La mixomatosis irrumpió en La Mancha en 2018 y provocó un desplome extraordinario de la liebre ibérica. Socuéllamos estuvo entre los primeros municipios afectados y, ocho años después, cazadores y galgueros perciben una tímida recuperación que todavía debe contemplarse con cautela
Hubo un tiempo, no demasiado lejano, en el que salir al campo de Socuéllamos y levantar una liebre no constituía ninguna sorpresa. Formaba parte del paisaje manchego tanto como las viñas, los caminos, los majanos o las interminables parcelas de cereal.

Después llegó 2018.
En cuestión de meses, algo empezó a cambiar. Aparecieron liebres enfermas, animales desorientados, con los ojos inflamados y lesiones evidentes. Otras simplemente aparecían muertas. Una enfermedad conocida desde hacía décadas por los aficionados al campo por sus devastadores efectos sobre el conejo había conseguido saltar una barrera que hasta entonces parecía contenerla: la mixomatosis estaba atacando de forma masiva a la liebre ibérica.
Y Socuéllamos estuvo desde el principio en el mapa de aquella crisis sanitaria.
Ocho años después, quienes recorren habitualmente los campos socuellaminos empiezan a transmitir una impresión diferente. Se vuelven a ver liebres donde durante años resultaba difícil encontrarlas. No existen, por ahora, datos científicos locales suficientes para hablar de una recuperación consolidada, pero algo parece estar cambiando.
La historia de la liebre en Socuéllamos es la de una especie que recibió uno de los golpes más duros de las últimas décadas y que ahora intenta recuperar el terreno perdido.
El verano de 2018 en el que todo cambió
La mixomatosis no era una enfermedad desconocida. Se trata de una enfermedad vírica, provocada por un poxvirus, históricamente asociada al conejo. Sin embargo, durante el verano de 2018 comenzó en España una epidemia con numerosos casos en liebre ibérica, especialmente en el centro y sur de la Península. El IREC señala que hasta entonces solo se habían detectado casos esporádicos en liebres.
Las primeras mortalidades anormales fueron detectadas durante la segunda semana de julio en la campiña cordobesa. Apenas unos días después comenzaron a encontrarse animales muertos en Castilla-La Mancha y la Administración regional puso en marcha el protocolo contemplado en el Plan de Vigilancia Sanitaria de Fauna Silvestre.
La enfermedad avanzó con enorme rapidez por La Mancha.
Los primeros positivos regionales se localizaron en Mota del Cuervo, pero poco después ya se habían registrado muertes relacionadas con la enfermedad en Pedro Muñoz y Socuéllamos. La propia documentación de aquellos meses situaba, por tanto, a nuestro municipio entre las localidades afectadas durante las primeras semanas de expansión del brote.
Aquello que cazadores y personas vinculadas al campo comenzaron a observar tenía ya un nombre.
Era mixomatosis.
Una enfermedad especialmente cruel
Los síntomas podían resultar fácilmente reconocibles.
Las liebres enfermas presentaban inflamación de los párpados, lesiones o tumores —los denominados mixomas— en ojos, boca, orejas y zonas genitales, adelgazamiento y desorientación. La propia Junta de Castilla-La Mancha continúa indicando actualmente que cualquier aparición de animales con estas características debe ser comunicada a las autoridades competentes.
La enfermedad puede transmitirse directamente entre animales, pero desempeñan un papel especialmente importante mosquitos y pulgas, que actúan como vectores y transportan el virus de unos ejemplares a otros.
Hay, además, una aclaración importante: la mixomatosis no se transmite a las personas. No se trata de una zoonosis y, por tanto, no representa un riesgo para la salud humana.
Pero para las liebres las consecuencias fueron devastadoras.
Socuéllamos, en el epicentro manchego
La localización de Socuéllamos ayuda también a entender la dimensión que alcanzó el problema.
El municipio se encuentra en plena Mancha, rodeado de términos como Pedro Muñoz, Mota del Cuervo, Tomelloso o Campo de Criptana, en un territorio tradicionalmente muy favorable para la liebre ibérica.
Precisamente Mota del Cuervo fue el punto donde Castilla-La Mancha sitúa el comienzo del brote regional de 2018, antes de su progresiva extensión.
Cuando comenzaron a aparecer los animales muertos, la Junta paralizó las autorizaciones para trasladar conejos y liebres silvestres procedentes de las zonas afectadas y comenzó a realizar encuestas epidemiológicas en los cotos donde se había detectado la enfermedad.
La situación llegó a ser suficientemente grave como para que la Administración recomendara no cazar liebres en aquellos cotos donde se hubieran producido grandes mortandades y reducir las capturas previstas en sus planes cinegéticos teniendo en cuenta los animales que ya habían muerto por la enfermedad.
Para un municipio con una importante tradición galguera y de caza como Socuéllamos, el problema trascendía además el ámbito puramente medioambiental.
La liebre forma parte de una cultura rural y cinegética transmitida durante generaciones. Su desaparición de determinadas parcelas suponía también perder una imagen que había acompañado históricamente al campo manchego.
El enorme desplome de la liebre
Determinar exactamente cuántas liebres perdió Socuéllamos resulta imposible con la documentación pública disponible. No existe un censo municipal que permita afirmar qué porcentaje concreto desapareció en nuestro término.
Por eso sería incorrecto asegurar que la especie llegó a estar técnicamente al borde de la extinción en Socuéllamos.
Pero los testimonios de quienes frecuentan el campo sobre la enorme caída experimentada aquellos años encajan con lo ocurrido a una escala mucho mayor.
Los técnicos y organizaciones cinegéticas llegaron a hablar en los meses posteriores al brote de mortalidades superiores al 70 % en determinados cotos de la provincia de Ciudad Real. Socuéllamos no puede atribuirse automáticamente esos porcentajes, pero el dato permite comprender la magnitud de aquella epidemia.
Además, la ciencia ha confirmado posteriormente que aquello no fue una simple impresión de cazadores y agricultores. La irrupción de la mixomatosis provocó un desplome extraordinario de la abundancia de liebre ibérica a escala peninsular.
Y existe otra circunstancia que hace todavía más delicada su situación: la liebre ya mostraba una tendencia descendente antes de que apareciera la enfermedad. La epidemia golpeó, por tanto, a unas poblaciones que ya estaban sometidas a otras presiones.
La paradoja de Socuéllamos: pocas liebres y muchísimos conejos
Recorrer hoy determinadas zonas del término municipal permite encontrarse con una situación aparentemente contradictoria.
Mientras la liebre ha atravesado años de enorme escasez, el conejo se ha multiplicado hasta convertirse en un problema para numerosas explotaciones agrícolas de La Mancha.
La paradoja resulta todavía más llamativa porque el conejo también padece mixomatosis.
No obstante, no son situaciones comparables de manera directa. Liebre y conejo pertenecen al grupo de los lagomorfos, pero son especies diferentes, con comportamientos, reproducción, densidades y respuestas sanitarias distintas. Además, las poblaciones de conejo están condicionadas por numerosos factores y también sufren otras enfermedades, especialmente la enfermedad hemorrágica vírica.
Por tanto, la abundancia actual de conejos no significa que la mixomatosis haya dejado de existir ni que ambas especies debieran haber evolucionado de igual manera.
Lo que sí ofrece el campo manchego actual es una fotografía sorprendente: una especie cuya sobreabundancia provoca daños agrícolas y otra que intenta recuperarse después de un hundimiento poblacional histórico.
Ocho años después, vuelven a verse
Y llegamos a 2026.
Desde el mundo cinegético y galguero de Socuéllamos comienzan a llegar noticias esperanzadoras. Quienes pisan regularmente los caminos y parcelas aseguran que se están observando más liebres que durante los peores años posteriores a la epidemia.
Es una percepción importante, especialmente cuando procede de personas que recorren durante todo el año las mismas zonas y conocen la evolución del terreno.
Pero todavía hay que ser prudentes.
No existe un estudio científico reciente que permita afirmar que la población de liebre de Socuéllamos se ha recuperado ni conocemos cuántos ejemplares existen actualmente frente a los que había antes de 2018.
Por eso quizá la expresión más adecuada sea otra: la liebre comienza a dejarse ver de nuevo.
Y después de lo ocurrido, no es poco.
Una batalla que todavía no ha terminado
La mixomatosis continúa presente. De hecho, la Junta de Castilla-La Mancha mantiene actualmente información específica sobre la enfermedad y pide comunicar la aparición de liebres enfermas o muertas con síntomas compatibles.
La vigilancia sigue siendo fundamental. El IREC recomienda evitar traslados de lagomorfos que puedan favorecer la introducción de nuevas cepas, comunicar cualquier mortalidad anormal y, ante brotes severos, recurrir incluso a vedas voluntarias.
La experiencia de 2018 demostró hasta qué punto puede cambiar el equilibrio del campo en apenas unos meses.
También dejó una lección: cazadores, galgueros, agricultores y personas que pasan muchas horas en el medio rural pueden convertirse en los primeros ojos capaces de detectar que algo está sucediendo. De hecho, el propio IREC ha destacado el valor que tuvo la colaboración del sector cinegético para localizar las mortalidades y proporcionar información y muestras durante los brotes.
En Socuéllamos quedan todavía muchas preguntas por responder. No sabemos cuántas liebres había antes de 2018, cuántas sobrevivieron ni hasta dónde llegará la recuperación que ahora comienza a percibirse.
Pero ocho años después de que la mixomatosis golpeara con fuerza nuestros campos, volver a contemplar una liebre corriendo entre las viñas tiene hoy puede tener un significado muy diferente.











