Compromiso con la protección de datos personales

Volver al Home
Visita Avatel
Visita la web de Socéllamos Turismo

Noemí López entró este miércoles de guardia en la UVI como cualquier otro día. A las 8:58 horas llegó una llamada del 112: tenían que acudir a un accidente ferroviario en Urda. No sabían cuántos trenes estaban implicados ni el número de víctimas que podían encontrarse. La técnico en emergencias sanitarias socuellamina fue una de las primeras profesionales en llegar a uno de los focos del accidente. Un día después, todavía intenta asimilar todo lo vivido: «Estoy todavía procesando un poco todo lo que pasó».

A las 8:58 horas del miércoles, la guardia de Noemí López cambió por completo.

La técnico en emergencias sanitarias, natural de Socuéllamos, se encontraba trabajando en una UVI cuando recibieron el aviso del Servicio de Emergencias 112. Debían dirigirse hasta Urda, donde se había producido un accidente entre dos trenes.

La información inicial era mínima.

«No sabíamos ni número de víctimas, si había sido un tren, si habían sido dos. No sabíamos absolutamente nada. Íbamos un poco a ciegas», relata Noemí a Socuéllamos Al Día.

Cuando llegaron, la Guardia Civil les indicó el camino que debían seguir. Su equipo fue dirigido hacia uno de los vagones más afectados del AVE.

Y allí comenzó todo.

Entre los primeros sanitarios en llegar

Noemí recuerda que fueron de los primeros recursos sanitarios que llegaron a ese punto del accidente, donde también se encontraba un equipo de Atención Primaria.

Todavía no se había desplegado todo el dispositivo que acabaría movilizándose durante las horas siguientes.

«Como no había llegado ningún otro tipo de recurso sanitario, tuvimos que empezar a triar, ir valorando a las víctimas que había. Fue una locura».

Comenzaron a clasificar a los heridos dependiendo de su gravedad. Los pacientes identificados como rojos requerían atención inmediata; los amarillos necesitaban asistencia, aunque podía demorarse ligeramente, y los verdes eran aquellos que presentaban un mejor estado.

En aquellos primeros minutos, incluso los propios pasajeros que habían conseguido abandonar los vagones y se encontraban en mejores condiciones comenzaron a ayudar.

«Mucha gente que había podido salir de los vagones por sus propios medios nos estuvo ayudando. Se quedaron con víctimas que no podían moverse o que tenían alguna hemorragia».

Su colaboración permitió a los sanitarios multiplicarse en unos momentos en los que cada mano era necesaria.

«Íbamos en modo automático»

Conforme fueron pasando los minutos comenzaron a llegar nuevos efectivos. Técnicos, médicos, enfermeros, bomberos, Guardia Civil, Policía y otros servicios de emergencias se fueron incorporando al dispositivo.

También acudieron equipos procedentes de otros puntos, entre ellos SUMMA y SAMUR.

«Al final estábamos todos un poco con todos, coordinados, ayudándonos mutuamente».

Noemí describe aquellas horas como una sucesión prácticamente ininterrumpida de pacientes.

Atender a uno, pasar inmediatamente al siguiente, colaborar con otro equipo, colocar una vía, realizar una cura, hacer un vendaje o ayudar en aquello que fuera necesario.

«Iba en modo automático, adrenalina», explica.

Hasta tal punto que reconoce tener lagunas sobre algunos momentos de aquella mañana. Solo después, cuando comenzó a ver imágenes del accidente, empezó a ser consciente de la verdadera dimensión de aquello en lo que había participado.

«La vida te puede cambiar en un segundo, pero totalmente».

Una cadena para atender a los heridos

La atención a las víctimas fue organizándose progresivamente conforme se desplegaban los recursos.

Noemí explica que los heridos eran trasladados inicialmente mediante una especie de noria hacia otro punto asistencial, donde recibían una segunda valoración y un nuevo triaje.

Allí se determinaba posteriormente qué recurso debía realizar cada traslado —UVI móvil, soporte vital básico o helicóptero— y el hospital al que debía ser derivado cada paciente.

Las horas fueron pasando sin apenas ser conscientes del tiempo.

Cuando Noemí miró el reloj ya eran aproximadamente las dos y media o las tres de la tarde y continuaban trabajando.

Después todavía quedaba regresar, limpiar completamente la ambulancia y reponer todo el material utilizado, porque su guardia no había terminado. Era una guardia de 24 horas y la UVI tenía que volver a estar preparada por si recibían un nuevo aviso.

Compañeros que estaban libres acudieron al llamamiento

Pero entre todo lo vivido, Noemí quiere poner especialmente el foco en sus compañeros.

Cuando se realizó un llamamiento para incorporar más personal al dispositivo, muchos técnicos en emergencias sanitarias que ese día no estaban trabajando no dudaron en acudir.

Dejaron lo que estaban haciendo y se presentaron para ayudar.

Un gesto que Noemí reivindica precisamente este jueves, cuando se celebra el Día del Técnico en Emergencias Sanitarias.

«Se nos valora poco a los técnicos en emergencias, pero somos la base de la gran mayoría de las atenciones extrahospitalarias que se dan», señala.

Y después de lo vivido en Urda, se muestra especialmente orgullosa de la respuesta de sus compañeros y del conjunto de profesionales y voluntarios movilizados.

«Técnicos, médicos, enfermeros, bomberos, Policía, Guardia Civil… Había una cantidad de gente increíble y todos ayudando».

«La gente se volcó»

Si hay algo positivo que Noemí conserva dentro de una jornada tremendamente difícil es precisamente la respuesta humana.

No solo la de los profesionales.

Vecinos de la zona acudieron a ayudar. Se llevaron alimentos y material a los lugares habilitados para atender a los afectados. Los pasajeros que podían colaborar lo hicieron. Incluso algunas personas heridas pedían a los sanitarios que atendieran primero a quienes se encontraban peor.

«Manos, muchas, muchas. La gente se volcó».

Una movilización espontánea que se unió al enorme dispositivo de profesionales de emergencias, sanitarios, cuerpos de seguridad, bomberos, Protección Civil y voluntarios desplegado tras el accidente.

«Todavía estoy procesándolo»

Un día después, cuando la adrenalina ya ha desaparecido, llega la parte más difícil.

«Estoy todavía procesando un poco todo lo que pasó ayer», reconoce.

Durante la emergencia no había tiempo para detenerse a pensar. Había que trabajar. Fue después, al terminar, cuando comenzó a comprender realmente la magnitud de lo ocurrido.

Noemí reconoce que todavía le resulta complicado revivir algunos momentos y que apenas quiso ver noticias al terminar su intervención.

Su testimonio deja también una reflexión después de haber vivido una de las jornadas más duras de su trayectoria profesional:

«La vida te cambia en un segundo».

Y junto a esa reflexión, otra imagen que tampoco olvidará: la de decenas y decenas de personas, profesionales, voluntarios, vecinos y los propios pasajeros, ayudándose unos a otros en mitad de la tragedia.

Este 29 de octubre, Día del Técnico en Emergencias Sanitarias, el relato de esta socuellamina sirve también para poner rostro a unos profesionales que estuvieron desde los primeros minutos allí donde más se les necesitaba.