En el verano de 1933, Socuéllamos volvió a aparecer en la crónica de sucesos de la prensa nacional a raíz de un atraco frustrado que terminó con un asaltante muerto y otro herido, un episodio de notable gravedad que evidenció la presencia de hechos violentos vinculados a la delincuencia en el ámbito rural de la época.

Los hechos ocurrieron en la noche del 27 de julio de 1933 y fueron recogidos por diarios de ámbito nacional como La Época y Luz. Diario de la República, que situaron el suceso en el término municipal de Socuéllamos, dentro del partido judicial de Alcázar de San Juan.

Según las crónicas de la época, varios individuos accedieron de madrugada al domicilio de Gregorio Alarcón, tras saltar las tapias del corral. Cuando los asaltantes intentaron penetrar en las estancias donde dormía la familia, el propietario despertó y trató de salir a la calle para pedir auxilio. En ese momento, los ladrones lo encañonaron con pistolas y lo amenazaron de muerte.

Ante la gravedad de la situación, Gregorio Alarcón logró refugiarse de nuevo en su habitación, se hizo con un arma de fuego y realizó varios disparos con la intención de ahuyentar a los asaltantes. Uno de los proyectiles alcanzó mortalmente a uno de ellos, que falleció poco después. Un segundo ladrón resultó herido en una pierna, mientras que un tercer individuo consiguió huir del lugar.

Las investigaciones posteriores permitieron identificar al fallecido como Matías Sánchez, natural de Canena (Jaén), y al herido como José Pérez, natural de La Carolina, ambos procedentes de la misma provincia. Según las diligencias instruidas por el Juzgado de Primera Instancia, el grupo parecía actuar bajo la dirección de un cabecilla o “capitán”, descrito por la prensa como un pistolero experimentado, que logró escapar tras el tiroteo.

El suceso fue interpretado por las autoridades como un caso de defensa frente a un asalto armado, y contribuyó a reforzar la sensación de inseguridad existente en amplios sectores rurales en aquellos años, marcados por la proliferación de armas y la actuación de bandas itinerantes.

Este episodio se suma a otros hechos graves registrados en Socuéllamos a lo largo de 1933, un año especialmente convulso para la localidad. Su recuperación permite completar el retrato de una época caracterizada por la inestabilidad social, la violencia ligada a la delincuencia armada y un contexto judicial que trataba de responder a una realidad marcada por profundas tensiones políticas y económicas.

Fuentes hemerográficas:
La Época, 27 de julio de 1933
Luz. Diario de la República, julio de 1933