La historia de Antonio Sánchez Carrión, conocido en Socuéllamos como “Trompiquillas”, ha sido recuperada y documentada a partir de una investigación publicada en el blog “Traer a la memoria”, un espacio de recopilación histórica impulsado por la Agrupación Municipal del PSOE de Socuéllamos, dedicado a rescatar relatos personales que permanecieron ocultos durante décadas.
Antonio era jornalero, casado y padre de dos hijos. Durante la Guerra Civil ejerció como alguacil del Ayuntamiento, un cargo de carácter menor. Tras el final del conflicto fue detenido y condenado a treinta años de prisión, ingresando en la cárcel de Ciudad Real en 1939, tras un consejo de guerra sumarísimo en el que no constan delitos concretos más allá de su ideología y su desempeño laboral en el consistorio.
En febrero de 1943, su familia dejó de recibir noticias suyas. Meses después se les comunicó su fallecimiento, sin ofrecer detalles sobre las circunstancias ni la causa de la muerte, indicando únicamente que había sido enterrado en una fosa común del cementerio de Ciudad Real. Antonio tenía entonces 34 años.
La investigación recoge el testimonio de una mujer que, en 1977, decidió romper el silencio mantenido durante más de treinta años y relató haber escuchado de forma casual una conversación en la que se hablaba de la muerte de Antonio en la prisión. Este testimonio aportó información clave para contextualizar lo ocurrido.
Un año después, en 1978, varias familias comenzaron a organizarse para localizar y recuperar los restos de personas enterradas en fosas comunes. Gracias a los registros conservados por un trabajador del cementerio de Ciudad Real, que documentó de manera precisa los enterramientos, fue posible localizar la fosa en la que se encontraba Antonio junto a otras tres personas.
Durante la exhumación se constató que, a diferencia de los otros cuerpos, Antonio no presentaba impacto de bala, sino múltiples fracturas óseas, especialmente en el cráneo. El certificado de defunción reflejó como causa del fallecimiento un traumatismo craneoencefálico, fechando su muerte el 22 de febrero de 1943.
Los restos fueron finalmente trasladados al cementerio de Socuéllamos, donde descansan junto a los de su familia, cerrando un proceso que se prolongó durante décadas.
La historia, ahora documentada en el blog Traer a la memoria, se apoya en testimonios personales, registros funerarios y trabajos de exhumación, y permite recuperar del olvido la trayectoria vital de un vecino de Socuéllamos cuya muerte permaneció durante años sin explicación pública, contribuyendo así a la preservación de la memoria histórica local.












