para mirar.

Porque probablemente una parte importante del éxito está precisamente ahí.

Es internet saliendo de internet.

¿Una tontería o una nueva forma de socializar?

Es muy fácil observar todo esto desde una perspectiva adulta y concluir rápidamente que el mundo se ha vuelto definitivamente loco.

Pero quizá haya algo más.

Las generaciones anteriores también tuvieron formas de relacionarse que parecieron absurdas a quienes las precedieron.

Hubo jóvenes que se reunían alrededor de una máquina recreativa. Otros aprendieron breakdance sobre un cartón colocado en el suelo. Llegaron las tribus urbanas, los concursos de baile, los skaters, las batallas de rap, los flashmobs, los retos de YouTube y posteriormente TikTok.

Ahora llegan las batallas de aura.

La diferencia fundamental es la velocidad.

Una costumbre nacida en una pantalla puede recorrer medio planeta en cuestión de semanas y terminar reuniendo a decenas o cientos de jóvenes en una plaza situada a miles de kilómetros del lugar donde comenzó.

Y precisamente algunos de sus organizadores defienden estos encuentros como una excusa para pasar una tarde juntos, reírse, conocer gente y trasladar al mundo físico algo que normalmente solamente existe en las redes sociales.

Visto así, quizá haya fenómenos digitales bastante peores.

¿Podría celebrarse una batalla de aura en cualquier pueblo?

En principio, no parece necesario disponer de una infraestructura especialmente sofisticada.

Un espacio adecuado, música, participantes, público, unas normas básicas de convivencia y, dependiendo de cómo y dónde se organice, las correspondientes autorizaciones municipales para utilizar el espacio público o instalar equipos de sonido.

Después habría que resolver el verdadero problema.

¿Cómo demonios se puntúa el aura?

Podría establecerse un sistema propio: presencia, originalidad, reacción del público, ejecución, creatividad y capacidad para mantener el personaje.

Aunque reglamentarlo demasiado quizá destruiría precisamente la gracia.

Porque el aura, por definición, debería parecer espontánea.

Tradiciones del siglo XXI

Quizá dentro de unos meses nadie recuerde estas competiciones.

Es perfectamente posible.

Internet fabrica fenómenos a una velocidad casi idéntica a la que posteriormente los destruye.

Pero también puede suceder lo contrario.

Las batallas de rap comenzaron siendo reuniones informales de jóvenes y terminaron llenando grandes recintos. Los eSports pasaron de habitaciones y cibercafés a competiciones internacionales con millones de espectadores.

Nadie sabe qué recorrido tendrán las batallas de aura.

Lo interesante es observar cómo están naciendo.

Porque probablemente estamos asistiendo a una característica muy particular de las nuevas generaciones: sus costumbres ya no necesitan décadas para convertirse en fenómenos compartidos.

Un niño baila encima de una embarcación en Indonesia.

Alguien lo graba.

Internet lo convierte en meme.

El meme genera un vocabulario.

El vocabulario crea una competición.

Y poco después varios jóvenes se encuentran frente a frente en una plaza española intentando demostrar quién posee más carisma.

Nuestros abuelos probablemente tampoco lo entenderían.

Aunque, pensándolo bien, aquel señor que entraba al bar, pedía un sol y sombra, dejaba las llaves encima de la barra y ganaba la partida de dominó sin pronunciar una palabra…

igual llevaba toda la vida farmeando aura y nosotros sin saberlo.