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Ocho jóvenes de Socuéllamos, vinculados a Falange y encarcelados desde antes del comienzo de la Guerra Civil, salieron la noche del 8 al 9 de agosto de 1936 de la prisión de Alcázar de San Juan. Oficialmente iban a ser trasladados a la Prisión Provincial de Ciudad Real. Nunca llegaron. Fueron asesinados junto a otros presos en las afueras de la capital. Es una de las historias menos conocidas que dejó en Socuéllamos lo peor de una guerra entre hermanos.

Hay viajes de los que queda constancia de la salida y de la llegada.

De este sólo quedó la salida.

La noche del 8 al 9 de agosto de 1936, ocho vecinos de Socuéllamos abandonaron la prisión de Alcázar de San Juan.

Eran jóvenes. Estaban vinculados a Falange y llevaban varias semanas encarcelados, desde antes incluso de que el golpe de Estado del 18 de julio desencadenara la Guerra Civil.

Aquella noche recibieron la noticia de que iban a ser trasladados.

Su destino oficial era la Prisión Provincial de Ciudad Real.

Subieron a un tren.

Nunca llegaron.

Agosto de 1936

España llevaba apenas tres semanas en guerra.

El golpe de Estado iniciado el 17 y 18 de julio había triunfado en una parte del país y fracasado en otra. La consecuencia fue la división territorial de España y el comienzo de una guerra que se prolongaría durante casi tres años.

Socuéllamos permaneció en territorio republicano.

Pero aquellos primeros días estuvieron marcados por algo que iba mucho más allá de los movimientos militares.

El Estado había perdido buena parte de su capacidad para controlar el territorio. Las organizaciones políticas y sindicales, los comités y las milicias adquirieron un enorme protagonismo y, paralelamente, comenzó a extenderse la violencia contra quienes eran considerados enemigos.

También ocurrió en la provincia de Ciudad Real.

Y también afectó a Socuéllamos.

Ocho vecinos en una cárcel

Cuando comenzó la guerra, aquellos ocho socuellaminos ya estaban privados de libertad.

El historiador Fernando del Rey, catedrático de Historia del Pensamiento y de los Movimientos Sociales y Políticos de la Universidad Complutense de Madrid, reconstruye este episodio dentro de su extensa investigación sobre la violencia revolucionaria en la provincia de Ciudad Real.

Los identifica como ocho jóvenes falangistas de Socuéllamos.

Habían sido encarcelados semanas antes del comienzo de la guerra.

No estaban, por tanto, combatiendo en un frente cuando se produjo su muerte.

Eran presos.

Y continuaban encarcelados cuando llegó aquella noche de agosto.

Un traslado a Ciudad Real

Entre el 8 y el 9 de agosto se organizó desde Alcázar de San Juan el traslado de un numeroso grupo de detenidos hasta Ciudad Real.

La documentación estudiada por Del Rey permite reconstruir parte de lo sucedido.

Se preparó una expedición ferroviaria.

Entre quienes debían viajar se encontraban presos comunes y presos políticos procedentes de diferentes localidades.

Entre estos últimos estaban los ocho vecinos de Socuéllamos.

El destino que figuraba para los detenidos era la prisión de la capital.

Probablemente para ellos aquello significaba simplemente cambiar una cárcel por otra.

Pero durante el viaje ocurrió algo diferente.

Nunca llegaron

El tren avanzó hacia Ciudad Real.

Los presos comunes terminaron llegando a la Prisión Provincial.

Los presos políticos no.

Fueron separados.

El supuesto traslado penitenciario terminó convirtiéndose en otra cosa.

Según la reconstrucción histórica, 37 presos políticos fueron conducidos hasta un lugar situado en las afueras de Ciudad Real conocido como La Granja, próximo a la vía ferroviaria.

Entre ellos se encontraban los ocho hombres de Socuéllamos.

Allí fueron asesinados.

Era el 9 de agosto de 1936.

La guerra apenas había comenzado.

La Granja

Durante muchos años aquel lugar conservó la memoria de lo ocurrido.

En 1954, durante la dictadura franquista, se levantó un monumento en recuerdo de los asesinados.

El régimen incorporó aquellas víctimas a su propio relato de la Guerra Civil, como hizo con miles de personas asesinadas en la retaguardia republicana.

Décadas después, el monumento desapareció.

Pero el episodio permaneció en los documentos.

Fernando del Rey lo considera una de las primeras grandes matanzas colectivas de presos políticos registradas en la provincia de Ciudad Real durante aquellas semanas.

Lo ocurrido resulta especialmente significativo por una circunstancia.

Aquellos hombres estaban bajo custodia.

No murieron durante un intercambio de disparos.

No estaban tomando una posición militar.

No cayeron en una batalla.

Eran presos que estaban siendo trasladados.

Los ocho de Socuéllamos

Aquí aparece también uno de los grandes problemas que plantea investigar acontecimientos ocurridos hace noventa años.

Sabemos que eran ocho.

Sabemos que eran vecinos de Socuéllamos.

Sabemos que estaban vinculados a Falange.

Sabemos que llevaban encarcelados desde semanas antes del comienzo de la Guerra Civil.

Sabemos que salieron de Alcázar de San Juan.

Y sabemos que fueron asesinados el 9 de agosto.

Pero todavía no hemos podido establecer con la seguridad documental necesaria la relación nominal de aquellos ocho hombres.

Existen numerosas relaciones de víctimas de Socuéllamos y documentación elaborada después de la guerra. Sin embargo, atribuir un nombre concreto a aquella expedición sin disponer del documento que lo confirme supondría correr un riesgo que una investigación histórica no debe asumir.

Por eso sus nombres no aparecen aquí.

No porque no los tuvieran.

Sino precisamente porque los tuvieron.

Y porque recuperarlos exige hacerlo correctamente.

Un pueblo al otro lado de las vías

Mientras tanto, en Socuéllamos quedaron sus familias.

Padres.

Madres.

Hermanos.

Quizá novias, esposas o hijos en alguno de los casos.

No sabemos todavía cuánto tardaron en conocer lo ocurrido.

Tampoco qué versión recibieron inicialmente sobre aquel traslado.

Son preguntas que sólo podrán responder los documentos o, quizá, las historias que todavía conserven sus descendientes.

Pero existe una certeza.

Los ocho hombres que habían salido de Alcázar para ser conducidos a Ciudad Real no volvieron a Socuéllamos.

Una guerra entre hermanos

La historia de aquellos ocho hombres no puede comprenderse aislada de lo que estaba ocurriendo en España.

La violencia política no comenzó en julio de 1936 ni terminó cuando acabó la guerra.

Durante los tres años siguientes hubo asesinatos en ambas retaguardias.

Y después de la victoria franquista llegaron consejos de guerra, ejecuciones, cárceles y una prolongada represión sobre los vencidos.

Socuéllamos conoció también aquella otra realidad.

Años después, José Estero Navarro, Eloy Sánchez Martínez y Agustín Delgado Sánchez acabarían presos en la Prisión Central de Valdenoceda, en Burgos.

Los tres murieron allí en apenas ocho días de abril de 1941.

Son historias diferentes.

Ocurrieron en momentos diferentes.

Y pertenecen a contextos represivos diferentes.

Pero contempladas desde la distancia de casi un siglo contienen una advertencia común.

La de un país que terminó enfrentándose consigo mismo.

Ocho y tres

En Valdenoceda fueron tres.

José Estero Navarro.

Eloy Sánchez Martínez.

Agustín Delgado Sánchez.

En aquel tren de agosto de 1936 fueron ocho.

Todavía buscamos sus nombres con la certeza documental que merecen.

Unos estaban presos bajo el régimen surgido de la victoria franquista.

Los otros estaban presos en territorio republicano durante las primeras semanas de la guerra.

Ninguno murió en un campo de batalla.

Y todos estaban relacionados con un mismo pueblo.

Socuéllamos.

Quizá por eso estas dos pequeñas historias expliquen mejor una guerra civil que muchas páginas dedicadas a generales, ejércitos y grandes batallas.

Porque las guerras se cuentan con mapas.

Pero se sufren con nombres.

El tren que no llegó

Han pasado noventa años.

Ya no existe aquella España.

Prácticamente tampoco quedan testigos directos capaces de contar lo sucedido.

Pero permanece una pregunta pendiente en Socuéllamos.

¿Quiénes eran aquellos ocho hombres?

Encontrar sus nombres, conocer sus edades, sus profesiones, sus familias y saber cómo habían sido sus vidas antes de convertirse en víctimas es el siguiente paso de esta investigación.

Porque fueron mucho más que ocho presos.

Fueron ocho vecinos.

Ocho historias.

Ocho familias que recibieron una ausencia.

La noche del 8 al 9 de agosto de 1936 salieron de una cárcel pensando que iban hacia otra.

El tren partió.

Ciudad Real estaba al final del trayecto.

Pero ellos nunca llegaron.

Y quizá pocas imágenes expliquen mejor lo peor de una guerra entre hermanos.

Fuentes: Fernando del Rey, Retaguardia roja. Violencia y revolución en la Guerra Civil española (Galaxia Gutenberg); documentación histórica y judicial empleada en dicha investigación sobre la violencia revolucionaria en la provincia de Ciudad Real y los acontecimientos del 9 de agosto de 1936. La identificación nominal de los ocho vecinos de Socuéllamos queda pendiente de contraste documental y por ello no se ofrecen nombres que no hayan podido ser acreditados con suficiente seguridad.