Socuéllamos podría enfrentarse próximamente a la instalación de una segunda planta de biometano, promovida esta vez por la empresa Bravoitia S.L., una sociedad vinculada al grupo inversor energético ID Energy Group, con sede en Ciudad Real. El proyecto ha sido presentado oficialmente a través de la plataforma NEVIA de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, y ha comenzado a generar inquietud vecinal por su posible impacto ambiental y social.
Según la documentación pública, la planta no trataría residuos agrícolas locales ni lodos de depuradora, sino residuos orgánicos procedentes de fuera del municipio, como purines de granjas intensivas, subproductos lácteos o restos industriales de panadería. Esto implicaría un tráfico constante de camiones pesados, potenciales malos olores y riesgos para la calidad del aire y el acuífero, en un entorno rural con importante actividad vitivinícola.
El Estudio de Impacto Ambiental (EIA) ha sido elaborado por la empresa Rústicas del Júcar, con relación con Biogás Manchuela S.L., promotora de una planta de biogás similar en Fuentealbilla (Albacete). Este doble rol ha suscitado sospechas de conflicto de interés, ya que se cuestiona la imparcialidad del análisis medioambiental presentado.
En el caso de Fuentealbilla, el proyecto —con una capacidad de tratamiento de más de 230.000 toneladas anuales de residuos— fue finalmente rechazado por la presión vecinal y la decisión del Ayuntamiento de no apoyar su declaración como proyecto prioritario. Más de 700 alegaciones fueron registradas por los vecinos, y la Junta de Castilla-La Mancha denegó su avance.
En el caso de Socuéllamos, el modelo parece repetirse. Bravoitia S.L. no cuenta con experiencia previa en gestión de plantas de biometano en España. Su único proyecto activo de este tipo se encuentra en Polonia, en la localidad de Dolice, con una planta de 1 MW.
La preocupación se une a la que ya existe por otro proyecto anterior, también vinculado a residuos industriales, que se encuentra en fase de recursos.
El debate en Socuéllamos está servido sobre la evaluación real del impacto que este tipo de industrias puede tener sobre la salud pública, el medio ambiente y el modelo económico de la localidad.












