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El periodista convirtió su pregón de Manchavino 2026 en un emotivo homenaje a su madre Pilar, a sus abuelos Josefa y Jesús y a varias generaciones de socuellaminos que construyeron su vida alrededor del viñedo y las bodegas

José Ribagorda no pronunció un pregón al uso. Pronunció una historia familiar. Una historia que comenzó hace más de un siglo en Socuéllamos, que atravesó calles, barrios, viñedos, bodegas, jornales, carros, guerra, emigración y memoria, y que este jueves regresó al lugar de origen convertida en uno de los discursos más emotivos de Manchavino 2026.

El periodista, pregonero de esta edición, aprovechó su intervención para reconstruir ante el público los vínculos de su familia materna con Socuéllamos y para rendir homenaje, muy especialmente, a su abuelo Jesús, al que nunca llegó a conocer.

Yo soy de aquí, yo soy de Socuéllamos”, afirmó Ribagorda, una frase que resume buena parte de un pregón en el que la emoción personal terminó fundiéndose con la historia vitivinícola del municipio.

Una familia profundamente ligada a Socuéllamos

Ribagorda comenzó recordando a su madre, Pilar, y al conjunto de su familia materna, todos ellos vinculados a la localidad.

Sus abuelos, Josefa y Jesús, contrajeron matrimonio en 1917 en la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción de Socuéllamos. Después, distintos miembros de la familia fueron naciendo en diferentes puntos del municipio: las calles Atocha, Manzanares, Mediodía —actual Virgen de las Viñas—, Horno —hoy Fernando de Mena— y Ancha —actual Tirso de Molina— forman parte de esa geografía íntima que el periodista fue recuperando durante su intervención.

Fue precisamente en la calle Ancha, dentro del barrio del Calvario, donde nació hace 88 años su madre Pilar.

Su historia cambiaría muy pronto. Con apenas dos años y después de que su padre fuera fusilado tras la Guerra Civil, Pilar marchó a Valencia junto a su madre y cinco de sus hermanos. Allí transcurrieron su infancia y buena parte de su adolescencia.

Hace aproximadamente un año, Ribagorda volvió con su madre a Socuéllamos para recorrer aquellos lugares y ayudarla a reencontrarse con su propia memoria.

Por eso, estar ahora ante los socuellaminos como pregonero tenía para él un significado que iba mucho más allá de una invitación institucional.

El abuelo Jesús, protagonista de la noche

El periodista quiso dedicar expresamente su pregón a su abuelo Jesús y, a través de él, a todas aquellas personas que contribuyeron con su trabajo al desarrollo agrícola y vitivinícola de Socuéllamos.

Yo este pregón se lo quiero dedicar a mi abuelo Jesús y a tantas personas que, como él, sentaron las bases del excepcional momento que viven los vinos de La Mancha y muy especialmente los que se elaboran aquí, en Socuéllamos”, señaló.

La historia de Jesús fue también la historia de muchos otros hombres y mujeres que llegaron a La Mancha durante las primeras décadas del siglo XX buscando una oportunidad para sacar adelante a sus familias.

En el caso del abuelo de Ribagorda, procedía de Santa María de los Llanos, en Cuenca, y encontró en Socuéllamos su destino. Junto a Josefa vivió los años veinte y treinta, una etapa de importantes transformaciones agrícolas y vitivinícolas.

Ribagorda resumió aquella época alrededor de tres elementos: “viñedos, bodegas y ferrocarril”.

Cuatro pesetas al día, un carro y dos mulas

El pregón adquirió un notable valor documental cuando Ribagorda comenzó a desgranar detalles concretos de la vida cotidiana de su abuelo.

Jesús trabajaba como jornalero y percibía cuatro pesetas diarias, mientras que un kilo de pan costaba aproximadamente media peseta.

Los jornales cambiaban según las necesidades de cada época del año, entre las labores del campo, el viñedo y las bodegas. Como ocurría con otros trabajadores agrícolas, su abuelo disponía también de pequeñas viñas con las que complementaba los ingresos obtenidos trabajando para terceros.

Tenía además un carro tirado por dos mulas, uno de los aproximadamente mil carruajes que, según relató el periodista, recorrían las calles y caminos de Socuéllamos en los años treinta. Pagaba por él 13 pesetas anuales de impuesto de carruajes.

Era, sin embargo, una época en la que comenzaba a aparecer una revolución que terminaría transformándolo todo: la mecanización.

A finales de los años veinte, apenas cuatro tractores circulaban por Socuéllamos. Ribagorda imaginó la mezcla de curiosidad e incertidumbre que aquellas máquinas debieron provocar entre agricultores acostumbrados al esfuerzo animal y humano.

Un Socuéllamos con 270 bodegas

Uno de los datos más llamativos del pregón llegó cuando Ribagorda puso cifras al enorme peso que ya tenía entonces la industria vitivinícola.

En 1931, Socuéllamos contabilizaba 270 bodegas.

La actividad vinculada al vino había adquirido tal importancia que, años antes, había sido necesario cambiar de ubicación la estación ferroviaria porque la anterior, situada en el entorno de la actual Torre del Vino, se había quedado pequeña.

El periodista recordó también la aparición de las primeras sociedades de cosecheros. En julio de 1930 se creó una de ellas en Socuéllamos, cuya sede se encontraba en el espacio que actualmente ocupa la Capilla de María Inmaculada.

Y aunque buena parte del vino producido en aquellas bodegas terminaba abasteciendo a otras regiones vitivinícolas, los vinos socuellaminos ya empezaban entonces a conseguir reconocimientos.

Ribagorda destacó la medalla de plata obtenida por la conocida como Bodega Vieja en la Exposición Internacional de Barcelona de 1929, un ejemplo de que Socuéllamos comenzaba ya entonces a proyectar la calidad de sus elaboraciones fuera de sus fronteras.

Todo ello, recordó, con generaciones de elaboradores y trabajadores que aprendieron prácticamente sin formación académica un oficio que después transmitían de padres a hijos.

“Qué orgulloso te hubieras sentido de tu nieto”

Después de reconstruir aquella parte de la historia de Socuéllamos, Ribagorda volvió a convertir el pregón en una conversación íntima con el abuelo al que jamás conoció.

Querido abuelo, donde quiera que estés, cómo te gustaría haber escuchado estas palabras”, afirmó.

El periodista imaginó también cómo habría vivido Jesús su trayectoria profesional y lo orgulloso que podría haberse sentido de aquel nieto que décadas después regresaba a Socuéllamos convertido en una de las caras más reconocidas del periodismo español.

Ribagorda recordó sus más de 30 años trabajando en informativos de Telecinco y Televisión Española y los más de 5.000 informativos presentados durante su carrera.

Pero quiso destacar algo especialmente relacionado con la noche: agricultura, viticultura, gastronomía, sector primario, tauromaquia, ámbito rural y fiestas tradicionales han ocupado siempre un espacio destacado dentro de sus intereses periodísticos.

Para Ribagorda, informar de estas cuestiones ha sido también una manera de evitar que la tradición y la memoria desaparezcan.

La tradición, nuestro pasado, que tanto conforma nuestra identidad como pueblo, siempre tiene que tener vigencia a la hora de informar”, defendió.

“Del vino no solo he informado”

La segunda gran columna vertebral del pregón fue el vino.

Y aquí Ribagorda habló no ya como periodista, sino como alguien para quien forma parte de su propia vida.

Del vino no solo he informado. El vino forma parte de mi día a día”, explicó.

Lo relacionó con sus conversaciones familiares, celebraciones, viajes y recuerdos. El vino, aseguró, le ha permitido conocer lugares y personas y abrirse a nuevas experiencias.

No entendería mi vida sin el vino”, llegó a afirmar.

Y hubo también un reconocimiento directo al producto local.

Ribagorda aseguró haber probado los vinos de Socuéllamos y afirmó que le habían gustado “muchísimo”.

Pero inmediatamente volvió a enlazar copa y memoria.

Siento al beberlo el sudor de tantas frentes como las de mi abuelo”.

En esa frase volvió a aparecer el sentido profundo del pregón: detrás de cada botella existen generaciones de hombres y mujeres, trabajo agrícola, esfuerzo, familias y una historia que no siempre aparece escrita en las etiquetas.

Una herida familiar de la Guerra Civil

Ribagorda tampoco esquivó la parte más dolorosa de su historia familiar.

Recordó que nunca pudo conocer a su abuelo por las consecuencias de la Guerra Civil y la represión posterior.

Lástima que los odios tras una cruenta Guerra Civil me hayan impedido haberle conocido”, lamentó.

El periodista quiso utilizar el pregón para rescatar a Jesús de ese olvido.

Lo describió como una persona buena que no se escondió porque consideraba que no tenía nada que temer, ya que su vida había consistido fundamentalmente en trabajar y tratar de ofrecer desde la humildad y la honestidad la mejor vida posible a la familia formada junto a Josefa.

Y entonces llegó el final.

No hubo una gran proclama. No hizo falta.

Donde quiera que estés, abuelo, estas sentidas palabras van por ti. Sin haberte conocido, te quiero mucho”.

Recuerdo para dos figuras del vino recientemente fallecidas

Antes de comenzar el recorrido por su propia familia, José Ribagorda quiso introducir otro momento de recuerdo.

En una celebración dedicada al vino, consideró necesario recordar a dos figuras recientemente desaparecidas del sector vitivinícola español.

El primero fue el elaborador riojano Benjamín Romeo, al que Ribagorda destacó por su papel en la proyección del vino de Rioja y por los reconocimientos obtenidos con Contador.

El segundo homenaje fue para Iván Sanz, gerente de Dehesa de los Canónigos, fallecido junto a su mujer Irene y dos de sus hijos en un accidente de tráfico.

El pregonero recordó su calidad humana y terminó dirigiéndose personalmente a ellos: “Siempre vais a vivir en nuestros corazones”.

Mucho más que el inicio de Manchavino

El pregón de José Ribagorda terminó trascendiendo la habitual apertura festiva.

Hubo vino, vendimia y referencias al pasado agrícola de Socuéllamos, pero fundamentalmente hubo memoria.

La memoria de una madre que nació en el pueblo y tuvo que marcharse siendo apenas una niña. La de unos abuelos que llegaron buscando un futuro. La de un jornalero que cobraba cuatro pesetas al día, tenía dos mulas y pequeñas viñas. La de un municipio que llegó a tener 270 bodegas y que encontró alrededor del vino buena parte de su desarrollo económico.

Y la memoria de un nieto que, sin haber conocido jamás a su abuelo, regresó casi un siglo después al mismo pueblo para pronunciar su nombre públicamente.

Por eso, probablemente, una de las imágenes que deja Manchavino 2026 no será únicamente la de José Ribagorda como periodista o pregonero.

Será la del nieto de Jesús y Josefa diciéndole a Socuéllamos que también reconoce aquel lugar como suyo:

“Yo soy de aquí. Yo soy de Socuéllamos”.