El documento audiovisual fechado en 1989 constituye una fuente histórica de primer orden para el análisis de la vida cotidiana en Socuéllamos durante el último tercio del siglo XX. Más allá de su carácter doméstico, la grabación permite observar con notable precisión uno de los espacios urbanos más significativos del municipio: el Mercado de Abastos, conocido popularmente como la Plaza, desaparecido a comienzos del siglo XXI.
El Mercado de Abastos de Socuéllamos fue inaugurado en 1928, en un contexto de modernización municipal compartido por numerosas localidades españolas durante las primeras décadas del siglo XX. En estos años, los ayuntamientos impulsaron la construcción de mercados cubiertos con el objetivo de ordenar el comercio alimentario, mejorar las condiciones higiénicas y dotar a los núcleos urbanos de infraestructuras estables y permanentes.
Situado en una posición estratégica del casco urbano, el mercado se consolidó rápidamente como un espacio de centralidad económica y social, especialmente vinculado a la venta de productos frescos —carne, pescado, frutas y hortalizas— y al pequeño comercio tradicional. Su función trascendió lo estrictamente mercantil para convertirse en un lugar de sociabilidad, donde se articulaban relaciones vecinales, intercambios informales y rutinas cotidianas profundamente arraigadas en la vida del municipio.
La memoria oral y los testimonios de vecinos permiten reconstruir la diversidad y riqueza del tejido comercial que albergó el Mercado de Abastos durante décadas. Entre los distintos puestos y especialidades destacaban:
- Carnicerías, regentadas por comerciantes como Narciso, Evaristo Alcolea, Julián Alcolea, Tomás Alcolea, Romualdo Alcolea, Carmelo, Pedro (cuñado de Maxi Jiménez), Práxedes Alcolea, Bienvenido Alcolea y Evaristo Alcolea hijo.
- Puestos de despojos, como los de Petra, Alfredo y Valentín Huedo.
- Venta de pollos, a cargo de Eduardo Mateo.
- Congelados, con el establecimiento de Félix Cabezuelo.
- Mercería, activa ya desde los años cincuenta, regentada por la señora María.
- Pescaderías, con nombres muy presentes en la memoria colectiva como Jesús Mateo, Pascual, la familia Campos, Perico Antón, Ramón Jara, Bombita, así como Cari y Paco, y Vázquez.
- Frutas y verduras, con puestos atendidos por José Calero, Rosita, Luis Espadas, Carmelo Cabezuelo, Virgilio Fernández, Saturnina, los padres de Amparín —esposa de Paco Clemente— y una mujer de la familia Algarra.
- En el exterior del mercado, pequeños negocios complementarios como la venta de chucherías, tabaco y otros productos, a cargo de Isabel López, la señora Prisca y Evelio López.
Este entramado de puestos refleja no solo la variedad comercial, sino también el papel del mercado como espacio generador de empleo, identidad y cohesión social, en el que muchas familias desarrollaron su actividad durante generaciones.
Las imágenes registradas en 1989 muestran un mercado aún operativo y reconocible en su función original. Los puestos permanecen abiertos, los comerciantes atienden al público y el edificio conserva su estructura y usos tradicionales.
Durante los años ochenta, el comercio local comenzó a experimentar transformaciones profundas derivadas de la aparición de nuevos formatos comerciales, el cambio en los hábitos de consumo y el progresivo envejecimiento de las instalaciones. Estos factores redujeron paulatinamente la actividad del mercado, aunque, como evidencia la grabación, seguía integrado en la vida cotidiana del municipio, manteniendo una presencia funcional y simbólica relevante.
A finales de la década de 1990, el Mercado de Abastos pasó a ocupar un lugar central en el debate político y ciudadano sobre la configuración del espacio urbano. El edificio fue calificado como obsoleto desde el punto de vista funcional y se planteó su eliminación dentro de un proyecto de reordenación y ampliación de la Plaza de la Constitución.
El proceso estuvo marcado por una notable controversia social. Diversos sectores de la población defendieron su valor histórico, identitario y simbólico, mientras que desde la administración local se priorizaban criterios de renovación urbana y adaptación a nuevas necesidades. En el año 2000 se inició la fase definitiva del proyecto y, finalmente, el mercado fue derribado en 2001, desapareciendo de forma irreversible del paisaje urbano de Socuéllamos.
El vídeo de 1989 adquiere hoy una dimensión patrimonial indiscutible. No solo documenta un edificio ya inexistente, sino que preserva una forma de vida, un modelo de comercio de proximidad y una cultura cotidiana que caracterizó a varias generaciones de socuellaminos.
Desde una perspectiva historiográfica, este material constituye una fuente primaria visual de gran valor para el estudio de la historia urbana, económica y social del municipio, permitiendo reconstruir prácticas, dinámicas comerciales y relaciones sociales hoy desaparecidas.
La recuperación y difusión de estas imágenes ha sido posible gracias a la aportación de Jesús García Alarcón , a quien se agradece expresamente la cesión del material audiovisual, así como a las contribuciones de memoria oral realizadas por vecinos como Alfonso López, con una memoria privilegiada, fundamentales para completar el retrato histórico del mercado.
Asimismo, en el vídeo emitido en su momento por Tele Surco pueden observarse otros comercios del municipio, así como entrevistas a vecinos en las que se recogen los precios de las compras navideñas de aquel año, aportando un valioso contexto económico y social que refuerza el interés documental del conjunto.
En definitiva, este documento permite acercarse a un Socuéllamos que ya no existe en lo físico, pero que permanece vivo en la memoria, en el recuerdo de quienes compraron, trabajaron o simplemente transitaron por aquel mercado que, durante más de siete décadas, fue uno de los auténticos corazones del municipio.













Lo más preciado para nosotras eran las tres casetas, dónde nos gastábamos el duro que nos daban en chuches, chicles Bazoka etc…
Y también hubo un tiempo que pusieron alrededor de la plaza el mercadillo los viernes…..
El quiosco de prensa de Francisco López y después con su hija Pilar López Caro también se encontraba en el mercado de abastos. Se encontraba en la parte de afuera, debajo de la escalera y en frente de la iglesia De hecho es el único negocio que sigue de pié en la plaza del pueblo . Y que sigue dando servicio a los vecinos de Socuéllamos.