A finales de febrero solemos notar cómo las tardes se alargan y el frío invernal empieza a dar paso a una primavera más templada. Sin embargo, no fue así en 1956.
Aquel año, el invierno se resistió a marcharse y durante casí 20 días de febrero una masa de aire polar extremo invadió la península ibérica, dejando temperaturas históricamente bajas. Los termómetros marcaron cifras que hoy resultan difíciles de imaginar:
Barcelona: –10 °C
Madrid: –9,1 °C
Valencia: –7,2 °C
Teruel: –15 °C
Sevilla: –5,5 °C
Alicante: –4,9 °C
Albacete: –13,2 °C
Con respecto a nuestro pueblo, Socuéllamos, no se tienen referencias con datos, al no haber estación meteorologica, pero teniendo en cuenta que Ciudad Real tuvo de media esos días -9,4ºC y Albacete -13,2ºC, nos podemos imaginar el frio que asoló nuestro pueblo. Solo los mayores del lugar, lo podrán recordar.
Terminó febrero pero a pesar de que la ola de frío ya se había terminado se siguieron registrando heladas fuertes que provocaron que en algunos puntos la nieve se conservara hasta comienzos del mes de mayo.
Las consecuencias de la mayor ola de frío en España
La prensa del año 1956, poco habituada a hablar de meteorología de forma extensa, se hizo eco de esta gran ola de frío con multitud de titulares sobre el alcance y la persistencia del frío gélido y las graves consecuencias que habían causado en la agricultura.
Murieron muchos olivos, se helaron los algarrobos y miles de hectáreas de naranjos quedaron congelados por el frío.
Aquella ola de frío fue una de las más intensas del siglo XX en España, con pueblos enteros cubiertos de nieve y ríos completamente helados. Cualquier parecido con el “invierno” de 2026, pura coincidencia.
En el resto de Europa también vivieron un frío excepcional en febrero de 1956, cuando se contabilizaron 1.000 víctimas mortales como consecuencia del frío.
Fuente: AEMET y Socuéllamos Al Día












