Con motivo del recuerdo de aquellos hechos, José María Bello, policía municipal que participó directamente en el dispositivo de seguridad, ha querido relatar su testimonio personal sobre la noche en la que un paquete bomba fue neutralizado en Socuéllamos el 13 de enero de 1988.

Bello recuerda que tuvo ocasión de ver el artefacto en el cuartel de la Guardia Civil de la localidad. “Era como una caja de zapatos de grande. Al principio, entre compañeros de la Guardia Civil y de la Policía Municipal, no podíamos creer que se tratara realmente de una bomba. En un pueblo tan tranquilo como Socuéllamos, parecía impensable que algo así pudiera ocurrir”, señala.

Ya de madrugada, y junto a otro compañero, tuvo que desplazarse hasta el cruce de carreteras cercano al restaurante Vázquez, donde aguardaron la llegada del equipo TEDAX desplazado desde Madrid, encargado de la desactivación del artefacto. El paquete permanecía custodiado a unos 150 metros de la plaza de toros, en las ruinas de una antigua casa de tapias de adobe, con la zona completamente acordonada.

“El procedimiento fue explosionar el paquete a distancia, conectándole un cable eléctrico”, relata Bello. “Se produjo una fuerte onda expansiva, con una explosión de colores rojo y azul. Fue impresionante”.

Tras la detonación controlada, los especialistas permanecieron en el lugar recogiendo restos del artefacto, como tornillos y distintos materiales, para su posterior análisis. Parte de esos restos se conservan actualmente en el Museo de la Guardia Civil de Valdemoro, como testimonio de aquel suceso.

Un recuerdo que, décadas después, sigue muy presente para quienes vivieron de primera mano aquella madrugada marcada por la tensión, la incredulidad y la rápida actuación de los cuerpos de seguridad.