La apertura del Casino Liberal de Socuéllamos debe situarse, con bastante precisión, en torno al año 1916, en un contexto de consolidación de las élites locales vinculadas al liberalismo dinástico y a una concepción moderna de la vida social y política del municipio. Su creación no fue un hecho aislado ni espontáneo, sino el resultado de una iniciativa impulsada desde el propio poder municipal.

La figura clave en este proceso fue Javier López Arias, alcalde liberal de Socuéllamos desde 1907, considerado el precursor directo del Círculo o Casino Liberal. Su prolongada presencia al frente del Ayuntamiento refleja una etapa de estabilidad política dentro del liberalismo local, caracterizada por la promoción de infraestructuras, espacios representativos y lugares destinados a reforzar la cohesión social de los sectores afines al régimen de la Restauración.

El Casino Liberal debe entenderse, por tanto, como una prolongación natural del proyecto político y social que López Arias encarnó durante su mandato: un espacio destinado no solo al ocio, sino también a la sociabilidad organizada, al intercambio de ideas y a la visibilización de una determinada identidad cívica.

A comienzos del siglo XX, Socuéllamos experimentaba un crecimiento demográfico y económico sostenido, ligado principalmente a la actividad agraria y al desarrollo de una pequeña burguesía local a través de las bodegas. En ese contexto, la existencia de un casino o círculo no era un lujo, sino un símbolo de modernidad urbana y de integración del municipio en las dinámicas sociales del momento.

El liberalismo local, representado institucionalmente por Javier López Arias y su entorno, encontró en el casino un instrumento idóneo para:

  • Articular redes sociales y políticas.
  • Ofrecer un espacio de reunión estable fuera del ámbito estrictamente municipal.
  • Consolidar una cultura del ocio reglado, asociada al debate, la lectura de prensa y los actos sociales.
  • Proyectar una imagen de progreso y civilidad.

La apertura del Casino Liberal en torno a 1916 responde, por tanto, a una estrategia consciente de creación de centralidad social, en la que arquitectura, ubicación y uso estaban estrechamente relacionados con el ejercicio del poder local.

La datación de las dos fotografías conservadas en el archivo familiar de Fernando Montserrat en torno a 1920 resulta plenamente coherente con esta cronología fundacional. Las imágenes muestran un casino ya plenamente operativo, con mobiliario consolidado, salones en uso y una comunidad habituada al espacio.

Esto refuerza la hipótesis de que, entre 1916 y los primeros años de la década de 1920, el Casino Liberal vivió su etapa de mayor actividad y esplendor, antes de las transformaciones políticas que se producirían en la década siguiente.

Desde el punto de vista metodológico, esta coincidencia temporal otorga a las fotografías un valor excepcional, ya que documentan el edificio en su fase original, antes de cualquier reutilización o resignificación posterior.

La vinculación de Javier López Arias con la creación del Casino Liberal permite interpretar el edificio no solo como un espacio recreativo, sino como una herramienta política en sentido amplio. En la España de la Restauración, el control del poder municipal se apoyaba tanto en instituciones formales como en espacios informales de sociabilidad.

El casino cumplía precisamente esa función:
un lugar donde se construía consenso, se reforzaban alianzas y se compartía una determinada visión del orden social.

La posterior transformación del edificio —primero en Casa del Pueblo durante la Segunda República y, más tarde, en capilla tras la Guerra Civil— adquiere así una lectura aún más profunda: el mismo espacio que había sido símbolo del liberalismo local pasó a representar, en distintas etapas, proyectos ideológicos radicalmente distintos.

Con la llegada de la Segunda República, muchos casinos y círculos experimentaron cambios profundos. En el caso de Socuéllamos, distintas fuentes coinciden en señalar que el edificio del Casino Liberal pasó a albergar la Casa del Pueblo del Partido Socialista, convirtiéndose en un espacio de reunión política y sindical.

Este cambio no fue meramente funcional: supuso una relectura simbólica del edificio. El lugar de sociabilidad burguesa o liberal se transformó en un centro de organización obrera, reflejando los profundos cambios sociales y políticos del periodo republicano.

Durante la Guerra Civil, el edificio continuó vinculado a usos colectivos, hasta que, tras el conflicto, quedó cerrado durante un tiempo

En los años cuarenta, el inmueble fue adquirido por el Obispado de Ciudad Real y destinado a capilla, iniciando una nueva etapa completamente distinta a su función original. Posteriormente, en 1969, se llevó a cabo una reforma importante que alteró de forma sustancial el interior del edificio.

Este proceso supuso, en la práctica, una ruptura física y simbólica con el antiguo casino. Los elementos arquitectónicos y decorativos que aparecen en las fotografías —salones diáfanos, mobiliario civil, disposición abierta— desaparecieron o quedaron ocultos, dificultando la lectura histórica del espacio para las generaciones posteriores.

Su valor radica en que muestran el edificio cuando aún era casino, antes de las transformaciones políticas, sociales y religiosas que marcaron su destino. Constituyen, por tanto, una fuente primaria de primer orden para el estudio de la historia local.

La recuperación y difusión de estas imágenes no responde al interés por el pasado como curiosidad, sino a la necesidad de comprender la evolución del tejido social del municipio, de reconocer que los edificios no son meros contenedores, sino escenarios donde se proyectan las tensiones, aspiraciones y cambios de cada época.

En este sentido, el Casino Liberal de Socuéllamos emerge como un ejemplo paradigmático de cómo un mismo espacio puede encarnar, a lo largo del tiempo, modelos sociales radicalmente distintos, dejando huellas que solo documentos como estos permiten hoy volver a interpretar.