FOTOGALERÍA: Iluminada Sánchez y Pedro Carrizo
La Unión Deportiva Socuéllamos volvió a tropezar, esta vez en Cuenca, donde cayó por 2-1 ante la Unión Balompédica Conquense, en una derrota que deja al conjunto azulón prácticamente condenado al descenso a falta de tres jornadas para el final.
El partido, más allá del resultado, reflejó con crudeza la realidad de ambos equipos. Mientras el Conquense impuso su ritmo desde el inicio, dominando el balón y las ocasiones, el Socuéllamos resistía como podía, aferrado a las intervenciones de Adri López, que sostuvo a los suyos con varias paradas de mérito durante una primera mitad de asedio constante.
Pero la resistencia, como tantas veces esta temporada, terminó por quebrarse tras el descanso. En apenas dos minutos, el encuentro se desmoronó. Primero, en el 53, un disparo lejano de Álex Sánchez, desviado por un defensor, sorprendió a la zaga visitante. Apenas hubo tiempo para recomponerse cuando, en el 55, un saque de esquina culminado por Isuskiza colocaba el 2-0 y dejaba al Socuéllamos contra las cuerdas.
A partir de ahí, el equipo de Emilio Ferreras transitó entre la impotencia y el intento de reacción. Superado en muchas fases del juego, el Socuéllamos apenas encontró argumentos para inquietar a un Conquense que controló el partido con autoridad.
Solo en el tramo final apareció una leve esperanza. En el minuto 90, Legaz acortó distancias y, ya en el descuento, los azulones se lanzaron con más corazón que orden en busca de un empate que habría sido un pequeño milagro. Las ocasiones llegaron, pero el gol no. Como en tantas otras tardes de este curso, la reacción fue tardía.
El pitido final dejó algo más que una derrota. Dejó la sensación de que el descenso ya no es una amenaza, sino una realidad casi inevitable. Incluso ganando en la próxima jornada, las opciones de permanencia se antojan remotas, dependientes de terceros y de un margen que ya apenas existe.
Quedan tres partidos, pero el Socuéllamos camina ahora en silencio hacia un desenlace que duele. Solo queda competir, cerrar filas y despedir una temporada amarga con la dignidad que exige el escudo, en un año que, poco a poco, se ha ido apagando sin remedio.






















