El pronunciamiento del Pleno contra los dos proyectos de plantas de biometano deja su tramitación prácticamente abocada al cierre, a falta de que se completen los correspondientes pasos administrativos. Detrás queda cerca de año y medio de movilización ciudadana, informes, alegaciones, manifestaciones y debate político. Una historia en la que la Plataforma Stop Biometano Socuéllamos ha desempeñado un papel protagonista y que demuestra, al margen de siglas, la capacidad de una sociedad organizada para colocar una preocupación colectiva en el centro de las decisiones de su municipio.
Hay noticias que se producen en un día y otras que necesitan muchos meses para poder escribirse. Lo ocurrido este 29 de septiembre en el Pleno del Ayuntamiento de Socuéllamos pertenece claramente a las segundas.
La Corporación ha mostrado su rechazo a los dos proyectos de plantas de gestión de residuos y producción de biometano que permanecían en tramitación, con la abstención de Vox. No significa que los expedientes hayan desaparecido jurídicamente en el mismo instante de levantarse la mano en el salón de plenos. Queda el trámite administrativo que deberá traducir esa decisión en la finalización de los procedimientos. Pero el escenario ha cambiado sustancialmente.

La reciente experiencia de Carrión de Calatrava ayuda a entenderlo. Allí, tras el rechazo formal del Pleno y su comunicación a la Consejería de Desarrollo Sostenible, la propia Junta ha anunciado que dictará la resolución de finalización y procederá al archivo del expediente, al amparo del nuevo marco introducido este verano en la legislación ambiental autonómica.
Por eso, siendo rigurosos, hoy todavía no puede escribirse “expedientes archivados” en Socuéllamos. Pero sí puede decirse que el rechazo aprobado por el Ayuntamiento representa el paso político y administrativo decisivo para que las dos plantas proyectadas no continúen adelante, siempre a expensas de las resoluciones que formalmente correspondan.
Y para comprender cómo se ha llegado hasta aquí hay que retroceder hasta la primavera de 2025.
De un centenar de vecinos a todo un movimiento
El 14 de abril de 2025, alrededor de un centenar de personas se reunieron en el gimnasio del colegio Carmen Arias. El objetivo era constituir una plataforma ciudadana ante los proyectos de plantas de biometano que se estaban conociendo en Socuéllamos. El movimiento se presentó desde sus comienzos como transversal y apartidista.
Pocos días después nació públicamente Stop Biometano Socuéllamos y se difundió un manifiesto de rechazo al modelo de plantas proyectado. En aquel momento ya se hablaba de dos instalaciones y de su proximidad al casco urbano.
Lo que inicialmente podía parecer la inquietud de un grupo de vecinos fue creciendo.
Llegaron reuniones, ruedas de prensa, recogidas de firmas, alegaciones y movilizaciones. En mayo de 2025 la plataforma convocó una manifestación y mantuvo públicamente sus objeciones ambientales, sanitarias, económicas y territoriales a los proyectos. Eran los argumentos del colectivo, sometidos como cualquier proyecto industrial a la correspondiente evaluación administrativa, pero consiguieron introducir el asunto de lleno en la agenda pública de Socuéllamos.
Y la cuestión terminó entrando en el Ayuntamiento.
Mayo de 2025, el primer gran punto de inflexión
El Pleno del 28 de mayo de 2025 fue probablemente el primer momento institucional decisivo.
PSOE y PP presentaron una moción para fijar y delimitar las condiciones de implantación de plantas de biometano en suelo rústico. La iniciativa salió adelante con los votos favorables de ambos grupos y de la entonces concejala María José Beteta, mientras que el resto de ediles de Vox se abstuvieron.
Pero aquello no acabó con los proyectos.
La propia Plataforma Stop Biometano continuó reclamando actuaciones concretas durante los meses siguientes y advirtiendo de que los expedientes permanecían activos. En julio de 2025, por ejemplo, volvió a comparecer públicamente para reclamar avances en los informes y en las modificaciones urbanísticas que se habían planteado.
Es una circunstancia importante para entender lo sucedido ahora: el resultado de este 29 de septiembre de 2026 no procede de una única votación ni de una sola decisión política. Es la última estación, hasta el momento, de un proceso administrativo y social mucho más largo.
Informes, miles de alegaciones y un cambio legislativo
Durante 2026 se produjeron nuevos movimientos.
El Ayuntamiento encargó a una consultora externa un informe socioeconómico y técnico sobre la compatibilidad de estas instalaciones con las características de Socuéllamos. Según informó posteriormente la plataforma, ese estudio concluyó que las macroplantas analizadas resultaban incompatibles con la realidad social, ambiental y económica del municipio y fue remitido a la Junta el 1 de julio.
La movilización de Socuéllamos también adquirió dimensión regional. La plataforma cifró en 9.400 las alegaciones presentadas desde la localidad dentro del proceso relacionado con el Plan Regional de Biometanización, sobre un total de 15.071 que atribuyó al conjunto de Castilla-La Mancha. Son cifras comunicadas por el propio colectivo.
Paralelamente cambió el marco jurídico.
La Ley 5/2026, de 16 de julio, modificó la legislación de evaluación ambiental de Castilla-La Mancha, reforzando la intervención municipal en determinados procedimientos. La aplicación concreta depende de las características y situación administrativa de cada expediente, por lo que no todos los proyectos pueden equipararse automáticamente.
El caso de Carrión de Calatrava, sin embargo, acaba de ofrecer una referencia muy cercana: la Junta ha explicado oficialmente que, después de que el Pleno rechazara allí una planta y el Ayuntamiento lo comunicara formalmente, procederá a finalizar el procedimiento y archivar el expediente.
Y llegó el 29 de septiembre
Casi un año y medio después de aquella primera asamblea del Carmen Arias, los dos proyectos han regresado al Pleno de Socuéllamos.
Esta vez ya no se trataba únicamente de manifestar preocupación, pedir estudios o establecer condiciones. Sobre la mesa estaban los escritos remitidos por la Consejería de Desarrollo Sostenible respecto a los procedimientos de evaluación ambiental de las dos plantas.
Y el Ayuntamiento ha dicho no.
Queda ahora que esa voluntad municipal recorra los últimos metros administrativos y se traduzca en las resoluciones correspondientes. Será entonces cuando pueda hablarse con absoluta propiedad de expedientes finalizados o archivados.
Pero difícilmente puede entenderse este desenlace sin explicar lo ocurrido durante los diecisiete meses anteriores.
Una historia también de participación ciudadana
Sería demasiado sencillo atribuir el resultado exclusivamente a un partido político, a una administración o incluso a una sola organización.
Durante este tiempo han intervenido vecinos, plataforma, grupos municipales, técnicos, Ayuntamiento y Junta de Comunidades, y también se ha modificado la legislación regional.
Pero existe un elemento difícil de discutir a la vista de la cronología: Stop Biometano consiguió que una cuestión prácticamente desconocida para buena parte de la población en los primeros meses de 2025 se convirtiera en uno de los mayores debates públicos de Socuéllamos de los últimos años.
La plataforma investigó expedientes, convocó reuniones, presentó alegaciones, organizó movilizaciones, reclamó informes y mantuvo el asunto vivo cuando todavía quedaba mucho recorrido administrativo. Que todas sus afirmaciones o planteamientos debieran ser compartidos no es la cuestión. Su influencia en el desarrollo del debate público es un hecho observable en la sucesión de acontecimientos.
Y quizá esa sea la lectura que permanecerá más allá del debate sobre el biometano.
Una localidad puede discrepar. Puede discutir sobre el modelo de desarrollo que desea, sobre dónde colocar sus industrias o sobre qué riesgos está dispuesta a asumir. Las instituciones tienen que resolver conforme a la ley y los proyectos empresariales tienen derecho a que sus expedientes sean tramitados con todas las garantías.
Pero los ciudadanos también tienen derecho a informarse, organizarse, alegar, manifestarse y exigir respuestas a quienes toman las decisiones.
Eso es exactamente lo que ha ocurrido en Socuéllamos desde aquella reunión de abril de 2025.
El archivo formal todavía debe llegar. Hasta entonces, la precisión obliga a no escribir la última palabra de esta historia.
Pero después de casi año y medio, dos proyectos, miles de alegaciones, informes, manifestaciones y horas de debate, el Pleno de Socuéllamos ha pronunciado la palabra que la Plataforma Stop Biometano llevaba reclamando desde su nacimiento: no.













