Imagen: Joaquín López Barrios con sus hijos y empleados. Año 1922 / Socuéllamos: Fotografías de cien años

La fábrica de harinas “La Encarnación”, una de las instalaciones industriales más significativas de Socuéllamos, sufrió dos incendios de gran relevancia a lo largo del siglo XX que acabaron condicionando de forma definitiva su trayectoria y su desaparición del paisaje urbano.

La fábrica fue construida en el año 1921, siendo su propietario Joaquín López, en un momento de expansión de la industria harinera local ligada a la producción cerealista de la comarca. Desde su puesta en funcionamiento, “La Encarnación” se integró en el entramado económico de Socuéllamos como una infraestructura clave para la transformación del grano., además vinculada directamente con la cercanía del tren.

En junio de 1933, la fábrica de harinas “La Encarnación” ardió por primera vez, en un incendio que se enmarca en un año especialmente complejo para la localidad, marcado por diversos sucesos de gravedad.
En el momento del siniestro, la propiedad correspondía a Manuel Navarro, extremo que queda acreditado en las fuentes disponibles.

El fuego provocó importantes daños en las instalaciones, afectando a la estructura y a la maquinaria industrial. Aunque las crónicas no detallan víctimas personales, el suceso supuso un duro golpe económico y evidenció la vulnerabilidad de este tipo de industrias, construidas en gran parte con materiales inflamables y con escasos medios de protección frente a incendios.

Tras este primer incendio, la fábrica continuó formando parte del patrimonio industrial de Socuéllamos, si bien con cambios posteriores en su titularidad

Con posterioridad al incendio de 1933, la fábrica pasó a ser propiedad de Doña Honesta Manzaneque, iniciándose una nueva etapa en la historia del inmueble, ya alejada del protagonismo industrial que había tenido en las décadas anteriores.

El 13 de junio de 1981, casi medio siglo después del primer siniestro, la antigua fábrica de harinas “La Encarnación” volvió a arder. En esta ocasión, el incendio fue definitivo, quedando el edificio completamente derruido y sin posibilidad de recuperación, construyéndose una nueva fábrica hasta su cierre en 1999.

La historia de “La Encarnación”, marcada por los incendios de 1933 y 1981, permite comprender mejor la evolución de la industria local, los riesgos inherentes a las instalaciones fabriles del siglo XX y la progresiva desaparición de un modelo económico basado en la transformación cerealista.

La recuperación de estos episodios contribuye a documentar el patrimonio industrial perdido de Socuéllamos, integrando estos sucesos no solo como hechos aislados, sino como parte de un proceso histórico más amplio que afectó a la economía y al urbanismo del municipio durante varias generaciones.

Fuente hemerográfica: La Nación, 4 de julio de 1933.