Los Tambores de la Piedad se han convertido con el paso de los años en una de las señas de identidad de la Semana Santa de Socuéllamos. Detrás de esta tradición se encuentra la labor de la asociación cultural del mismo nombre, que reúne cada año a decenas de vecinos de distintas edades unidos por el sonido del tambor y por la devoción a la Virgen de la Piedad. Su responsable, Ramón Montero, recuerda cómo nació esta iniciativa que hoy cuenta con más de medio centenar de integrantes.
La idea surgió de forma sencilla y casi improvisada. Según explica Montero, todo comenzó un año en el que la cofradía de la Piedad se encontró sin banda para acompañar la procesión. Ante aquella situación decidió que aquello no podía volver a ocurrir. De esa reflexión nació la propuesta de crear una asociación cultural dedicada al tambor, germen de los actuales Tambores de la Piedad. Aquella decisión, que empezó como una solución puntual, terminó consolidándose hasta convertirse en un grupo estable dentro de la Semana Santa socuellamina.
A lo largo de los años el grupo ha vivido diferentes etapas, con momentos de mayor o menor participación. En los primeros tiempos los tamboreros utilizaban capuchón, aunque finalmente se decidió prescindir de él por la incomodidad que suponía, especialmente para los más jóvenes. Este cambio, adoptado hace unos años, ha contribuido a aumentar la participación y a reforzar el ambiente de grupo.
Actualmente la asociación cuenta con 52 tamboreros, una cifra que refleja el interés creciente por esta tradición. Entre ellos conviven niños, jóvenes y adultos que comparten los ensayos y la preparación de la Semana Santa.
La actividad comienza cada año en los primeros meses, cuando el grupo inicia los ensayos para preparar las marchas que acompañarán a las procesiones. Habitualmente se realizan dos o tres ensayos semanales a partir de enero, aunque este año las lluvias han obligado a reorganizar el calendario y a intensificar el ritmo en las semanas previas a la Semana Santa.
Los ensayos, según explica Montero, se desarrollan en un ambiente distendido. Muchos de los participantes comienzan sin experiencia previa y aprenden poco a poco con la ayuda de compañeros y colaboradores como Aurelio, responsable de la parte musical, o César, que colabora en la formación de los más jóvenes. El objetivo no es solo aprender a tocar, sino también fomentar la convivencia entre generaciones.
Entre los recuerdos de estos años de preparación queda alguna anécdota curiosa, como un ensayo que continuó incluso mientras empezaba a nevar, una muestra de la implicación del grupo cuando se acercan las fechas señaladas.
Uno de los momentos más esperados del calendario es la tamborada del Viernes de Dolores, que este año se celebrará el 27 de marzo a las diez de la noche. En esta cita participan también los Tambores de Jesús Pobre de Tomelloso, que desde el primer año se sumaron a la iniciativa y mantienen desde entonces una estrecha relación con el grupo socuellamino. Durante la tamborada los tamboreros interpretan diferentes toques que se van siguiendo entre sí, creando una atmósfera característica en las calles.
La jornada coincide además con la llegada de Nuestra Señora de los Dolores, momento en el que los tamboreros acompañan brevemente el paso antes de que continúe su recorrido con la banda correspondiente.
Para quienes forman parte de los Tambores de la Piedad, el sonido del tambor tiene un significado especial. Montero reconoce que es difícil describir lo que se siente cuando comienza a sonar en la calle, pero asegura que es una mezcla de emoción, satisfacción por el trabajo realizado y recuerdo de personas que han sido importantes para el grupo, como Miguel Lucas, cuya memoria estuvo presente en los primeros años de la tamborada.
Muchos de los tamboreros son además hermanos de la cofradía de la Virgen de la Piedad, por lo que la implicación es doble: musical y devocional. Durante las procesiones, explica Montero, se vive un momento especial al acompañar a la imagen mientras suenan los tambores.
Mirando al futuro, el grupo ya tiene una fecha marcada en el calendario: 2028, cuando los Tambores de la Piedad celebrarán su 25 aniversario. La intención es organizar una celebración especial que reconozca el recorrido de la asociación y el esfuerzo de todas las personas que han formado parte de ella.
Para Ramón Montero, el verdadero valor de los Tambores de la Piedad no está solo en la música, sino en la convivencia que se genera entre sus integrantes. En más de dos décadas de trayectoria, asegura, el grupo ha mantenido un ambiente de respeto y compañerismo.
Por eso, cuando se le pide definir lo que significan para él los Tambores de la Piedad, lo resume en una sola palabra: “triunfo”. Un triunfo, explica, porque ha conseguido unir en torno al tambor a personas de 70 años y a niños de apenas 10, demostrando que la tradición puede ser también un espacio de encuentro entre generaciones.
Además, Montero anima a todos los vecinos que tengan un tambor en casa a sumarse a la tamborada del Viernes de Dolores. La invitación es abierta: participar, compartir el sonido del tambor y terminar la jornada en un ambiente de convivencia que, año tras año, sigue fortaleciendo esta tradición en Socuéllamos.




























