Con motivo del Día Internacional de la Mujer, Cruz Roja ha puesto en marcha una campaña de sensibilización centrada en la carga mental que asumen muchas mujeres debido al reparto desigual de responsabilidades en los cuidados y la organización de la vida cotidiana.
Bajo el lema “Que lo hagamos, no significa que debamos” y con la idea de que “cuando la carga se reparte, la vida se aligera”, la organización pretende visibilizar cómo esta responsabilidad organizativa —emocional, práctica y doméstica— recae de forma mayoritaria en las mujeres desde edades tempranas, como consecuencia de los roles sociales y educativos.
Según explica Cruz Roja, la carga mental no se limita únicamente a realizar tareas, sino que implica pensar, planificar, anticipar y responsabilizarse de que todo funcione dentro del entorno familiar y social. Esta situación, advierten, se reproduce desde la infancia mediante comportamientos y responsabilidades que se asignan de forma desigual a niños y niñas.
A continuación se reproduce íntegramente el manifiesto remitido por Cruz Roja con motivo del 8 de marzo:
Mayor responsabilidad en los cuidados
Según datos recogidos por Cruz Roja entre las personas usuarias de la Organización en 2025, las mujeres continúan asumiendo la mayor parte de los cuidados, dedicando 3 veces más tiempo que los hombres, lo que genera una carga mental significativa superior a la de los hombres. Esta desigualdad no solo se refleja en el tiempo dedicado al cuidado, sino también en el impacto que estas responsabilidades tienen en su bienestar emocional y en su desarrollo personal.
Además, ellas siguen asumiendo mayoritariamente los cuidados profesionales, lo que las concentra en empleos caracterizados por una alta temporalidad y parcialidad, limitando así sus oportunidades de desarrollo profesional y su participación en el mercado laboral.
De las más de 26.400 personas usuarias de Cruz Roja que declararon dedicar tiempo al cuidado de familiares, el 83% son mujeres, lo que confirma además que el peso del cuidado se concentra especialmente en mujeres en contextos de dificultad.
La carga mental se manifiesta no solo en la cantidad de tareas que realizan las mujeres, sino también en cómo estas responsabilidades afectan a su bienestar emocional. Así, el 19% de las mujeres cuidadoras consultadas declaran sentirse sobrecargadas por las tareas de cuidados.
La sobrecarga mental se vincula directamente con las desigualdades en el reparto de cuidados, situación que genera agotamiento, dificultades para conciliar y una afectación en la salud mental. Según el último informe Bienestar Emocional y Vulnerabilidad de la Fundación Cruz Roja Española (2025), tres de cada diez personas en España presentan bajos niveles de bienestar emocional, fenómeno que se agrava cuando coinciden factores como precariedad, aislamiento o responsabilidades familiares elevadas.
La desigualdad en el reparto de los cuidados entre hombres y mujeres tiene también un impacto directo en el desarrollo personal o profesional de las mujeres, y se convierte en la razón principal por la que éstas dejan de participar en el mercado laboral.
Así, una de cada cuatro mujeres usuarias de Cruz Roja (25%) afirma que las responsabilidades familiares suponen una barrera en su desarrollo personal o profesional, cifra que cae por debajo del 10% en el caso de los hombres. Además, entre las personas que afirman no poder plantearse acceder a un empleo debido a las responsabilidades de cuidados, el 94% son mujeres. Este dato es especialmente revelador, ya que los cuidados no solo generan carga mental, sino que alejan a las mujeres del mercado laboral, incrementando el riesgo de pobreza.
A esta brecha se suma una dimensión frecuentemente invisibilizada: la carga mental que soportan las mujeres mayores de 65 años, un grupo que sigue asumiendo cuidados pese a encontrarse en una etapa vital en la que deberían poder recibirlos. Muchas de ellas continúan realizando tareas domésticas, organizando la vida familiar, atendiendo a parejas con problemas de salud, a hijos e hijas adultos en situaciones de dependencia, o incluso a nietos y nietas. Esta “doble o triple carga” se acumula sobre años de cuidados no reconocidos y no remunerados, generando un impacto profundo en su salud física y emocional. Esta situación perpetúa desigualdades de género durante todo el ciclo vital, que en la vejez, se transforman en un riesgo añadido de aislamiento, deterioro de la salud y vulnerabilidad.












