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Hay fechas que no necesitan explicación. Basta con pronunciarlas para que vuelvan las imágenes, los abrazos, los nervios, las lágrimas y esa sensación tan difícil de describir de haber vivido algo que ya pertenece para siempre a la historia de nuestro pueblo.

Para el Yugo UD Socuéllamos, el 22 de junio es una de esas fechas.

Hoy se cumplen 12 años del primer ascenso del Socuéllamos a Segunda División B, un logro que cambió para siempre la historia del club y también la del deporte socuellamino. Aquel día, el equipo dejó de soñar en voz baja y demostró que desde un pueblo también se podía tocar el fútbol grande.

No fue solo un ascenso. Fue el orgullo de una afición que había caminado durante años junto a su equipo. Fue el premio a muchas tardes en el Paquito Giménez, a muchos viajes, a muchas esperas y a muchas generaciones que habían defendido esos colores sin imaginar quizá que un día el Socuéllamos estaría compitiendo en Segunda B.

Aquel 22 de junio abrió una puerta que ya nunca se cerró del todo. Cambió la mirada del club, elevó su nombre y enseñó a todo un pueblo que el Socu podía llegar donde antes parecía imposible.

En aquella etapa, como en tantas otras de la historia reciente del club, aparece también el nombre de Jordi López, presidente del Yugo UD Socuéllamos, una figura ligada a algunos de los momentos más importantes de la entidad. Bajo su presidencia, el club vivió años de crecimiento, estabilidad y ambición deportiva, siempre desde la identidad de un equipo humilde, trabajador y profundamente unido a su pueblo.

Pero el 22 de junio guarda también una memoria mucho más cercana. Hoy se cumple un año del ascenso del Yugo UD Socuéllamos a Segunda Federación, conseguido de la mano de Jacinto Trillo como entrenador y Sebastían Espinosa como presidente. Otro día para recordar. Otro día en el que el azul volvió a sentirse más azul que nunca.

Aquel ascenso llegó por el camino largo, como llegan muchas veces las cosas que más se disfrutan. Hubo que sufrir, competir y creer hasta el final. El equipo fue superando obstáculos, primero ante el Atlético Albacete, después frente al Villacañas y, por último, contra el Cayón, en una eliminatoria que quedará grabada para todos los que la vivieron.

Fue una alegría inmensa. De esas que se celebran con el corazón antes que con la voz. De esas que hacen que una afición vuelva a abrazarse, que los jugadores miren a la grada sabiendo que no han estado solos y que un pueblo entero sienta que también ha ganado algo.

Es verdad que el fútbol no siempre permite que la felicidad dure mucho. Esta temporada el equipo volvió a perder la categoría y eso dolió. Dolió porque nadie quiere bajar después de haber subido. Dolió porque el Socuéllamos sabe lo que cuesta llegar. Pero ni un descenso borra un ascenso, ni una mala temporada puede borrar una fecha que ya forma parte de la historia.

Por eso hoy no toca mirar solo la clasificación ni pensar únicamente en lo que no pudo ser. Hoy toca recordar. Toca volver a sentir. Toca hacer memoria de lo que este club ha sido capaz de conseguir.

Porque el Socuéllamos es parte de la vida de mucha gente. Es el padre que llevó a su hijo por primera vez al campo. Es el niño que aprendió a animar desde la grada. Es el socio que no falla aunque haga frío, calor o el partido se complique. Es el jugador que defendió el escudo como si fuera suyo desde siempre. Es el directivo que trabajó en silencio. Es el pueblo que se reconoce en unos colores.

El 22 de junio une dos generaciones de recuerdos. El ascenso a Segunda B de hace 12 años y el regreso a Segunda Federación de hace solo uno. Dos momentos distintos, dos equipos distintos, dos caminos distintos, pero una misma emoción: la de ver al Yugo UD Socuéllamos hacer historia.

Hoy, el club vuelve a construir. Llegan nuevos jugadores, se renuevan piezas importantes y empieza otro proyecto. El fútbol siempre obliga a seguir, aunque la memoria pida detenerse un momento.

Y quizá eso sea lo bonito de este día: que nos recuerda de dónde venimos, lo que hemos vivido y lo que todavía podemos volver a soñar.

Porque el Socu ya lo hizo una vez. Y después volvió a hacerlo.

Y mientras haya gente que lo sienta, que lo acompañe y que crea en él, el Yugo UD Socuéllamos siempre tendrá motivos para volver a intentarlo.