Pocas semanas después del crimen que conmocionó a la comarca en la primavera de 1933, Socuéllamos, que ya hablamos la semana pasada, volvió a aparecer vinculada en la prensa nacional a un nuevo suceso de extrema gravedad. En esta ocasión, los hechos estuvieron relacionados con la muerte de un recién nacido, un episodio que, por su cercanía temporal con el anterior, acentuó la sensación de alarma social y contribuyó a fijar en la opinión pública una imagen de profunda conmoción en el ámbito comarcal.

El caso salió a la luz a finales de mayo de 1933 y fue recogido por varios diarios de ámbito nacional, entre ellos Luz, Altavoz y El Liberal, que situaron el suceso en el término municipal de Socuéllamos, dentro del partido judicial de Alcázar de San Juan.

El descubrimiento del crimen

Según relataron las crónicas de la época, los hechos se conocieron tras varios días de rumores persistentes entre los vecinos. La protagonista era Adoración F.J., una joven soltera que trabajaba como sirvienta en una finca situada a varios kilómetros de la población. De acuerdo con las informaciones publicadas, la mujer había mantenido relaciones con otro empleado de la finca, de las que nació un hijo cuyo alumbramiento trató de ocultar.

Para evitar que el nacimiento fuera descubierto, la joven recurrió a la ayuda de su madre, Alfonsa J. Ambas declararon posteriormente que fue la madre quien le aconsejó enterrar al recién nacido. El niño fue envuelto en cal y sepultado en una de las habitaciones de la vivienda, cuando aún se encontraba con vida, según certificaron después las autoridades.

Las sospechas del vecindario motivaron la intervención de las fuerzas del orden. El inspector municipal de Policía, Antonio Lozano Laguna, inició las primeras pesquisas y estableció un dispositivo de vigilancia en torno a la finca donde trabajaba la joven. La investigación culminó cuando Adoración fue sorprendida mientras desenterraba el cuerpo del niño, incapaz —según recogieron los diarios— de soportar el peso de lo ocurrido.

Los médicos que examinaron el cadáver certificaron que la criatura llevaba varios días enterrada. El cuerpo fue trasladado al Depósito judicial, donde se practicó la correspondiente autopsia. Tanto la joven como su madre fueron detenidas y conducidas a la cárcel de Alcázar de San Juan, quedando a disposición de la autoridad judicial.

Un crimen interpretado por su contexto social

Algunos diarios, como Altavoz, interpretaron el suceso como “un caso criminal por irresponsabilidad del ambiente”, una expresión que refleja la visión dominante en buena parte de la prensa de la época. Este enfoque vinculaba este tipo de crímenes a la pobreza, la marginación social y la falta de protección de las mujeres solteras en la España de la Segunda República.

Por su parte, El Liberal subrayó el fuerte impacto del caso en la población y relató que, tras conocerse los hechos, se produjo un intento de linchamiento popular que obligó a una rápida actuación policial para evitar desórdenes mayores.

Este segundo infanticidio, ocurrido poco después del asesinato de una niña de cinco años en el mismo año, refuerza la imagen de 1933 como un periodo especialmente sombrío en la historia reciente de Socuéllamos. Ambos sucesos, hoy olvidados, fueron en su momento ampliamente difundidos por la prensa nacional y se convirtieron en reflejo de una sociedad marcada por la miseria, el miedo al escándalo y la dureza de las condiciones de vida.

La recuperación de estos episodios no persigue el morbo, sino la comprensión histórica de una realidad social compleja, que ayuda a explicar por qué tragedias de esta naturaleza pudieron repetirse en un corto espacio de tiempo, dejando una huella silenciosa pero profunda en la memoria colectiva del municipio.

Fuentes hemerográficas (1933)
Luz. Diario de la República, 31 de mayo de 1933
Altavoz, mayo de 1933
El Liberal, mayo de 1933