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La Cooperativa Cristo de la Vega cierra una vendimia mejor de lo que inicialmente se temía, aunque con importantes diferencias entre variedades. Su presidenta, María José Moreno, analiza para Socuéllamos Al Día una campaña en la que el Airén ha rondado los 39 millones de kilos, habla de un mercado del vino que comienza a mostrar mayores dificultades y advierte de uno de los grandes problemas del campo socuellamino: la falta de relevo generacional. La cooperativa, mientras tanto, continúa con importantes inversiones para modernizar sus instalaciones y se marca como objetivo aumentar el peso del vino embotellado.

Con la vendimia prácticamente terminada, comienza otra etapa fundamental para una de las principales cooperativas de Socuéllamos. Tras recibir millones de kilos de uva durante una campaña especialmente temprana, la Cooperativa Cristo de la Vega afronta ahora la elaboración, comercialización y preparación de los nuevos vinos.

Su presidenta, María José Moreno, hace balance de la cosecha y analiza un sector que se enfrenta a importantes desafíos.

—Ha terminado la vendimia. ¿Qué balance hacéis de la campaña?

—De forma general, no ha sido tan catastrófica como pensábamos. Sí es verdad que en algunos varietales hemos tenido mermas bastante grandes, pero dentro de lo que cabe no ha estado mal.

—¿Se han cumplido las previsiones que manejabais inicialmente?

—No del todo. En algunos varietales hemos tenido hasta un 40% menos respecto al año pasado, tanto en tintos como en blancos. El Chardonnay ha tenido una diferencia muy importante. En el Airén también hay una merma, pero no tanta como inicialmente pensábamos, aproximadamente de un 8 o un 10%.

—¿Qué variedades han respondido mejor?

—En blancos, sin duda, el Airén, y en tintos el Cencibel o Tempranillo, que son precisamente variedades autóctonas de aquí.

—¿De qué cantidades estamos hablando?

—En Macabeo hemos tenido aproximadamente 7 millones de kilos, prácticamente como el año pasado. De Airén, unos 39 millones, alrededor de cinco o seis millones menos. En Chardonnay hemos tenido aproximadamente 1,4 millones, con una caída de alrededor del 42%. En Verdejo hemos recogido unos 500.000 kilos, aproximadamente un 25% menos.

En Moscatel de Grano Menudo hemos tenido unos 390.000 kilos y en Moscatel de Alejandría, alrededor de 600.000. En Cencibel hemos llegado a unos 8 millones de kilos, solamente unos 500.000 menos que el año pasado. Donde también se han notado mucho las mermas ha sido en variedades como Syrah o Merlot.

—¿A qué se deben esas diferencias tan importantes entre variedades?

—Las variedades más tempranas se vieron afectadas durante la primavera, justo cuando estaban cuajando. Después llegó el calor y todo se adelantó muchísimo. Empezamos a vendimiar Chardonnay el 31 de julio. Hubo momentos en los que la maduración avanzaba tan deprisa que incluso tuvimos que abrir un sábado porque la uva se estaba pasando.

—Menos cantidad en algunos casos, pero ¿cómo ha llegado la uva en cuanto a calidad?

—La calidad ha sido buena. Hay menos kilos, pero la graduación está bien. En el Airén hemos estado alrededor de 11,80 grados, que es una buena calidad, y además la uva ha llegado sana. El principal problema que ha tenido ha sido el calor.

«Este año está costando más vender»

—Terminada la vendimia comienza otra batalla: la comercialización. ¿Cómo está actualmente el mercado del vino?

—La comercialización realmente empieza antes de terminar la vendimia, porque durante la campaña ya se vende mosto fresco y se hacen contratos de vinos y mostos azufrados. Pero este año está costando. Veníamos de dos o tres años en los que vender había resultado relativamente fácil y a buenos precios. Este año se está notando la bajada del consumo. Se hacen operaciones, pero son más difíciles.

—¿La caída del consumo se aprecia más en España o en los mercados internacionales?

—Se está notando tanto dentro como fuera. Nosotros tenemos que diferenciar entre embotellado y granel. Embotellamos aproximadamente dos millones de litros y el resto se comercializa principalmente a granel. El embotellado se vende sobre todo en España, aunque también trabajamos con Francia, Canadá y otros mercados. El granel sí va a muchos destinos: Francia, Alemania, Italia y también España.

—¿También están cambiando los gustos del consumidor?

—Muchísimo. Ahora se buscan vinos más frescos, suaves y fáciles de beber. Un Airén o un Tempranillo joven, por ejemplo. También están apareciendo productos de baja graduación, de cinco o seis grados. Y actualmente se están demandando más los blancos que los tintos.

—¿Las bodegas tienen que adaptarse cada vez más a lo que pide cada cliente?

—Sí. Prácticamente hacemos vinos a la carta. El cliente te indica las características que quiere y nosotros preparamos el vino prácticamente terminado. En algunos casos solamente tienen que terminar determinados procesos o embotellarlo.

Una cooperativa en plena modernización

—La vendimia termina, pero el trabajo en la bodega continúa.

—Queda muchísimo. Hay que limpiar todas las instalaciones y maquinaria utilizada durante la campaña, seguir tratando los vinos y los mostos, trasegar… Aquí hay trabajo durante todo el año. Lo que ocurre es que durante la vendimia todo se concentra en muy pocos días y hay que trabajar con mucha más intensidad.

—¿Cuándo podremos conocer los nuevos vinos de esta campaña?

—Normalmente los sacamos entre finales de noviembre y diciembre, antes del puente de la Constitución. Este año, al haberse adelantado todo, seguramente también tendremos que adelantar algunos trabajos.

—Cristo de la Vega está realizando importantes inversiones. ¿En qué punto se encuentra ese proceso?

—Hemos construido la nueva nave de prensado, que era prácticamente la última nave antigua que quedaba. Se han retirado las prensas viejas y hemos instalado cinco prensas neumáticas nuevas. También hemos incorporado nueva maquinaria.

Tenemos pendiente otra fase que deberá estar terminada antes del 30 de abril de 2027 y que incluye la reforma interior de las oficinas y del salón. Además, tenemos concedida otra ayuda para actuar sobre la embotelladora y seguir modernizando esa zona de la cooperativa. Las inversiones que realizamos son de cantidades importantes y contamos con las ayudas VINATI, destinadas a apoyar la modernización de las bodegas. En nuestro caso nos han concedido aproximadamente un 48% de la inversión.

«No hay relevo generacional»

—La viticultura continúa siendo fundamental para la economía de Socuéllamos. ¿Existe relevo generacional en el campo?

—No. No hay relevo generacional. Es uno de los grandes problemas que tenemos. La edad media de nuestros socios y agricultores es muy alta. Los hijos muchas veces no quieren hacerse cargo o no pueden hacerlo y se está notando que se deja la agricultura.

—¿Ya se refleja esa situación en la cantidad de uva que recibe la cooperativa?

—Sí. Tenemos unas instalaciones preparadas para recibir 100 millones de kilos de uva y no llegamos. Hace algunos años alcanzamos los 80 millones y actualmente estamos aproximadamente en 68, 69 o 70 millones de kilos.

Hay agricultores mayores que venden sus parcelas, pequeñas explotaciones que se dejan y otras en las que se cambia de cultivo hacia el pistacho o el olivar.

—¿Cuáles son entonces los principales retos de Cristo de la Vega para los próximos años?

—Uno es el relevo generacional. Otro es la comercialización, porque cada vez es más difícil tanto en embotellado como en granel. En esta cooperativa queremos apostar por vender más vino embotellado, intentar captar a gente joven y seguir actualizando la imagen de Cristo de la Vega.

Cinco años al frente de Cristo de la Vega

—En julio cumpliste cinco años como presidenta. ¿Ha cambiado tu manera de afrontar el cargo?

—Muchísimo. Los primeros días lo pasé mal. Yo conocía a los socios por mi trabajo anterior, pero estar dentro es completamente diferente a verlo desde fuera. Los primeros cuatro años he aprendido muchísimo y ahora afronto el cargo de otra manera, con más tranquilidad. He aprendido y ahora también estoy disfrutando más de esta etapa.

—¿Qué es lo más complicado de presidir una cooperativa de estas dimensiones?

—Tomar decisiones. Tú eres la persona a la que ven y tienes que intentar tomar las decisiones con cabeza y sentido común. Sabes que puedes equivocarte, porque todos somos humanos, pero tienes que decidir pensando si aquello será bueno o malo para la cooperativa.

—¿Y qué te produce mayor satisfacción?

—Ver que las obras se van haciendo y, sobre todo, que cuando salimos fuera se conozca a Cristo de la Vega. Hubo unos años en los que parecía que habíamos desaparecido y no se nos veía. Para mí es importante que la cooperativa vuelva a tener presencia.

—Cuando termine tu etapa como presidenta, ¿qué te gustaría que quedara de estos años?

—No quiero que se diga nada de mí, ni bueno ni malo. Me gustaría que se viera que el equipo que estamos en el Consejo Rector hemos trabajado no para perjudicar a la cooperativa ni a los socios, sino para hacerla más visible y engrandecerla.

—¿Habrá una nueva etapa de María José Moreno al frente de la cooperativa?

—No lo sé. Ya veremos cómo estamos entonces.

—¿Con qué mensaje te gustaría terminar?

—Yo soy muy optimista. Siempre digo que la esperanza es lo último que se pierde. No hay que perder nunca la esperanza ni la ilusión por lo que estás haciendo.