La Santa Sede ha autorizado la beatificación de nueve seminaristas españoles y dos familiares asesinados durante la Guerra Civil Española, entre los cuales figura Castor Zarco García, natural de Socuéllamos (Ciudad Real), según ha publicado Europa Press y ha sido confirmado por las fuentes eclesiásticas que siguen el proceso.
Castor Zarco García nació el 20 de febrero de 1913 en una familia de jornaleros de Socuéllamos. Desde niño mostró una clara vocación religiosa, influido por la formación que recibió en su entorno familiar y parroquial. Tras completar sus estudios iniciales, ingresó en el Seminario Conciliar de Madrid, donde desarrolló diez años de formación que culminaron con la recepción del subdiaconado el 6 de junio de 1936, en el inicio de un periodo de fuerte tensión social y religiosa en España
Con el estallido de la Guerra Civil, Zarco fue movilizado y asignado a la Brigada móvil de choque “El Campesino”. Posteriormente, se encontraba hospitalizado en Alcalá de Henares cuando fue reconocido y delatado como seminarista por algunas personas que lo identificaron por su condición religiosa. Fue asesinado en septiembre de 1937, en circunstancias que la documentación histórica califica como martirio por su fe y su compromiso con su vocación.
Desde el inicio de su proceso de beatificación, la Archidiócesis de Madrid ha acompañado la causa, recopilando documentos, testimonios y la consistente valoración diocesana que ha permitido elevar la causa a la Congregación para las Causas de los Santos en Roma. Zarco forma parte de un grupo de seminaristas y dos familiares próximos que compartieron destino similar, vinculados por su formación religiosa y su martirio en aquel periodo.
La figura de Castor Zarco ha sido objeto de atención tanto en el ámbito eclesiástico como en el entorno de Socuéllamos, donde su recuerdo se conserva en la memoria local y familiar. Su beatificación no solo reconocería su testimonio personal de fe, sino que también situaría este capítulo histórico entre los hechos de significado religioso y social que marcaron a generaciones de jóvenes que eligieron la formación eclesial en una época de violencia y polarización
La aprobación de su beatificación por parte del Papa abre ahora una etapa decisiva en el reconocimiento de estos mártires como modelos de vida cristiana, y se espera que en los próximos meses se fije la fecha y el lugar de la ceremonia oficial, que podría celebrarse en presencia de representantes de la Iglesia, de sus familiares y de la comunidad de Socuéllamos.












